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Crecimiento o austeridad: ¿un falso dilema?

Una conferencia de Jurgen Donges en la Fundación Rafael del Pino con el título, “Crecimiento o austeridad: un falso dilema”, nos permite continuar debatiendo, o argumentando, sobre la austeridad. Este término, que tan popular se ha hecho, se aplica principalmente a la austeridad en gastos de los gobiernos requerida para eliminar los desequilibrios en los que los países incurren después de una crisis financiera. Lo normal en esas crisis es que el crecimiento disminuya, los déficits públicos aumenten, la balanza de pagos se deteriore y la deuda pública crezca. Además, claro está, de que el desempleo se dispare. La crisis surgida en 2007 en la que todavía estamos, es una de las más largas desde la Gran Depresión de 1929, la cual duró diez años y afectó a un número elevado de países. La recuperación de esta crisis está costando mucho y afectando de forma especial a los países desarrollados. Después de más de siete años todavía se habla en Europa de la posibilidad de una tercera recesión y de un estancamiento largo de la economía. Es lo que se está conociendo internacionalmente como “estancamiento secular”, y a lo que nos hemos referido en posts anteriores. En el presente, y ante la poca importancia que Donges da a la austeridad, refiriéndose exclusivamente a la austeridad pública, sugerimos que la austeridad grave en países como el nuestro, es la que han adoptado como norma las grandes empresas y la que sufren, las pequeñas, los autónomos, las familias y, muy especialmente, los desempleados.

Crecimiento o austeridad: ¿un falso dilema?
El tema de la austeridad sigue de actualidad en determinados foros y ambientes. No hay que extrañarse de ello pues la austeridad impide, al menos en parte y de momento, la consecución de un crecimiento importante en los países europeos.

El pasado día 25 de noviembre sin ir más lejos, asistí en la Fundación Rafael del Pino a una conferencia de Junger Donges con el mismo título de este post, salvo por lo que se refiere a los signos de interrogación. El título de Donges era afirmativo en cuanto a que el enfrentamiento entre crecimiento y austeridad era un falso dilema. Yo no lo creo así y pienso que Donges trató con ligereza el tema de la austeridad y así lo indiqué, por cierto, en el coloquio posterior a la presentación, en el que intervine.

Antes de nada, y puesto que voy a hacer algunas ligeras críticas a su intervención, quiero declarar mi respeto por Junger Donges, un economista destacado, asesor de sucesivos gobiernos alemanes, que ha ocupado y ocupa puestos importantes en Alemania y que se mantiene muy al día de la actualidad económica europea y mundial.

Es un alemán nacido en Sevilla que no sé cómo hablará su idioma, pero que el español parece ser su lengua materna y da además la impresión de ser el idioma que habla en familia. Lo que no es óbice para que sea, no sólo alemán, sino un germanófilo de primera magnitud. Se le nota enseguida que comienza a hablar el orgullo que siente por su país, del que siempre habla excelencias, salteadas, lógicamente, de comentarios como, ¡no crean, nosotros también tenemos corrupción!, sobre los que añade con rapidez que ellos sin embargo tienen un buen sistema judicial que pone a los corruptos en la cárcel de forma inmediata.

La verdad es que es un gran economista y que muchos seguimos todas sus frecuentes intervenciones en España. En la Fundación Rafael del Pino en concreto suele pronunciar conferencias cada seis meses aproximadamente. Es, de hecho, muy popular en España y muy considerado como economista y conferenciante.

En la conferencia a la que hago referencia dijo cosas importantes de forma muy sencilla, demostrando una vez más su realismo, así como, desde luego, su tradicionalismo o conservadurismo, su adscripción al neoliberalismo económico y su escepticismo de fondo sobre la Unión Europea. En este último aspecto no sabemos si simplemente se alinea con el pensamiento de Angela Merkel y el oficial de la Alemania actual, o si es él uno de los que crean dicho pensamiento y lo propugnan.

De una manera o de otra Donges repite en sus intervenciones, que no hay otro camino en Europa que el de seguir con las reformas estructurales, con especial referencia a la reforma laboral, que es imprescindible alcanzar los objetivos de convergencia aceptados por todos los países, que el Banco Central Europeo no debe hacer más de lo que hace en la actualidad y que Alemania no debe ayudar más de lo que ayuda y, como consecuencia, que todos los países deben salvarse, o converger, por sí mismos. Lo cual lo lleva a no admitir la necesidad de inversiones públicas importantes en Alemania y a criticar que Francia y otros países lo exijan.

