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El río que nos lleva

Utilizamos como título de este post el de la famosa novela de José Luis Sampedro publicada en 1961 y de la película de 1989 dirigida por Antonio del Real. Se describen en ellas la vida de los “gancheros”, un oficio ya desaparecido que se ocupaba de transportar troncos por el río Tajo desde las serranías de la Cordillera Ibérica del norte de Guadalajara hasta las vegas de Aranjuez. Eran hombres aguerridos que vivían del río y tenían que conocerlo a fondo y ser hábiles además para transportar los troncos muchos kilómetros río abajo. Nuestras sociedades son como ríos de los que dependemos, con la particularidad además de que no sólo tenemos que movernos bien en ellos sino ocuparnos de que la corriente fluya y el agua no se agote. La corriente en las sociedades humanas es el flujo de bienes y servicios y el río mismo, su cauce y su leyes de funcionamiento, es lo que llamamos “sistema”.

(Imagen del principio tomada de “el grifo información”. http://www.elgrifoinformacion.com/texto-diario/mostrar/498353/economia-bien-comun. Procede por otra parte de las publicaciones de Christian Felber)

El río que nos lleva

Hemos hablado en posts anteriores del hundimiento periódico de nuestro sistema, y de forma continuada hablamos del sistema del que dependemos al que por cierto se oponen los grupos de la sociedad a los que llamamos “anti-El río que nos lleva o los sistemas económicos de los que dependemossistema”. Nunca hasta ahora hemos definido el “sistema” en cuestión, aunque todos entendemos  que se trata del mecanismo — o mecanismos–   que mantiene vivas a las sociedades modernas, en equilibrio y con una paz razonable.

A diario se admira uno de que no nos matemos unos a otros continuamente en la calle, como ha ocurrido en muchas épocas de la historia, de que no existan conflictos que destruyan totalmente la economía y la sociedad, como ocurre hoy en Venezuela, o de que la economía mal que bien funcione a lo largo de los años. No nos damos mucha cuenta de ello pero el que altos porcentajes de la población puedan vivir más o menos bien durante generaciones es algo que no ha ocurrido siempre en la historia de la humanidad.

A muchos nos parece que mantener el sistema en funcionamiento es lo más importante en nuestras sociedades y nos aterra tanto el que algunos quieran destruirlo desde fuera, como que otros lo destruyan desde dentro. Los primeros con revoluciones y cambios radicales de incierto resultado y los segundos sin prestar atención a la vida comunitaria y al bien común o pretendiendo objetivos personales, o de grupos, fuera de lugar.

El hombre es fundamentalmente un ser social y necesita de un sistema de funcionamiento que haga posible la vida en sociedad. La política, la sociología y la economía como áreas de conocimientos y como prácticas de actuación deben estar unidas y al servicio de la vida en sociedad. Las tres deben tener como objetivo el bien común. Los hombres tenemos que convivir cada vez más estrechamente y cada vez más comunitariamente.

Economía mixta

La economía para empezar, debe ser una economía mixta tal como es hoy en una mayoría de países después de muchos años de prueba y error. Los hechos nos lo muestran y el que esto escribe ha tenido la experiencia directa de ello desde el comienzo de su vida profesional.

La economía ensañada en los Estados Unidos, y por extensión en medio planeta, en los últimos años 60 y primeros 70 del pasado siglo, era Economía Mixta, dicho así, con mayúsculas. Paul Samuelson (1915-2009), el autor que nos enseñó economía a muchos a través de las múltiples ediciones de su libro Economics: An Introductory Analysis, con más de 19 ediciones hoy y 4 millones de copias en más de 40 lenguas mundiales, hablaba siempre de economía mixta y lo hacía como si fuera el último y definitivo escalón al que la economía como ciencia social había llegado y podía llegar. El mundo que describía y la teoría económica que explicaba su funcionamiento parecían algo completo, perfecto y muy bien estructurado. Todas las piezas encajaban en aquella época en la que todos éramos keynesianos.

