Adolfo Castilla sobre abundancia y divergencia

Abundancia y Divergencia

Abundancia y divergencia parecen ser dos resultados inevitables de la Era Digital en la que estamos. Internet y la digitalización del mundo están produciendo, de momento, desempleo y  desigualdad, especialmente en los países desarrollados. El Gran Desacoplamiento, al que se refieren los autores Brynjolfsson y Mcafee utilizados en los últimos posts, tiene que ver con ello. La participación del trabajo en el PIB baja mientras la del capital sube, lo cual a su vez crea desigualdad y divergencia en nuestras sociedades. A esa grave cuestión se dedica el presente post.

Problemas creados por Internet

La nueva Era Digital,  o Edad Digital como prefieren llamarla algunos,  se nos presenta a estas alturas de su difusión en la sociedad mundial, como algo revolucionario que cambiará totalmente la vida de las personas.

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Imagen tomada de: http://iinblog.com/2016/04/07/que-es-realmente-la-abundancia/

Lo digital corta a través de los diversos componentes de nuestras sociedades y lo invade todo, de un lado a otro y de arriba a abajo. Lo digital es penetrante e invasivo y no dejará nada fuera de su alcance. La transformación digital considerada hoy como algo a realizar con urgencia en nuestras empresas, será necesaria en éstas, en la economía y en la sociedad en su conjunto.

Internet y el mundo digital que estamos creando parece estar lleno de posibilidades pero no está exento de problemas. A veces, sobre todo cuando se comprueba la locura que es la Red de Redes y el terreno inmanejable y fangoso en el que convierten nuestros e-mails y nuestras cuentas en las redes sociales, se platea uno preguntas como la siguiente: ¿terminará la Torre de Babel que estamos haciendo de Internet como la primera Gran Torre de la leyenda?

Impactos positivos y negativos de la tecnología

Yo no creo en tal cosa aunque a diario encontramos personas que han abandonado Twitter, Facebook, Linkedin y otras redes sociales, e incluso, el correo electrónico básico. Los móviles mismos, los pc y lo i-pad son hoy rechazados por gentes diversas de las capas más cualificadas de nuestra sociedad.

La tecnología digital es, como otras tecnologías de la historia, inevitable y necesaria. Es la nueva revolución tecnológica que nos toca vivir y salvo desear quedarnos al margen de la marcha del mundo no tendremos más remedio que aceptarla y “seguir remando”. Todas las tecnologías creadas por el hombre y transformadas en innovaciones al echar raíces en nuestro mundo y ser la base de la producción de bienes y servicios y componentes importantes de actividad, crecimiento y desarrollo, han tenido comienzos difíciles y, desde luego, han producido impactos negativos en el hombre y en sus sociedades.

Las ventajas de su utilización deben ser superiores  a los inconvenientes y en ese sentido uno tiene la sensación de que la tecnología digital es mucho más “soft” que las tecnologías relacionadas con el acero, el petróleo, el hormigón y el asfalto, entre otras, sustento de nuestro mundo en los últimos siglos. No hay nada tan “hard” en ese sentido como el automóvil ni nada tan “soft” como la información y el conocimiento.

Admitidas las ventajas de lo digital la cuestión entonces es, si una parte importante de la humanidad podrá vivir del intercambio de bienes de información, conocimiento, educación, sabiduría, cultura, entretenimiento y otros productos y servicios relacionados con la información, reinado incuestionable de lo digital.

“Bounty” y “Spread”

Erik Brynjolfsson y Andrew Mcafee, en su libro, The Second Machine Age.  Work, Progress, and Prosperity in a Time of Brilliant Technologies, comentando en este blog, creen que sí, y piensan de hecho que la Era Digital traerá abundancia y riqueza para el mundo, similarmente a lo ocurrido con las grandes tecnologías anteriores.

Reconocen por otra parte la existencia de impactos negativos producto de la difusión de lo digital en nuestras sociedades, pero consideran que serán impactos sobre la economía misma, las empresas y, especialmente sobre el trabajo y el empleo. No  serán del tipo de los producidos por las tecnologías industriales, es decir, deterioro del medio ambiente, agotamiento de los recursos naturales, cambio climático y otros, muy difíciles de resolver como muy bien sabemos.

Los problemas creados por la revolución digital serán más fáciles de arreglar, pues las soluciones estarán relacionadas con nuevas maneras de organizar nuestras sociedades.

Utilizan al describir los impactos más importantes de la digitalización los términos en inglés  “bounty” y “spread”, los cuales pueden ser traducidos respectivamente por, abundancia y divergencia. El primero de ellos significa en primer lugar “generosidad” y es utilizado por los autores mencionados en el sentido de que la nueva economía digital será generosa y pródiga en resultados. Será, como también dicen, una economía brillante con mucho margen para la creatividad, la innovación y el progreso.

Admiten en su libro, no obstante y como sabemos, que Internet y la digitalización están trayendo desigualdad, término evitado por los autores y sustituido por el de divergencia. Mucha de la riqueza y abundancia traída por la nueva tecnología se quedará en las manos de especialistas y personas muy cualificadas en dicha tecnología. No existiendo grandes movimientos distributivos de la nueva riqueza.

Internet creará, lo está creando ya, alto desempleo, y el trabajo y el empleo son, como sabemos y hemos dicho varias veces en este blog, los mecanismos más importantes de distribución de los ingresos existentes en nuestras sociedades.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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