En cuanto a la austeridad, refiriéndose sólo a la austeridad pública, dijo claramente que era insuficiente y que de hecho la mayor parte de los países europeos, incluida España, si bien habían reducido sus gastos no lo habían hecho en la cuantía suficiente.

El desempleo, el cierre de empresas, el bajo consumo, el estancamiento de la inversión y la pérdida de potencial de crecimiento, son según Donges, resultados lógicos de la vuelta al equilibrio de las economías europeas y durará todavía algún tiempo. Tras ello el crecimiento volverá y será importante y duradero.

La austeridad en resumen es imprescindible para el crecimiento y uno seguirá a la otra. Así de fácil. Es decir que para Donges no hay dilema entre crecimiento y austeridad, sólo hay una relación secuencial.

Donges parece no darse cuenta de que la crisis en España dura ya demasiado y de que la austeridad que él considera insuficiente a otros nos parece excesiva y concentrada en segmentos de la sociedad débiles de por sí en términos económicos, como los empleados y obreros, los autónomos, la familias y las pequeñas empresas. Unos sectores además fuertemente endeudados que no ven la luz al final del túnel y que no la verán si no hay medidas especiales. La austeridad que el gobierno no ha sabido o no ha podido imponer en lo público ha sido transferida con virulencia a lo privado y ha encontrado además su sitio ideal en las grandes empresas, las cuales no deberían aferrarse a la austeridad como lo están haciendo en la actualidad en España.

La austeridad privada, incluida la de las grandes empresas e instituciones diversas que se encuentran muy a gusto en ella, sí que impide el crecimiento, sobre todo cuando dura casi siete años y afecta ya a lo más imprescindible de las personas como es la vivienda, de la que muchas se ven despojadas.

Donges no parece darse cuenta tampoco de que el “estancamiento secular” (estancamiento económico a lo largo de los próximos diez años), la deflación, el euroescepticismo y los populismos y extremismos, son claros riesgos actuales en Europa. Él parece creer poco en ellos, y en relación con la deflación, por ejemplo, insistió en que es un peligro lejano y en que tendríamos que tener muchos meses de variación negativa de los precios para que fuera peligrosa. Criticó asimismo el plan Junker o “Fondo Europeo para Inversiones Estratégicas” (EFSI), al considerarlo un ejemplo de voluntarismo en vacío en el que los proyectos deberían ir por delante de los fondos y sobre lo que además mostraba su escepticismo neoliberal al considerar que dar “subvenciones” no es lo mejor para una economía desarrollada.

Pero la realidad es que el dinero no se mueve en el caso concreto de nuestro país, su velocidad de circulación es mínima en la actualidad, y así no hay nada que hacer en términos de crecimiento. Parece que ha llegado el momento de “arrojar dinero desde helicópteros”, como metafóricamente dijo Milton Friedman hace años.

Y esto, porque el dinero que se da a los bancos no es la solución ya que no llega a quien lo necesita, y además no es sólo dinero en forma de crédito lo que hace falta, sino actividad y proyectos para las pequeñas empresas y los autónomos. La gente no puede endeudarse más si no hay actividad económica.

Mario Draghi anuncia una y otra vez sus planes para una política monetaria adaptativa y ahora en concreto, después del “quantitave easing” (dinero a los bancos), está esperando, al parecer, al 2015, para poner en marcha la compra de deuda pública a gran escala, a lo que los alemanes, y me imagino que Donges, se oponen todavía con fuerza, y sobre lo que, además, no sabemos si puede ser una solución a corto plazo. Se supone que eso permitirá a los gobiernos tener más liquidez y disminuir sus gastos financieros, con lo que serían más fáciles políticas fiscales de expansión, pero antes de que las inversiones públicas lleguen a beneficiar a las pequeñas empresas, a los autónomos y a las familias, es posible que cambios políticos radicales se extiendan por diversos países europeos. Habrá que estar atentos en este sentido, a Grecia y al posible éxito de Syriza.

 

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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