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El empirismo inglés

La observación de la historia de la humanidad y la evolución del hombre como ser pensante es, probablemente, uno de los “mayores espectáculos del mundo”. Venimos haciendo en este blog una revisión breve y somera de ella, particularmente referida a la evolución del pensamiento europeo u occidental. Llegamos en el presente post a un periodo crítico, a un punto de inflexión, situado entre los siglos XVII y XVIII, justo antes de la Ilustración. El empirismo inglés y el racionalismo continetal nos van a llevar a la síntesis de la que surge la racionalidad científica y tecnológica en la que vivimos en la actualidad.

La palabra “empirismo”, como ya se ha dicho, significaba en la Grecia clásica, “experiencia”, y tenía que ver con las cosas materiales y útiles. En la llamada Edad Moderna, periodo de la historia de Occidente que comienza con la toma de Constantinopla por los Turcos y la caída del Imperio Bizantino (1453), con el descubrimiento de América (1492) y con la Reforma Protestante (1517), este término empezó a utilizarse para designar una teoría filosófica que daba importancia a la experiencia obtenida a través de la percepción de los sentidos para la formación de las ideas y del pensamiento. Para muchos partidarios de esta teoría sólo existe la experiencia y ella sola crea los conceptos y el pensamiento.

Es una interpretación que surge en Inglaterra en las últimas etapas de la Edad Media de la mano de Roger Bacon (1214-1294), inicialmente, de la de Juan Duns Scoto (1266-1308), más adelante, y de la de Guillermo de Ockham, con posterioridad. Un poco más tarde, ya en la Edad Moderna y justo en la misma época, más o menos, en que vivió Galileo, el inglés Francis Bacon (1561- 1626), con sus obras y su pensamiento, y el alemán Johannes Kepler (1571- 1630), con sus estudios sobre la cinemática del movimiento de los planetas y sus bien conocidas leyes, ayudaron a potenciar esta teoría y a crear el “método científico”. Método que es una forma sistemática de adquirir conocimientos en el terreno de las ciencias a través de la medida, la comprobación, la formulación de leyes generales, la elaboración de teorías y su demostración.

Con frecuencia el empirismo se une a la cultura anglosajona, o simplemente inglesa en las épocas de las que hablamos, y se contrapone al racionalismo continental europeo. Dicha contraposición ha tomado muchas formas, desde el enfrentamiento entre el nominalismo y el universalismo, hasta la contraposición analítica-sintética, y, por decir una más, aunque menos clara, el idealismo alemán versus el pragmatismo americano.

Este enfrentamiento existía ya entre los griegos, como es sabido, siendo los sofistas y en parte Aristóteles, considerados como más empíricos, y los presocráticos y Platón, como más racionalistas.

El empirismo, a pesar de los extremos a los que lo han llevado algunos de sus defensores, constituye una parte fundamental de la ciencia moderna y su análisis, por tanto, es importante para la revisión del origen y evolución de la racionalidad científica y tecnológica que estamos intentando en este blog. Tendremos que referir al lector a los autores más destacados y a algunos avances concretos del pensamiento, como venimos haciendo, más que detenernos a fondo en este salto de la mente humana, ya que el espacio disponible es obligatoriamente limitado.

El nominalismo, por ejemplo, debido en parte a Ockham, fue una llamada de realismo al sugerir que no había “universales” sino individuos y cosas concretas. Durante años se discutió sobre esta cuestión y aún hoy las espadas siguen en alto. Sobre todo después de las aportaciones hechas por Heidegger (1889-1976), quizás Rorty (1931-2007). — los dos fallecidos ya — y otros filósofos contemporáneos.

Por cierto que la preocupación por el conocimiento intelectual sistemático relacionado con las cosas prácticas no fue muy generalizada entre los griegos y los romanos, como hemos dicho ya en anteriores posts, pero no se puede decir que no existiera. Hipócrates (460 a 370 a.C.), por ejemplo, considerado el padre de la medicina, elaboró una teoría de la salud y la enfermedad y sistematizó los conocimientos de la época sobre esta materia. Arquímedes (287-212 a. C.), de la misma forma, fue un científico y tecnólogo de la Grecia clásica. El romano Marco Vitruvio en el siglo I a.C. también sistematizo y escribió tratados sobre arquitectura y obras civiles. Ptolomeo (100-170), algo más tarde, fue astrólogo y astrónomo y escribió el famoso tratado conocido como “Almagesto”. Y más tarde aún, en el Siglo II d. C., el griego, pero ciudadano romano, Galeno de Pérgamo (130-200) escribió sobre medicina y estableció puntos de vista y recomendaciones que fueron válidos en Europa durante casi mil años.

Es decir, que la ciencia cercana a como la entendemos hoy, también fue practicada en la antigua Grecia y en el imperio romano. Menos sistemática, sin método científico y relacionada con temas muy específicos, pero con el mismo enfoque práctico que tiene hoy entre nosotros.

(Continúa en el post que sigue)

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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