El Esoterismo como reacción al cientifismo y como contracultura.

Añadimos en este post algunas consideraciones sobre el esoterismo al hilo de la revisión que venimos haciendo del libro de Gary Lachman, “Una historia secreta de la consciencia”. No nos interesa el esoterismo en sí, ni mucho menos los extremos a los que ha llegado en diversas etapas de su historia y de la mano de ciertos de sus miembros, pero hay motivos para dedicarle atención por varios motivos fundamentales. Uno es que su aparición en el siglo XIX como fenómeno social fue una reacción de defensa de la subjetividad, la consciencia y el mundo de la mente frente al excesivo cientifismo y materialismo al que había dado lugar la Revolución Científica, la Ilustración y la Revolución Industrial. Otro, que ha habido filósofos, psicólogos y científicos, “normales” u “oficiales”, que han coincidido con algunas de las explicaciones de los esotéricos. Una tercera, que hoy, con la vuelta al dualismo que suponen las explicaciones de la mecánica cuántica, no resultan tan extrañas algunas de las interpretaciones del esoterismo. Y otra, por fin, el tratamiento serio y sólido que da Lachman al tema y la atención que termina prestando al final de su libro a un personaje tan importante como Jean Gebser y a su obra “Origen y presente”. Autor y libro, estos últimos, a los que hemos dedicado nosotros mismos en este blog mucha atención.

El Esoterismo como reacción al cientifismo y como contracultura.
Gary Lachman es muy sólido tratando el tema de las ideas abstractas y de la consciencia y se refiere a los movimientos más serios dentro del esoterismo, la teosofía y el New Age, interpretados como defensa de la “realidad interior”, pero hay que repetir que ese mundo puede no tener límites y que de hecho dentro de él hay materias deleznables como las magias de todo tipo. Con frecuencia, por otra parte, lleva a la creación de sectas a veces con objetivos extraños o incluso malsanos. Estas últimas cuestiones son muy ajenas a este blog y no tenemos ningún interés en entrar en ellas pero no debemos olvidar que la mecánica cuántica abre las puertas al mundo abstracto de las ideas y de acuerdo con las últimas interpretaciones de esta teoría física vivimos en un universo consciente. Es decir, da la impresión de acuerdo con los descubrimientos cuánticos y sus interpretaciones más ortodoxas o más recientes, que hay un mundo de ideas abstractas, o de significados, que nos trasciende. Es una especie de “consciencia cósmica” que existe en los confines del universo y lo impregna en toda su extensión.
 
Todo el libro que comentamos está dedicado a mostrar que en el siglo XIX se produjo una reacción al predominio excesivo de la ciencia y la tecnología en todas las cuestiones del pensamiento humano. Los hombres después de muchos años de utilizar su mente sólo para especular con las ideas abstractas, el pensamiento teórico, la religión y a la teología, vieron surgir en Europa a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII lo que se ha llamado la Revolución Científica y ésta, con la ayuda de la Ilustración y los éxitos sin precedentes de la Revolución Industrial, llevó a los hombres a hacerse materialistas, a no creer en Dios y a pensar que somos simples máquinas biológicas viviendo en mundo físico y determinista.  
 
El fenómeno de reacción al cientifismo (si nos podemos permitir este término) surge en la filosofía convencional en la segunda parte del mismo siglo XVIII, el siglo del comienzo de la Revolución Industrial y de la Ilustración, con Innmanuel Kant y todo lo que se ha llamado posteriormente el idealismo alemán y ha estado presente desde entonces en todas las reflexiones serias, pero nuestro autor comienza su recorrido a comienzos del siglo XIX y de la mano de personajes menos conocidos y que no forman parte de la tradición filosófica occidental. 
 
Su libro comienza con la referencia a Richard Maurice Bucke (1837-1902), un médico americano de vida azarosa que publicó en 1901 en Filadelfia un libro raro con el título de “Cosmic Consciousness”. Su primera edición fue de sólo quinientos ejemplares y pasó desapercibida, pero para 1966, como indica Lachman, ya se había publicado su vigésimo sexta edición y había captado el interés de personajes importantes como el filósofo y psicólogo William James (1842-1910) y el filósofo esotérico, o simplemente esotérico, ruso P.D. Ouspensky (1878-1947).
 
Menciona también Lachman, y en esto no entramos ni salimos por mero desconocimiento, aunque conozcamos las publicaciones, que junto con Siddharta de Hermann Hesse (1877-1962), Las puertas de la percepción de Aldous Huxley (1894-1963) y El señor de los anillos de J.R.R.Tolkien (1892-1973), “Cosmic Consciousness” pasó a formar parte de las obras que desencadenaron la “contracultura”.
 
Una de las afirmaciones importantes del libro es que la humanidad avanza lentamente hacia un nuevo y superior nivel de consciencia. Utilizando citas del propio libro de Bucke recogidas por Lachman, la consciencia cósmica “es una forma de consciencia superior a la que posee el hombre corriente”. Es una “consciencia del cosmos, de la vida y del orden del universo” que incluye un “esclarecimiento o iluminación intelectual que por sí sola situaría al individuo en un nuevo plano de existencia, que casi lo convertiría en un miembro de una nueva especie”.
 
A esas convicciones llegó Bucke a través de vivencias y experiencias mentales que iluminaron su mente y supusieron una “iniciación a un nuevo y superior orden e ideas”.
 
Estas vivencias, iluminaciones o éxtasis, son comunes a una mayoría de las personas que entran en el esoterismo y se consideran procesos de iniciación a un mundo distinto, con lo cual tienen motivos para formar parte de un grupo o secta.    

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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