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El cerebro ético. Libre albedrío, responsabilidad personal y ley (y II)

En este segundo post sobre el tema mencionado en el título me refiero a lo dicho por Michael Gazzaniga en su libro más reciente, ¿Quién manda aquí?. La conclusión que se obtiene de su lectura es que este autor sigue con fuertes dudas sobre cómo se forman las ideas abstractas y el pensamiento (dice, de hecho, que la ciencia no lo sabe, pero no se atreve a decir que no lo sabrá nunca mientras no deje de ser materialista y reduccionista). El libro es excelente, si embargo, en cuanto a la descripción de los grandes avances realizados en los últimos años en las neurociencias y en la biología molecular, y se nota también un mayor conocimiento del autor de la “mecánica cuántica” . El resultado de ambos hechos es que se refiere con más precisión a las diferencias entre la mente y el cerebro y se acerca a muchas de las explicaciones cuánticas. Pero no da el salto definitivo a admitir que dichas diferencias son “sustanciales”, es decir, que se trata de dos sustancias distintas, y termina dando una explicación muy poco sólida intelectualmente sobre la existencia del libre albedrío y la responsabilidad moral del hombre, en lo que, no obstante, cree sin discusión.

(Continuación)

La verdad es que parece haber grandes diferencias entre el libro de Gazzaniga utilizado por Stapp, “El cerebro ético ”, y su nuevo libro, ¿Quíen manda aquí ?.

El cerebro ético. Libre albedrío, responsabilidad personal y ley (y II)

El segundo es un trabajo sorprendente en el que revisa con detalle gran parte de los avances científicos realizados en los últimos años en las neurociencias, en la biología molecular, en la psicología y en varias otras áreas. Él se declara, por cierto, neurocientífico, y demuestra haber estudiado a fondo la “mecánica cuántica ”, algo que quizá no había hecho en sus primeros libros. Se nota muy influido por ella y explica el abandono por parte de los físicos y otros científicos del determinismo newtoniano, así como la vuelta al dualismo, la causalidad ascendente y la descendente y la combinación de ambas, el fenómeno de la emergencia, las teorías actuales sobre  la complejidad y el caos, y la posibilidad de una consciencia más en línea con las interpretaciones cuánticas, aunque no llega a las consecuencias a las que llega Stapp.

Deja claro, como yo mismo he dicho en posts anteriores, que los neurocientíficos son los únicos científicos monistas y reduccionistas que van quedando y él mismo parece no poder abandonar esas ideas, especialmente cuando deja frases escritas como la siguiente: “De algún modo, la mente es una  propiedad independiente del cerebro aunque a la vez totalmente dependiente de él”.

En ese sentido, su defensa de la existencia del libre albedrío y de la responsabilidad moral no deja de ser peculiar. Cree desde luego en la mente como algo separado del cerebro pero producto de los procesos cerebrales físicos, y justifica la existencia de causas descendentes que establecen reglas de conducta en forma similar a lo que ocurre con los automóviles, los cuales se ven coaccionados por el tráfico que ellos mismos generan. Es decir, el cerebro genera la mente y las ideas abstractas y cuando estas existen son capaces de establecer normas y reglas que dirigen al hombre y a sus actos.El principio de todo, por otra parte, es la entrada y almacenamiento en las neuronas del cerebro de la información que captan los sentidos y que surge de la vida y la experiencia completa de una persona, aunque nada se sabe, prácticamente, de cómo, los potenciales que se crean a un lado y al otro de las membranas de las neuronas, los impulsos eléctricos que se disparan cuando el diferencial de voltaje supera un cierto umbral, las conexiones de las sinapsis y las redes neuronales que se crean de forma continua y otros procesos cerebrales, generan ideas abstractas y pensamiento. Gazzaniga lo dice con claridad al hacer notar que a pesar de los avances de las neurociencias nada se sabe todavía sobre cómo aparecen las ideas. Menciona, como otros neurocientíficos actuales, la utilidad de la Imagen por Resonancia Magnética Funcional (fMRI) y cita experimentos diversos como los realizados mediante la técnica de Estimulación Magnética Transcraneal (EMT) para probar si el control consciente de las acciones es ilusorio o real, pero termina declarando que nada es concluyente en cuanto a cómo de lo físico se pasa a lo mental. Se avanza mucho con la tecnología actual, pero parece haber un salto entre lo físico y lo abstracto en lo que no se puede entrar.Lo más que se puede decir es que el pensamiento es un fenómeno emergente, es decir, algo de naturaleza distinta que emana de la complejidad. Un fenómeno, no obstante, el de la emergencia, que no aceptan muchos neurocientíficos.Para todas estas situaciones Henry P. Stapp, nuestro autor de referencia, tiene respuestas precisas relacionadas con la “mecánica cuántica” que veremos más adelante, después de que dediquemos uno o dos posts al libro de Patricia S. Churchland.
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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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