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Antecedentes de la Revolución Científica: La nueva racionalidad humana.

Se continúa en este post la revisión de los orígenes de la Revolución Científica iniciada en el anterior. Se sigue mencionando la labor de los autores que más contribuyeron a las nuevas concepciones del mundo surgidas en la Europa del Siglo XVI, pero se intenta sobre todo la identificación de los componentes de la nueva cosmovisión y de la nueva racionalidad surgida de ella. Se concluye que dicha nueva racionalidad humana es producto de la convergencia de componentes diversos, entre los que cabe mencionar el racionalismo y el emperismo.

(Continuación)

Johannes Kepler trabajó con Brahe en Praga y parece ser que fue el principal heredero de todas sus datos y medidas sobre la situación de los planetas. La historia nos dice que dichas medidas le sirvieron para formular las bien conocidas leyes de Kepler. Dichas leyes son:

• Primera ley: todos los planetas se desplazan alrededor del Sol siguiendo órbitas elípticas. El Sol está en uno de los focos de la elipse.
• Segunda ley: el radio vector que une un planeta y el Sol barre áreas iguales en tiempos iguales.
La ley de las áreas es equivalente a la constancia del momento angular, es decir, cuando el planeta está más alejado del Sol (afelio) su velocidad es menor que cuando está más cercano al Sol (perihelio). En el afelio y en el perihelio, el momento angular L es el producto de la masa del planeta, su velocidad y su distancia al centro del Sol.
• Tercera ley: para cualquier planeta, el cuadrado de su período orbital es directamente proporcional al cubo de la longitud del semieje mayor de su órbita elíptica.

Lo más importante de la obra de Kepler, por otra parte, es que formuló sus leyes de forma matemática. Algo que también resultará básico para la nueva ciencia que se gestó en los años a los que nos referimos. Las leyes de la gravedad tal como fuero expuestas por Newton años después, se apoyaron en dichas formulaciones.

Galileo, del que ya hemos hablando ampliamente en este blog, es el más importante de estos pioneros de la Revolución Científica. Sus avances fueron grandiosos porque inventó el telescopio y lo utilizó ampliamente en sus investigaciones y comprobaciones. Un aspecto, este de los aparatos empleados en la ciencia, que va a constituir una parte importante de la “nueva ciencia”.

Francis Bacon, por último, no fue exactamente ni un investigador ni un científico, aunque si un hombre muy ilustrado y estimado como filósofo, político, abogado y escritor. Su contribución a la Revolución Científica hay que buscarla en el hecho de que fue considerado padre del empirismo e impulsor del método científico. En lo primero, como bien sabemos, hay que considerarlo heredero de los nominalistas y empiristas ingleses medievales como Roger Bacon (1214 – 1294), Juan Duns Escoto (1266 – 1308), Guillermo de Occam (1280/1288 – 1349) y otros. En lo segundo hay que ponerlo al lado de otros “padres” del método científico como los citados, particularmente Galileo, y, por supuesto, René Descartes (1596 – 1650) y otros autores posteriores.

En cualquier caso su obra “Novum Organum” fue fundamental para la aceptación en la ciencia de la necesidad de una observación y experimentación precisas. Mantenía en tal obra que el hombre debe abandonar los ídolos de todo tipo, tanto los debidos a modos comunes de pensamiento, como los basados en los prejuicios o costumbres individuales, y los relacionados con el lenguaje y con la tradición.

Las conclusiones que cabe obtener de estos autores y de sus obras en relación con la Revolución Científica son las siguientes:

 Todos ellos fueron hombres del Renacimiento, es decir, hombres con una nueva mentalidad y una nueva interpretación del mundo, de las ideas, de los conocimientos y del pensamiento en general. Hombres que participaron de, y contribuyeron a, la aparición de una nueva “cosmovisión”. Una parte importante de la cual era la interpretación del mundo como un órgano, como una máquina o como un reloj. Dios fue considerado como el Gran Relojero que había formulado las leyes y que quería que el hombre las descubriera.

 Todos eran filósofos a la vez que físicos, matemáticos, con frecuencia políticos y con conocimientos muy diversos. La filosofía, no lo olvidemos, englobaba antes de la época a la que nos hemos referido todo tipo de conocimientos, salvo las matemáticas y la medicina que fueron las dos primeras ciencias que se independizaron de ella, tal como hemos explicado en posts anteriores. En los años mencionados comenzó la separación de la filosofía de muchos conocimientos tales como la física, la química, la biología y otros.

 Todos sentían curiosidad por el mundo físico en el que habitamos, empezando por el universo en el que nuestro mundo está ubicado. El interés por la Astronomía era común a todos ellos.

 Eran también matemáticos y consideraban que los conocimientos debían expresarse en los términos de esta disciplina. La ciencia de los siglos venideros va a ser en gran manera producto del fuerte desarrollo de las matemáticas de los siglos XVI y XVII.

 Todos descubrieron, unos más y otros menos, la importancia de la observación, la medida y la comprobación, así como la necesidad de demostración de las concepciones y teorías.

 Todos eran racionalistas de origen pero convertidos al empirismo por evolución ideológica y por pura necesidad. No lo formularon todavía con tanta claridad, pero comenzaron a entender que las concepciones en interpretaciones de la mente (deducción) debían combinarse con las experiencias reales conseguidas con los sentidos (inducción).

 Algunos se lanzaron a la construcción de aparatos de medida y de observación y entraron así en el mundo de la tecnología que tanto se desarrollaría en los siguientes siglos.

 En resumen, una nueva racionalidad y un cambio radical en la humanidad basado en: un nuevo hombre libre, creativo y con capacidad de entender su mundo por sus propios medios; el principio de una nueva cosmovisión basada en un universo no centrado ni en la Tierra ni en el hombre; un interés renovado por la naturaleza y sus leyes; una inclinación hacia el empirismo y hacia la necesidad de observar, medir y demostrar; un interés de los pensadores por los instrumentos, las máquinas y los aparatos, es decir, por la tecnología; un uso generalizado de las matemáticas; una separación creciente de las distintas ciencias del seno común de la filosofía, las cuales llegarán a desarrollarse con total independencia unas de otras; y, finalmente, un nuevo método para adquirir conocimientos: el método científico.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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