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El empirismo inglés (Continuación)

Seguimos en este post comentando el enfretamiento entre racionalistas y empíricos que cosntituyó algo muy productivo en la Europa de mediados del siglo XVII y principos del XVIII. De la controversia surge la creatividad y el avance, y aunque hoy seguimos pensando que el hombre utiliza heurísticamente la razón y la experiencia para avanzar y conocer más sobre su mundo y sobre él mismo, la radicalidad en sus posturas de los pensadores de la época mencionada preparó el camino para que pensadores posteriores encontraran síntesis muy efectivas para el desarrollo de la ciencia y tecnología modernas.
Como imagen hemos elegido un retrato del llamado padre del emprisimo inglés, John Locke.

(Continuación)
Pero para llegar a dicho enfoque en los tiempos modernos fue muy necesario el Empirismo y para ello resultó imprescindible la figura del pensador inglés John Locke (1632-1704). Este gran personaje, considerado el padre del empirismo, fue un filósofo y pedagogo algo posterior a Descartes que conociendo la obra de este reconocido autor francés, verdadero personaje de la época, estuvo más influido por las de sus paisanos, Ockham y su “nominalismo” y Francis Bacon (1561-1626), y su método científico. E, incluso, por la del también inglés, Thomas Hobbes (1588-1679), iniciador de la filosofía política con su libro “Leviatán”.

Antes de él ya había dos aproximaciones distintas al método científico y a la ciencia: la de Francis Bacon, de carácter empirista, y la de René Descartes, de carácter racionalista. La diferencia fundamental entre ellas era el “innatismo”, es decir la existencia o no en el hombre de ideas innatas. Para Bacon no existían tales ideas y el hombre creaba sus ideas a través de la experiencia de su mundo conseguida con sus sentidos. Para Descartes, sin embargo, a pesar de su oposición a la Escolástica medieval y al aristotelismo adoptado por ella, a pesar de su concepción mecanicista del mundo y a pesar de su método científico, analítico y reduccionista, creía en la existencia de “intuiciones evidentes” en la mente del hombre puestas por Dios en su naturaleza como ideas innatas. Bacon creía en la experiencia y Descartes en la evidencia racional.

La primera de estas dos aproximaciones utilizaba (todavía muy incipientemente) el procedimiento inductivo (de abajo a arriba, de hecho) para conocer y establecer leyes y la segunda el deductivo (de arriba abajo) a partir de una lógica racional pensada y razonada desde el intelecto del hombre.

John Locke profundizó soberbiamente en esta cuestión y respondió al racionalismo continental con su magnífica obra “Ensayo sobre el entendimiento humano”, editada nuevamente en español hace un par de años, y de la que tengo un ejemplar muy leído y subrayado.

Dice claramente en ella que el hombre es al nacer una “Tabula rasa” y que todo lo que puede aprender surge a posteriori deducido de la experiencia adquirida a través de sus sentidos. Lo único que el hombre puede hacer es percibir ideas sobre la realidad y asociarlas unas con otras para elaborar el conocimiento. Rechaza las ideas de “sustancia” y de “causa” que tan importantes habían sido hasta entonces, aunque es partícipe de la religiosidad de la época y cree en un Dios cercano al descrito por Descartes. De la esencia de Dios, sin embargo, sólo se pueden conocer los accidentes y tenemos la misión de determinar sus designios a través de las leyes de naturaleza, las cuales deben ser descubiertas por el hombre.

Más extremistas fueron otros empíricos posteriores tales como el obispo irlandés George Berkeley (1685-1753) y el filósofo, economista e historiador escocés, David Hume (1711-1776), un hombre muy notable y ya completamente insertado en la Ilustración.

Berkeley, creyendo que las ideas de Locke llevaban al ateismo, imaginó una especie de empirismo extremo, o solipsismo, según el cual las cosas sólo existen en la mente del hombre y la percepción es el único fundamento del ser. Para que algo exista tiene que estar siendo observado y de ello dedujo que cuando el hombre no está presente las cosas existen porque es Dios el que las observa.

Hume es un filósofo mucho más profundo y un destacado miembro de la intelectualidad europea, de su época y de siempre. Dijo que todo conocimiento se reduce a impresiones e ideas y admitió la existencia de dos verdades: “verdades de hecho” y “asociación de ideas”. Toda idea, por otra parte, debe responder a una impresión, y si está no existe, la idea debe rechazarse por ser producto de la imaginación y no tener ningún contenido real. Tal es el caso, según él, de los conceptos de “sustancia” y “causa” a los que se ha hecho referencia anteriormente.

Sus ideas terminaban siendo excesivamente subjetivas y llevaban al escepticismo, lo cual no era muy adecuado para la ciencia moderna que entonces estaba surgiendo con fuerza en toda Europa. Por otro lado, y a diferencia de la mayoría de filósofos y hombres de pensamiento anteriores a él, Hume se declaró siempre ateo y tuvo que hacer equilibrios en la cuerda floja para no entrar en confrontación con la Iglesia de Escocia, que al parecer se las gastaba en aquella época como otras iglesias, incluyendo la católica. No le costó la vida como a fue el caso de algún amigo, pero sí el que no le dieran ninguno de los puestos de profesor universitario para los que estuvo propuesto. Su obra cumbre fue “Tratado de la Naturaleza Humana”, escrita y publicada por primera vez a los 27 años pero en la que trabajó toda su vida. No tuvo éxito al principo pero con el tiempo llegó a ser muy apreciada.

Los cinco autores citados, Bacon, Hobbes, Locke, Berkeley y Hume, forman el grueso del empirismo inglés y su contribución a la ciencia moderna fue destacada.

Otros, continentales en este caso, militaron en el racionalismo. Una lista parcial estaría formada por otros cinco personajes tan importantes como ellos: Descartes, Malebranche, Spinoza, Leibniz y Christian Wolff. A ellos nos referiremos a continuación.
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Para los temas tratados en los dos últimos psts y en el blog en general venimos utilizando divesos textos. Entre ellos:
Ludovico Geymonat, “Historia de la Filosofía y de la Ciencia” , Crítica, Barcelona 2006
Peter Watson, “Ideas. Historia Intelectual de la Humanidad”, Crítica, Barcelona, 2006
Richard Tarnas, “La pasión de la mente occidental”, ATALANTA, Girona, 2008
Richard Tarnas, “Cosmos y Psique”, ATALANTA, Girona, 2008
Emtre muchos otros
José Manuel Sánchez Ron, “El poder de la Ciencia”, Crítica, Barcelona, 2010.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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