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El hombre y su vida sobre este planeta (IV)

No es extraño que ante tantas nuevas ideas, se haya caído en la cuenta de que las leyes y explicaciones sobre lo que somos y sobre lo que nuestro mundo físico es en realidad, son sólo aproximaciones temporales de carácter exclusivamente relativo. Con más razón puede resultar esto cierto en relación con las leyes sociales, siempre consideradas más débiles y volátiles en términos científicos. Ningún gran sistema explicativo aportado por el hombre hasta ahora, especialmente ninguno de los referidos a las dimensiones humana, social o política, ha durado demasiado, y ninguno desde luego ha podido catalogarse como verdadero. La crisis de los grandes sistemas explicativos de nuestra sociedad aportados por Hegel, Marx, Weber y otros grandes pensadores de los tres últimos siglos, es hoy manifiesta, tanto más cuando más globales y más cerrados pretendían ser. (Castilla, 1998)

El pesimismo actual sobre el valor de las explicaciones, teorías y conocimientos es entendible, pero no debe considerarse nada grave. Tuvo que ser mucho peor cuando el hombre dejó de pensar continuamente en asuntos teológicos y se dispuso a entender su mundo sin la presencia agobiante de un Dios severo, castigador y sombrío. Entre la filosofía medieval y moderna se situó en Europa, el Renacimiento, y con él llegó la “liberación de la razón con respecto a la teología, y en parte, el colapso del sistema conceptual aristotélico” (Hartnack, 1996)

Además de los grandes científicos de la época, con Copérnico, Giordano Bruno, Kepler, Galileo, y algo menos, Francis Bacon, a la cabeza, que cambiaron radicalmente la interpretación sobre nuestro planeta y el lugar que ocupa en el Universo, los filósofos introdujeron el materialismo, el naturalismo y el empirismo. Doscientos años más tarde de los primeros aires renovadores traídos por Copérnico, Isaac Newton formula en Inglaterra la teoría más comprensiva y coherente jamás establecida sobre la naturaleza física de nuestro mundo.

Descartes (1596-1650) es considerado como el fundador de la filosofía moderna y dejó claro que la misión de la filosofía, o, lo que es lo mismo, de la razón, era la búsqueda de la verdad, en contra de lo que había dicho la Escolástica. Hasta entonces la verdad se consideraba dada y la misión de la filosofía era simplemente la de analizarla. Tomás Hobbes (1588-1679), creía, como Demócrito, en la existencia de átomos en movimiento, los cuales eran la base de la materia. Era materialista y mecanicista y fue uno de los que más enérgicamente trabajó para remplazar el esquema mental aristotélico de su época. Spinoza (1632-1677) pasa por ser el padre del Naturalismo, filosofía que establece la no necesidad de “ningún principio, ser o sustancia más allá de la Naturaleza misma, para su explicación. La existencia de la Naturaleza no depende de nada, excepto de su propia esencia” (Hatnack, pp 95-130). Leibniz (1646-1716) imaginó que el mundo externo solamente existe como producto de cada conciencia individual, pero al mismo tiempo supuso que en el mundo externo existen sustancias inextensas a las que llamó mónadas.

(Foto arriba: FreeFoto.com)

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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