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El desarrollo de la crisis. 2009 y 2010

Seguimos revisando en este post el desarrollo de la crisis económica mundial comenzada en 2007/2008. Nos referimos ahora a lo ocurrido en España a lo largo de los años 2009 y 2010 con énfasis en los aspectos económicos de tal crisis y con especial atención a las medidas de carácter económico adoptadas por el Gobierno y por otras instituciones supranacionales. Vemos que tras el fuerte hundimiento de la economía mundial en 2009, y más estrictamente de las economías de los países desarrollados, hubo una cierta recuperación en 2010. Fue una recuperación que no duró mucho como veremos en el siguiente post. Recordamos además que la revisión de lo acontecido está motivada por nuestro interés en el deterioro del bien común y por la posibilidad de que tal bien se mantenga en nuestras sociedades a través de las crisis por las que podamos pasar.

(Gráfico de Josepicols123 – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=57237265)

Las actuaciones directas en apoyo del crecimiento

Las actuaciones de los gobernantes españoles hemos visto que fueron abundantes ya en 2008, pero, probablemente, tardías, sin convencimiento, poco pensadas y un tanto a ciegas. Se tomaron porque otros países las tomaban y porque, sobre todo después de la reunión del G-20 en Washington de noviembre de 2008 a la que España asistió como país invitado, hubo presiones de todo tipo para que el gobierno español actuara y se adquirieron compromisos sobre la reforma y el fortalecimiento de los mercados financieros. Además de otros compromisos tendentes a que no hubiera tentaciones proteccionistas en el mundo.

El proteccionismo y la guerra de divisas son dos de los primeros riesgos sistémicos a conjurar en las crisis mundiales y sobre ellos trataron de ponerse de acuerdo los líderes mundiales en Washington.

El llamado Plan E (Plan Español para el Estímulo de la Economía y el Empleo), se lanzó en 2009, como ya se ha dicho en el post anterior, y supuso un enorme esfuerzo presupuestario. Los ocho mil millones de euros del Fondo Estatal de Inversión Local más los tres mil millones del Fondo Estatal de Dinamización de la Economía y el Empleo y otras ayudas supusieron  el 2,3 %  del PIB de 2009, lo cual, unido a la menor recaudación de todo tipo, hizo que el déficit público ascendiera en dicho año al 10, 86 % del PIB.

Reestructuración bancaria y subida de impuestos

No se debe olvidar, por cierto, que veníamos de un superávit público en 2007 del 1,92 y de un déficit del 4,42 en 2008. Un crecimiento espectacular del déficit que tuvo su correlación en la deuda pública, la cual pasó de un 35,60 % del PIB en 2007 a un  39,50 en 2008 y a un 52,80 en 2009.

A lo largo de 2009 y similarmente a lo ocurrido en los Estados Unidos y en otros países, los bancos continuaron con fuertes dificultades y el Gobierno en España tuvo que intervenir diversas instituciones financieras, sobre todo cajas de ahorros.  Se creó el FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) con una dotación inicial de nueve mil millones de Euros.

En cuanto a los impuestos, el Presidente Zapatero que había presumido en 2007 de bajar los impuestos diciendo incluso, que “bajar los impuestos era de izquierdas”, no tuvo más remedio que subir los de la gasolina y del tabaco a mediados de año, y más delante, en septiembre, subir los tipos del IVA, tanto el reducido como el general.

Comienzan también los problemas con los sindicatos y fracasan las negociaciones de estos con la patronal. Zapatero sigue con sus actuaciones erráticas consistentes en decir y prometer unas cosas que luego no podría mantener ante la gravedad de los hechos.

Esto último puede que sea una de las características de su manejo de la crisis, el decir unas cosas y tener que hacer otras, así como cambiar de la noche a la mañana de discurso político. Una especie de, “donde dije digo, digo Diego”, que le hizo perder mucho apoyo popular, especialmente de sus propios correligionarios.

Culminación de la crisis

El año 2009 en su conjunto resultó ser funesto, con un decrecimiento del PIB del 3,6 %, un desempleo espectacular del 18,66 %, y unos aumentos muy elevados del déficit y de la deuda pública, cuyos valores se han indicado anteriormente.

La población empleada pasó ese año a 18.890 miles de personas, bajando desde el que probablemente fue el máximo histórico de 20.717 miles de personas alcanzado en 2007. Los desempleados ascendieron a 4.335 miles de personas, un aumento espectacular comparado con los 1.942 miles de personas sin empleo de 2007. Como se puede leer en Internet:

“La tasa de desempleo entre los menores de 25 años fue del 39%. En el total del año se destruyeron más de 1,2 millones de puestos de trabajo —de ellos 378.000 en la construcción— y la cifra de hogares con todos sus miembros parados se situó en 1.220.000.​”

Al final el año se cierra con seis trimestres continuados de recesión con lo que las perspectivas de la bolsa y de las inversiones eran muy negativas así como las expectativas empresariales y la confianza de los consumidores.

La mejora relativa del año 2010

El año 2010 comienza con subida de los impuestos, principalmente por la desaparición de los 400 Euros de desgravación del IRPF, y por el aumento del precio de la electricidad y los de los transportes.

Ante el elevado déficit público alcanzado en 2009 y bajo fuertes presiones de la Unión Europea el Gobierno no tiene más remedio que imponer medidas de austeridad de 5.000 millones adicionales a los 8,000 millones ya previstos en el presupuesto para el año.

El conjunto del año va estar marcado por la crisis del Euro, por el endurecimiento de la crisis Griega y por los rescates obligados de varios países de la UE.

