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El origen de la moralidad según los neurofilósofos

Se hace referencia en este post al último libro de Patricia Churchland, “El cerebro moral”, ya mencionado en este blog. Es un libro en el que se buscan los orígenes de la moralidad a la luz de los últimos avances de las neurociencias y en parte de los avances en el conocimiento de los genes y de la base genética del hombre. La autora, una conocida neurofilósofa, y a la vez científica, explica cosas ya conocidas como la evolución del hombre y de su cerebro basada en su lucha por la vida y la supervivencia. Rastrea la aparición del interés del hombre por sus hijos y sus familiares y su extensión al interés por los que viven en sociedad con él, todo basado en el beneficio propio que encuentra en ello, pero que genera normas de conducta que dirigen la actuación del hombre. Lo hace, y esto es lo novedoso, utilizando los avances recientes en las neurociencias y en la genética

El origen de la moralidad según los neurofilósofos
El libro de Patricia Churchland al que ya hemos hecho referencia, El cerebro moral, es otro de los que últimamente se han ocupado de determinar si el hombre es un robot automático en sus decisiones o si es libre y  su conciencia (o. consciencia, si se quieren unir más nuestros razonamientos al tema básico de este blog) formada por conceptos abstractos, es decir, por ideas, qualia, o creencias, es la responsable de su comportamiento.

Churchland cree con dudas que el hombre es libre y que la moral existe en su cerebro, pero todo su libro está dedicado a explicar cómo dicha moral se forma o se crea en la mente del hombre de forma natural, es decir, física, biológica o neuronalmente, En otros trabajos razona en contra del libre albedrío pero en el que comentamos deja el tema al menos entre signos de interrogación.

Como ya hemos dicho en varias ocasiones Patricia Churchland forma parte del grupo actual de los neurofilósofos, es decir, filósofos de formación y de profesión que tratan de elaborar sus explicaciones metafísicas sobre la base de los avances de las neurociencias e, incluso, sobre la de los avances de la biología y la fisiología. Su libro, como otros anteriores, parece tanto un libro de filosofía como uno de estudio del cerebro desde el punto de las neurociencias. Sus conocimientos son profundos sobre estas áreas de actividad científica y de hecho su actividad profesional se desenvuelve alrededor de ellas. Su propio trabajo actual en la Universidad de San Diego lo hace patente ya que además de profesora de filosofía es profesora adjunta en el Instituto Salk de estudios biológicos y asociada al laboratorio computacional de neurociencias.

Lo que explica  en el libro con mucha erudición científica, social y filosófica, es lo que ya dijeron a lo largo de la historia filósofos como Aristóteles (384-322 a.C.), el filósofo chino Mencio (siglo IV a.C.), David Hume (1711 – 1776) y Adam Smith (1723 – 1790), y que algo más tarde confirmó Charles Darwin (1809 – 1882) con su teoría de la evolución de las especies. Todos estos autores y muchos otros creen en un origen natural de la moralidad y piensan, como es el caso de Hume, que la moralidad  está ligada a la naturaleza  humana a través de los cuatro componentes básicos de la sociabilidad del hombre: el cuidado de uno mismo, el cuidado de los demás, la teoría o explicación de la mente y la resolución de problemas sociales.

Churchland cree que los avances recientes de las neurociencias confirman esas intuiciones y razonamientos y se detiene en explicar inicialmente temas  como: las restricciones que la evolución impone a la conducta social y moral,  la evolución del cerebro de los mamíferos y la forma en que éste favorece el cuidado y la atención de los demás, analizando el papel en ello de hormonas como la oxitocina (u hormona del amor) y la vasopresina, la vida social y la forma cómo se relacionan los estados mentales con las habilidades sociales, la formación de las normas y la adopción de las leyes en el terreno de la conducta social, y las relaciones entre religión y moralidad.
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Entra con detalle en la cooperación humana y analiza cómo la indicada oxitocina es muy importante para generar confianza y cooperación.
Toca también en uno de los capítulos de su libro el tema de los genes, siendo enormemente prudente en este terreno ya que hay muy pocos indicios científicos de las relaciones de los genes con temas cerebrales y de conducta.  Sobre ellos y su relación con las ideas abstractas hay, hoy por hoy, muy pocos conocimientos y así lo deja indicado nuestra autora.

Como muchos otros naturalistas cree que todo surge en el hombre y en su cerebro por el egoísmo de defenderse asimismo y de subsistir. La lucha por la vida lleva a la sociabilidad y a la aparición de lazos entre padres e hijos. Da mucha importancia a la unidad familiar como base de la moralidad y del interés de unos hombres por otros. La vida social los extiende y siempre, según sus explicaciones, por los beneficios que el hombre obtiene de ello.

Une todo ello a la evolución del cerebro humano adentrándose algo en los receptores químicos de las hormonas anteriormente mencionadas y en los complejos  circuitos de las estructuras límbicas, el tallo cerebral y las estructuras de la corteza prefrontal.

El resumen es que la libertad individual y la conducta moral existen en el hombre pero que los códigos que lo permiten, diríamos que códigos mentales, es decir, abstractos, se han formado en el hombre naturalmente y son producto de la evolución.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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