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El retorno del “Supply Side”

La Escuela Austriaca de Economía propone, como se sabe, un estado poco intervencionista, un equilibrio en los presupuestos públicos, unos mercados poco regulados, un enfoque microeconómico y una mayor atención a los innovadores y a los emprendedores. Es lo que ha predicado en años anteriores la llamada teoría economía del lado de la oferta o “supply side economics” .

Las indicaciones de los últimos posts relacionadas con la crisis económica actual terminan llevándonos a la necesidad de actuación por el lado de la oferta. Por el lado de la demanda, es decir, el del gasto público, el consumo, la inversión y las exportaciones, hay muy poco que hacer. El gasto público tiene que reducirse en vez de aumentarse que sería lo lógico, ya que lo que toca ahora es disminuir el déficit público y la deuda acumulada del país.

El consumo, por otra parte, crece cuando la renta disponible de las familias aumenta y dicha renta está bajo mínimos y seguirá así por mucho tiempo a la vista de la evolución del desempleo. No nos engañemos a este respecto, el desempleo es en España mucho más alto de lo que indican las estadísticas oficiales. Como dice un constructor autónomo conocido mío que no está en el desempleo pero que no trabaja desde hace dos años y que vive con angustia de sus escasos ahorros, “ya sólo trabajan “ellos”, es decir, el gobierno y las administraciones públicas, los partidos políticos, los sindicatos y los bancos y cajas de ahorros”. Lo mismo ocurre con una mayoría de los arquitectos, con bastantes notarios, con abogados, con consultores y con multitud de otros profesionales. Una clase media exangüe que se muere a borbotones en medio de terribles tragedias personales y familiares. ¡Menudo panorama!

En cuanto a la inversión, sabemos que tiende a crecer cuando los tipos de interés son bajos, pero siempre que los bancos den créditos, cosa que no ocurre en la actualidad. Y para exportar, por último, hay que ser competitivos, por un lado, y disponer de una divisa baja en comparación con otras, por otro.

La única posibilidad, por tanto, es pensar en la oferta, es decir, en la producción. Pero, ¿cómo producir sin demanda?. Esa es la cuestión.

“Supply side”

Lo que sabemos al respecto procede de las teorías del “supply side economics” que tienen, por cierto, mala fama. No debía ser así ya que el término, como se sabe, sólo significa “lado de la oferta”, y en todo caso, “teoría economía del lado de la oferta”. Pero el “supply side” ha quedado unido en la historia de la economía al pequeño “movimiento” con ese nombre de unos cuantos economistas surgido a mediados de los años 70 del siglo pasado y utilizado intensamente por Ronald Reagan a partir de su elección como 40 presidente de los Estados Unidos en 1980. Supply side hoy es sinónimo de la llamada Reaganomics, o política económica impulsada por este presidente a lo largo de sus dos mandatos (1981-1989). Política sustentada en los siguientes cuatro pilares: 1) reducción de los gastos del gobierno; 2) reducción de las tasas de impuestos sobre la renta y sobre los beneficios de las empresas; 3) reducción de la regulación pública, y 4) control de la oferta monetaria para mantener baja la inflación.

Con frecuencia se compara con el Thacherismo inglés utilizado por Margaret Thacher en su larga etapa como primer ministro del Reino Unido de 1979 a 1990. Ambos, junto con políticas similares utilizadas en otros países de raíz anglosajona como Australia y Nueva Zelanda, dieron lugar al neoliberalismo económico que se extendió por el mundo en las décadas de los años 80 y 90 y en el que hemos estado mayoritariamente hasta el 2007.

La locura del “supply side” de esos años se debe en gran manera a las propuestas sorprendentes de varios economistas populares entonces como Arthur Laffer, Robert Mundell (premio Nobel de Economía de 1999) y otros, así como a la labor ingente del periodista de temas económicos Jude Wanniski, fallecido en 2005 y autor de un libro notable “The Way the World Works”. Todos creían que si se eliminaba la horquilla más alta de la tasa de impuestos sobre la renta y se reducía la tasa de impuestos sobre beneficios empresariales, los ingresos públicos no sólo no disminuirían sino que podrían aumentar vía mayor crecimiento de la economía en su conjunto. La llamada curva de Laffer se hizo muy popular en la época a pesar de demostrarse que era un pequeño truco que no se cumplía en la realidad.

Ni la curva de Laffer ni las promesas de Mundell en cuanto a que los ingresos procedentes de los impuestos subirían con la reducción de las tasas se cumplieron, pero al menos los países desarrollados y el mundo en su conjunto vivieron una larga época de recuperación económica.

Sin entrar en esas promesas excesivas la política económica del lado de la oferta puede ser aconsejable en tiempos como los actuales y en un país como el nuestro. Puesto que nada se puede hacer por el lado de la demanda algo deberíamos intentar por el lado de la oferta, sobre todo cuando la reducción de impuestos es sólo uno de los componentes de “la economía del lado de la oferta” y no el más importante. Más lo son el énfasis de esta economía en lo microeconómico, en lo empresarial y en lo que tiene que ver con la desregulación, liberalización de sectores y eliminación de restricciones en general.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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