El primer trimestre de 2010, a pesar de todo, mostró un crecimiento del PIB del 0,1 %. En el segundo se consiguió un 0,2, en el tercero un 0,0 y en el cuarto se recuperó hasta un 0,2 % debido al aumento de las exportaciones. Aunque inicialmente se consideró que el PIB había crecido un 0,1 % para el conjunto del año la cifra que ha quedado para la estadística histórica ha sido la de un 0,0 %, es decir, ni crecimiento ni decrecimiento.

El Plan E tuvo probablemente su incidencia positiva en la débil recuperación del 2010, aunque como medida de impulso de la economía se ha criticado mucho. Gran parte del dinero puesto en circulación fue entregado a ayuntamientos y comunidades locales para que lo utilizaran en la construcción de aceras y otras obras de pequeña importancia y bajo efecto multiplicador. El empleo creado fue de poca duración y el aumento de las altas en la Seguridad Social fue muy bajo.

Por cierto que el perfil de lo ocurrido en Europa durante lo años de la crisis es más parecido al perfil español que al de otros países europeos que salieron mejor parados de ella. En la figura incluida al principio se ve que hubo dos recesiones en el conjunto de la UE, una en 2009 y otra en 2012 y 2013. La correlación con el perfil español y otros de países periféricos de la UE es lógica, lo ocurrido en varios países de la Unión con un volumen económico importante debe afectar al conjunto. En España, por cierto, la segunda recesión empezó un año antes, en 2011.

Nuevas medidas de austeridad

En la primavera de ese año (2010) además, el Gobierno tuvo que adoptar fuertes medidas de austeridad. Fue un cambio radical de la actitud del Presidente, que adoptó además de un día para otro y poniendo gran vehemencia en sus nuevos planteamientos. Esto nos sorprendió a muchos y desde luego tuvo un coste elevado para él en términos políticos. Quizás los políticos en general tengan que explicar estas reacciones, muchas de ellas de obligado cumplimiento, con más detalle del que suelen hacerlo.

En el caso del que hablamos había riesgo de intervención de la Unión Europea y el miedo a una crisis de la deuda soberana que existía en Europa desde 2007 comenzaba a ser muy elevado. Las crisis bancarias en diversos países y el debilitamiento de las economías europeas dieron pie a lo que se ha llamado la “crisis del euro” o “crisis de la zona euro”.  Las deudas públicas habían crecido mucho tras el hundimiento de 2009 y los bancos europeos poseían importantes carteras de deuda soberana de los diversos países, con lo que si los países dejaban de pagar los bancos a su vez tendrían dificultades graves.

Las agencias de calificación crediticia hacían su papel y los países europeos recibían puntuaciones cada vez más desfavorables.

El Banco Central Europeo, por otra parte, hacía lo que podía en términos de bajos tipos de interés y créditos favorables a pequeñas instituciones bancarias, pero su influencia en la mejora de las cosas era baja. Como se ha dicho tantas veces, Europa era (y es todavía) sólo una unión monetaria sin mecanismos fiscales comunitarios, con lo que los márgenes de maniobra para todos eran muy bajos.

Cambios radicales en las políticas de actuación

Fue una época en la que se temió por la ruptura de la zona euro en su conjunto y por eso los ministros de economía europeos aprobaron pronto en el año un fondo para rescates de 750.000 millones de euro. Se creó el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEFE)

En España en esas fechas tuvo lugar el cambio radical de políticas al que ya se ha hecho referencia. Tal como se recoge en una de las entradas en Wikipedia utilizadas para el resumen de hechos ocurridos a lo largo de la crisis que venimos haciendo, el cambio radical tuvo lugar en mayo de 2010:

“En mayo de 2010 se produjo un giro copernicano de la política económica del gobierno ante el riesgo de intervención por la Unión Europea, en el contexto de la crisis del euro. Se aplican duras medidas de ajuste para reducir el gasto público en 15.000 millones de euros entre 2010 y 2011: congelación de las pensiones para 2011; recorte en un 5% de media del sueldo de los funcionarios a partir del 30 de junio y congelación de las retribuciones en 2011; disminución en 300 millones de euros de las ayudas al desarrollo en 2010 y de 500 millones en 2011; recorte en las inversiones públicas en 2.125 millones en 2010 y 1.745 millones en 2011; eliminación del derecho a percibir con carácter retroactivo las prestaciones de dependencia desde la solicitud; se elimina el “cheque-bebé” (la deducción de 2.500 euros en el IRPF por cada recién nacido) a partir del 1 de enero de 2011”

Las dificultades de las gentes

De nuevo quiero recordar que el contenido de este post y el de los últimos dedicados a la crisis iniciada en los años 2007/2008, es sólo una relación de hechos acontecidos a lo largo de los últimos años que todo el mundo conoce, un resumen de lo acontecido en términos mayoritariamente económicos. No hay en ello nada original del autor y se hacen las citas pertinentes cada vez que hay necesidad de ello.

Pretendemos tras revisar esos hechos analizar sus efectos negativos sobre la población y tratar de identificar si tales efectos podrían haber sido evitados o suavizados por las medidas adoptadas.

En cuanto a los efectos, volvemos a decir que han sido muy negativos y que todavía permanecen en gran manera en nuestra sociedad. Queremos añadir además que el relato realizado de la crisis, de las medidas de austeridad, de rescastes bancarios, de medidas de ayuda y de otras actuaciones, resulta demasiado frío. Detrás de todo ello hay mucho dolor, muchas dificultades, muchas familias rotas, muchas vidas fracasadas, muchas frustraciones y muchas penalidades.

La crisis no resultan gratis para la personas afectadas. El bien común no es una realidad entre nosotros, especialmente cuando las crisis llegan.

Eso por lo que se refiere a un país concreto como el nuestro, pero bien sabemos que por lo que se refiere al mundo en sus conjunto y para millones de personas, las crisis son permanentes.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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