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El largo camino de la ciencia y la tecnología: la aparición de las ideas abstractas

Dedicamos los próximos posts a hacer una incursión en la evolución del pensamiento del hombre, tanto el puramente intelectual y filosófico como el científico y tecnológico. Comenzamos por el momento en que las ideas abstractas surgen en la mente del hombre y éste es capaz de reconocerlas y hacer uso de ellas.

Las ideas como mapas o imágenes formadas en el interior del cerebro parecen ser el origen del hombre consciente tal como lo conocemos hoy.

Según los neurocientíficos la evolución del cerebro se ha producido para que los seres vivos puedan adaptarse a su entorno y subsistir. La percepción que tiene lugar a través de ciertos órganos desarrollados en las distintas especies (tacto, oído, visión, gusto etc…) produce con el tiempo neuronas que interpretan las señales recibidas del entorno y que a partir de un número elevado de ellas, y contando con su interconexión, producen circuitos que reproducen o generan de forma continua mapas o imágenes representativas de lo que se percibe. Dichas neuronas y su capacidad de generar imágenes terminan formando la mente, la cual a un primer nivel de desarrollo, no es algo exclusivo de los humanos. Sobre la mente se producirá el proceso menos conocido, y actualmente sometido a intenso estudio, de la construcción de la consciencia y de la aparición del yo personal.

Cuando un individuo antiguo de nuestra especie fue capaz de sentir dichas imágenes dentro de sí –muy vagamente al principio– y utilizarlas para actuar fuera de su propio cuerpo, es cuando algo cercano a nuestras actuales ideas abstractas surgió por primera vez. El hecho de que uno de esos antepasados nuestros comenzara a golpear una piedra de silex contra otra para producir un instrumento afilado con el que cazar mejor, o defenderse, marca el comienzo, de la artesanía (antecedente de lo que hoy llamamos tecnología), y en parte de la ciencia.

Posteriormente la mente fue creando ideas más perfeccionadas y surgió la primera inteligencia simbólica, mítica o mágica. Los hombres se hicieron sociales y aprendieron a representar su entorno. Surgió así la pintura en las cavernas y la representación gráfica de los animales con los que los hombres de aquella época convivían. Esa capacidad artística fue el segundo gran paso en la evolución de la mente humana. Tradicionalmente se conecta, como decimos, a la inteligencia mítica, la cual es muy anterior al leguaje, a la escritura y a la inteligencia racional. Las muestras plásticas más antiguas son de hace unos 70 a 80 mil años, pero los paleontólogos dicen que el cerebro del hombre más o menos como el actual surgió hace unos 200 mil años. El lenguaje y la escritura serían avances posteriores en la evolución del cerebro humano.

Parece haber por tanto un orden en la evolución que podría ser el siguiente: primero fueron las imágenes o ideas abstractas primigenias, segundo la artesanía o manejo de las manos para hacer utensilios (origen sin duda de la “tecnología” actual), tercero la inteligencia simbólica y el arte, cuarto la inteligencia mágica, quinto la inteligencia mítica, sexto el lenguaje, séptimo la escritura y octavo la especulación intelectual, la racionalidad y la lógica. La consciencia y el yo personal surgieron en algún momento de ese proceso (1).

Una de las capacidades originales del hombre, la artesanía, evolucionó durante muchos años en paralelo con el cerebro, la mente y la consciencia. En unos hombres, de hecho, se desarrolló la capacidad de hacer con las manos y en otros la capacidad de pensar y razonar. Ambas, como decimos, proceden de la capacidad de la mente de generar ideas abstractas.

La ciencia, por otra parte, puede considerarse parte del último de esos escalones evolutivos que situaremos después en la Grecia clásica, aunque con un sentido moderno puede haber surgido mucho más adelante en la historia de la humanidad.

Esas ideas generadas por la mente llevaron, como decimos, a la consciencia y con ella a la posibilidad de que el hombre se hiciera preguntas, primero, sobre el mundo en el que habitaba, y segundo, sobre sí mismo y sus congéneres. La ciencia, pues, va a ser inherente al hombre y a su desarrollo como ser humano. Su misión será la de plantear preguntas y obtener respuestas.

Durante muchos años, en un proceso que se nos antoja ahora enormemente lento, el hombre primitivo después de la piedras afiladas de silex, o puede que después de utilizar la quijada de un asno para matar a su hermano, fue aprendiendo más técnicas, digamos que artesanales, e introduciendo todos los instrumentos, herramientas y utensilios que han jalonado su historia. Fue además enseñando a otros a fabricarlos y es a través de la enseñanza, probablemente, como tuvieron lugar saltos adicionales en la evolución de su cerebro. El lenguaje hablado y más adelante el escrito, son ya adquisiciones cercanas a las capacidades actuales del cerebro y la mente de los humanos. En medio, como hemos dicho, aparecieron la inteligencia simbólica y la mítica.
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(1) Una nueva edición del libro clásico sobre la evolución de la consciencia, “Origen y Presente” de Jean Gebser, ATALANTA, Madrid, 2011, ha sido publicado recientemente y se puede encontrar actualmente en las librerías

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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