Darwin: la concepción definitiva de su teoría

Damos con el presente post un paso más en el recorrido breve de la obra de Darwin y su teoría sobre la evolución de las especies. Sobre la evolución misma y la adaptación de los seres vivos a su entorno había acumulado Darwin muchos casos concretos y muchos datos a lo largo de su vida, pero sobre el proceso mismo de cómo se produce la adaptación parece que sus ideas se concretaron al final de sus reflexiones y se debieron en parte a la lectura de la obra del economista Thomas Malthus. Surgieron en él las ideas de la supervivencia y la lucha por la vida, de la que salían victoriosos los más aptos, o, mejor dicho, los mejores adaptados al entorno.

Darwin: la concepción definitiva de su teoría
Para la concepción definitiva de su teoría Darwin recibió un gran impulso de la obra del economista Thomas Malthus (1766-1834) editada de forma anónima desde 1798 y que al parecer Darwin leyó en su sexta edición. Este autor señaló que las poblaciones humanas crecen en proporción geométrica de lo cual se obtuvo una impresión pesimista de la economía, en el sentido de que todos los esfuerzos a realizar para mejorar la suerte de las clases trabajadoras estaban condenados al fracaso. Cuando las condiciones mejoraban el crecimiento de la población era mayor y eso volvía a crear situaciones de superpoblación con desempleo, hambre y miseria.

Darwin concibió una teoría explicativa distinta y consideró que la presión demográfica lleva a la lucha por la supervivencia (o lucha por reproducirse), lo cual es conseguido por los individuos mejor adaptados (o más aptos). El núcleo de su teoría en definitiva, es que las diversidad en la naturaleza se debe a modificaciones acumuladas por la evolución en sucesivas generaciones y que las especies pueden tener un origen común, además de considerar que dichas modificaciones se obtienen por selección natural o por lucha por la supervivencia dentro de cada especie.

En la publicación definitiva de la obra cumbre de Darwin tuvo un papel especial la obra paralela de Alfred Russel Wallace (1823-1913) , un naturalista excepcional y hombre de acción, de gran nobleza por lo que de él se conoce, que concibió una teoría similar a la de Darwin al que le envió un escrito completo con ella cuando nuestro autor estaba terminando su libro. Como ya sabía de ella y temeroso de que Wallace se adelantara en su publicación Darwin se concentró en terminar su propia obra pero antes fue muy justo con Wallace y envió un informe a Lyell en el que reconocía la sorprendente coincidencia de la teoría de Wallace con las suya y su aparente anticipación sin contar, desde luego, el manuscrito que Darwin redactó en 1842.

Todo se arregló de buena manera y Wallace mismo se declaró toda su vida un darwinista y aceptó de buen grado la maniobra orquestada por Lyell y Joseph Hooker (1817 -1911) para proteger a Darwin, consistente en hacer una publicación previa al libro básico de Darwin en la que se incluyó el trabajo de Wallace y el inicial de Darwin de 1842. Tal publicación se hizo sin consultar con Wallace a pesar de lo cual este último estuvo encantado con la misma.

La teoría de la evolución tal como fue formulada por Wallace y, particularmente por Darwin, que en su libro da infinidad de argumentos, muestra multitud de ejemplos y analiza infinidad de hechos, ha sido perfeccionada en el transcurso de los años y hoy existe lo que se llama “síntesis evolutiva moderna” o “neodarwinismo”. Es una teoría actualizada por aportaciones posteriores tales como, como la teoría genética de Gregor Mendel (1822 – 1884) como base de la herencia biológica, la mutación genética aleatoria como fuente de variación y la genética de poblaciones de corte matemático.

Para nuestro objetivo de conocer cómo surgen los conocimientos y cómo las nuevas interpretaciones a medida que se difunden en la sociedad llevan a un nuevo mundo, el ejemplo de la teoría de la evolución desarrollada a lo largo del siglo XIX es realmente importante.

Por un lado vemos cómo la mente del hombre evoluciona y se perfecciona; por otro comprobamos cómo los hombres, algunos hombres, son capaces de grandes análisis, grandes síntesis y grandes nuevas hipótesis; y, por otro, y finalmente, comprobamos cómo las nuevas interpretaciones cambian la actitud de los seres humanos en conjunto sobre su mundo.

La posibilidad de que el hombre proceda del mono y de otras formas de vida inferiores, hoy se acepta con naturalidad, a pesar de los creacionistas americanos, pero en su momento fue algo difícil de admitir y que según algunos supuso la tercera gran derrota del hombre como ser superior y especial de la creación.

Por cierto que Darwin ha sido considerado como un gran científico lleno de curiosidad por la naturaleza, con la habilidad de estudiar los detalles más insignificantes de los seres vivos y la capacidad de formular las hipótesis más avanzadas, pero modernamente se insiste en que, como Einstein y otros grandes científicos, no hizo demostraciones ni utilizó el método científico de una manera estricta. A su labor se la denomina hoy en inglés como “experimental thoughts”, o “pensamientos experimentales”.

Es algo muy importante para nuestra propia visión de las cosas en la que el mundo de las ideas, la subjetividad y la consciencia son tan importantes como los hechos, y es la mente la que en parte crea nuestro mundo, o, al menos, “inventa” las leyes que lo rigen. Una invención a la que contribuyen la intencionalidad, el significado y el propósito que seguramente existe en las cosas mismas.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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