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El hombre y sus acciones responsables de la crisis

Insistimos en el papel del hombre en lo bueno y en lo malo que pueda ocurrir en nuestro sistema productivo. La anunciada reunión del Presidente del Gobierno con las 25 empresas más importantes del país parece ir en esa dirección. Alguien se ha dado cuenta al fin de que en términos de impulsar el crecimiento y el desarrollo los gobiernos, los impuestos y la preocupación artificial por lo social puede ser más rémora que empuje.

Guillermo de la Dehesa, en el libro que comentamos, La primera crisis financiera del siglo XXI, no se distancia mucho de otros economistas al interpretar los fenómenos económicos como fenómenos naturales que ocurren autónoma y automáticamente. Es verdad que insiste mucho en la condición humana que hay detrás de dichos fenómenos, en la psicología como explicación de las decisiones de los agentes económicos e, incluso, en los Animal Spirits de Keynes que tan claramente surgen en las crisis financieras y que llevan a las manías, histerias y pánicos. Cita mucho, por cierto, el libro del mismo título del Premio Nobel de 2001, George A. Akerlof, y del catedrático de la Universidad de Yale y colaborador del New York Times, Robert J. Shiller, publicado en español en 2009 por la editorial Gestión 2000.

La economía como una ciencia de la naturaleza.

Hay muchos economistas que todavía consideran a la economía como una ciencia similar a la astronomía. Los planetas están ahí y giran alrededor del Sol de forma natural, siendo los hombres los llamados a determinar las leyes que guían sus movimientos. Cambiar dichas leyes no nos es posible a los hombres ni tampoco, hoy por hoy, actuar sobre dichos giros. La economía que también está formada por procesos y movimientos diversos es interpretada, desde que los científicos sociales quisieron tener unas ciencias similares a la Física y a otras ciencias de la naturaleza, como algo que funciona solo, algo cuyas leyes de funcionamiento se pueden deducir pero sobre lo que es muy difícil actuar.

Adam Smith estableció este enfoque cuando indicó que la economía funcionaba automáticamente si cada persona buscaba su propio interés y respetaba las reglas de juego (utilizó en relación con ello la frase “dame lo que necesito y tendrás lo que deseas”). Su “mano invisible” nos ha llevado a considerar el mecanismo de mercado como la única regla válida para el funcionamiento de la economía. El intervencionismo periódico de los gobiernos preconizado por el Keynesianismo, es una pequeña variante del liberalismo económico, no es nada radicalmente distinto, y, de hecho, una mayoría de países capitalistas, defensores del mecanismo de mercado, lo practica periódicamente y lo ha practicado intensamente en la crisis actual. La verdad es que salvo las discusiones periódicas de economistas y de ciudadanos en general, la mayor parte de los países utilizan enfoques de Economía Mixta, que fue lo preconizado a lo largo de toda su vida por Paul Samuelson y otros economistas contemporáneos (Samuelson murió el 13 de diciembre de 2009). Por supuesto que a nivel de debates, muchas veces absolutamente teóricos, maximalistas y de lógica extrema, existen en nuestras sociedades las posturas encontradas de los socialistas/comunistas que creen en la intervención continua y fuerte del Estado en todo y la de los liberales/libertarios que creen en lo contrario. Ambos están fuera de la realidad de nuestro mundo.

De la Dehesa es consciente de esa interpretación de la economía y lo menciona con frecuencia en su libro. No es un autor, como podemos imaginar, al que se le queden fuera de su reflexión aspectos y dimensiones relacionadas con la economía y con la ciencia económica. No es fácil encontrar algo en lo que podamos enmendarle la plana, y tampoco, desde luego, es esa nuestra intención.

Sí es cierto que al explicar el planteamiento de su libro indica que los orígenes de la crisis han sido macroeconómicos, microeconómicos, teóricos y psicológicos, y dentro de estos últimos, como hemos dicho, menciona el papel de los “espíritus animales”, además de entrar ampliamente en la racionalidad limitada y en la irracionalidad de las decisiones de los hombres en términos económicos y financieros. Le falta, en mi opinión, dar un paso más, como a muchos otros economistas, y hablar del papel fundamental del hombre aislado y de sus acciones.

De nuevo deseo salvar al autor que comentamos de olvidos o errores, los cuales, por otra parte, pueden inventarse creando temas de discusión artificiales. De la Dehesa se extiende en el análisis de los fallos, errores y maldades llevados a cabo por bancos y otras empresas financieras, por organismos de regulación, empresas de rating y por instituciones diversas. No es indulgente con ninguna de ellas y hay que pensar que él sabe muy bien que detrás de todas esas instituciones hay hombres con sus intenciones, deseos y ambiciones.

Sin apoyarme por tanto en presuntos olvidos del autor quiero destacar el papel del hombre aislado en todo lo que tiene que ver con la economía y el lugar destacado que ocupa la acción humana en todos los procesos económicos.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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