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De los pioneros de la revolución científica a la revolución newtoniana

Es muy probable que el periodo que va desde el comienzo del Renacimiento al inicio de la Ilustración, de apenas dos siglos de duración, sea el más rico de la historia de la humanidad en términos de evolución y cambio de la racionalidad humana. El tema que tratamos en éste y el siguiente post es el de la evolución de dicha racionalidad desde los primeros “científicos modernos” hasta la consolidación de la Revolución Científica con Isaac Newton. Se puede ver en ese tiempo cómo las mentes de los grandes pensadores de la época desde Descartes a Huygens pasan del racionalismo al empirismo para terminar combinando esas dos formas de conocer las leyes del mundo. Todos los personajes que se mencionan pasan de ser filósosfos a ser científicos y terminan admitiendo la formulación matemática de las leyes del Universo, la demostración como método para adquirir el verdadero conocimiento y la utilización de instrumentos para profundizar en dicho conocimiento.

La Revolución Científica, la primera, la verdadera, la revolución científica de la Edad Moderna en Europa, podemos decir que tiene como figura central al físico inglés Sir Isaac Newton (1642-1727). Pocas cosas hay en nuestro mundo que sean obra de un solo hombre y ese es el caso también de la Revolución Científica. Newton, no obstante, tuvo un papel muy destacado en ella, o lo que es lo mismo, en la creación de la ciencia moderna, en la difusión del método científico, en la utilización de las matemáticas para explicar las leyes de la naturaleza y en la construcción y utilización de instrumentos y aparatos para investigar y hacer demostraciones.

Como hemos dicho en posts anteriores hubo una serie de personajes que actuaron como iniciadores y preparadores de la mencionada revolución y, de la misma forma, al nombre de Newton como agente central de dicha revolución hay que añadir algunos de sus contemporáneos. Como interconexión entre los pioneros de dicha revolución y Newton y sus contemporáneos hay que mencionar en primer lugar a René Descartes (1596-1650). Este conocido filósofo, matemático y físico francés es considerado realmente en la historia mundial como filósofo, pero al mismo tiempo es uno de los personajes más destacados del comienzo de la Revolución Científica. Nació 32 años más tarde que Galileo y murió – con 53 años – sólo 8 años más tarde que el genio italiano.

Es considerado el padre de la filosofía moderna pero sus contribuciones a las matemáticas, a la física y al método científico en general fueron muy destacadas. En cierta manera puede que fuera el primer pensador en el que el racionalismo a priori del hombre, es decir, el pensar como primera instancia y como fundamento de todo verdadero conocimiento (o más bien sabiduría), se unió al conocimiento de la naturaleza a través de la experiencia. Acuñó la expresión “pienso luego existo” (cogito ergo sum) que significa precisamente la preeminencia de la razón en todo conocimiento, lo que constituye el componente esencial de lo que se conoce como racionalismo continental. La existencia de ideas innatas en el hombre, algo que procede de Platón, como bien sabemos, es un punto fundamental en su pensamiento y constituye un concepto en el que se afianzó intentando demostrar la existencia de Dios. Creía en este sentido que el hombre, un ser imperfecto y finito, no podía pensar por sí mismo en algo superior y más perfecto que él si no existiera alguien que hubiera colocado en su mente ideas básicas de verdad, belleza, orden y armonía.

Fue partidario de la existencia de dos sustancias, el pensamiento (espíritu), res cogitans, y el cuerpo, res extensa, base del dualismo que tan duramente ha sido criticado en el mundo en los últimos años.

Consideraba que la filosofía moral que el predicaba, y supuestamente practicaba, se basaba en la Metafísica, la Razón y el Estoicismo. Y proponía, dentro de su método para aprender, que el hombre debía ser crítico con todo tipo de conocimiento y utilizar la idea de “duda metódica” como base de todo aprendizaje.

Pero Descartes fue además un hombre muy al tanto de los conocimientos de su época y heredero de los avances en el pensamiento surgidos con el Renacimiento. Fue crítico de Aristóteles y de la Escolástica, partidario del heliocentrismo copernicano, conocedor de la obra de Galileo y muy familiarizado con los trabajos de otros científicos contemporáneos suyos como Pierre Gassendi, renovador del atomismo.

Fue un gran matemático que inventó la geometría analítica, creó las llamadas coordenadas cartesianas en introdujo gran parte de la simbología utilizada el algebra actual, incluyendo las vocales (a, b, c, d…) para designar parámetros y las última letras del alfabeto (x, y, z,…) para designar las variables desconocidas de una ecuación. Utilizó asimismo el signo =, aunque los ingleses mantienen que fue el matemático, y médico galés Robert Recorde (1510-1558) el que lo utilizó por primera vez junto a los signos + y -. Y, por encima de todo, coincidía con Galileo y otros pensadores en cuanto a que las leyes del mundo y de la naturaleza estaban escritas, o más bien se podían escribir, en términos matemáticos.

(Continúa en el siguiente post)

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Hay muchos manuales de Historia de la Ciencia que están siendo utilizados para escribir este blog. En lo que se refiere al presente y a otros cercanos hemos utilizado, entre varios otros los dos siguientes:
. John Gribbin. “Historia de la Ciencia”, Cítica, Barcelona, 2002.
. Javier Ordóñez, Víctor Navarro y José Manuel Sánachez. “Historia de la Ciencia”, Gran Austral, Espasa Calpe, Madrid, 2007.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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