Algo anterior, como economista de reconocido prestigio mundial que muchos conocíamos y admirábamos, y como casi el único autor de bestsellers económicos al que todos leíamos, fue John Kenneth Galbraith (1908-2009), un keynesiano también pero institucionalista y líder indiscutible del llamado Liberalismo Americano. Él también reconoció la economía real existente como una mezcla de iniciativa privada y papel del Estado.

La economía institucionalista

El que esto escribe que llegó a la Universidad de Pennsylvania el último año de la década de los 60, lo conoció personalmente (no en dicha Universidad en la que nunca enseñó) y habló con él en varias ocasiones, recibiendo lecciones magistrales de historia y de teoría económica. Por cierto que en una ocasión oí la presentación que hizo de él un conocido personaje en una conferencia pública, creo que fue en Chicago, y me impresionó porque lo que dijo se correspondía con lo que nos había ocurrido a muchos aficionados a la economía hasta aquella época. Dijo: “yo soy una persona de un solo Dios, un solo Papa y un solo Economista, John Kenneth Galbraith”.

Fue un hombre enormemente popular hasta su muerte, con casi 100 años, pero nunca fue premiado con el Nobel de Economía. Samuelson sí lo fue, en 1970. Fue, de hecho, el primer economista americano en recibir dicho premio, instituido, como se sabe, en 1969 y otorgado en su primera convocatoria a Ragnar Frisch (1895-1973) y Jan Tinberger (1903-1994).

Galbraith me habló con detalle de Veblen, al que admiraba, pero al que nunca conoció personalmente ya que cuando llegó a Berkeley Veblen ya se había marchado de aquella universidad. La economía institucional o institucionalista, iniciada por Thorstein Veblen (1857-1929) y más formalmente por John R. Commons (1862-1945), se supone que es una concepción progresista de la economía y pone énfasis no sólo en la racionalidad y el equilibrio sino también en la evolución de los sistemas de producción, en el aprendizaje, en el papel de la tecnología y sobre todo en las instituciones y en las relaciones institucionales y sociales. Karl Marx (1818-1883) es en su origen un institucionalista y   pertenece a la tradición del institucionalismo.

Síntesis neoclásica-neokeynesiana

Lo que yo he visto siempre en los economistas mencionados y en otros muchos, no citados aquí por falta de espacio, pero bien conocidos, exceptuando claro está, a Marx, por su racionalismo e idealismo excesivos, por su mesianismo y por su totalitarismo, es que no le hacen ascos a las síntesis de interpretaciones varias. Samuelson, de hecho, puede considerarse el iniciador del neo-keynesianismo y uno de los creadores de la síntesis neoclásica, a la que probablemente hayamos vuelto ahora. Algunos consideran el pensamiento económico actual es la síntesis neoclásica-neokeynesiana, es decir, para mí, el resurgimiento y aceptación de la economía mixta.

Pero volviendo a mi propia experiencia, debo decir que los que me conocen saben que aprendí economía también, y econometría, con Lawrence R. Klein (1920-2013), con el que he colaborado toda mi vida hasta su reciente fallecimiento en octubre de 2013, y a través del que he sido miembro y sigo siéndolo del Proyecto LINK, creado por él y hoy radicado en las Naciones Unidas. Klein era sólo cinco años más joven que Samuelson pero a pesar de ello hizo su tesis doctoral con él, siendo conocida la declaración hecha por Samuelson en el sentido de que la de Klein fue la primera y al mismo tiempo la mejor de todas las que dirigió en su dilatada carrera académica.

Intervencionistas vs liberales

Klein fue premiado con el Nobel en 1980 y es considerado el padre de la econometría moderna. Sus modelos econométricos, que difundió por todo el mundo, eran modelos de demanda y de concepción keynesiana. Parte de su tesis doctoral fue publicada en forma de libro con el título de The Keynesian Revolution. Siempre admitió la existencia en las economías de sectores públicos y privados, nunca se opuso al papel regulador del Estado y le parecía normal que existieran servicios públicos como la sanidad, la  educación y otros, además de considerar que el Estado tenía un papel que jugar en la regulación de los mercados y de la economía en su conjunto. Durante muchos años fue asesor de sucesivos gobiernos chinos y nunca le oí nada que no estuviera relacionado con la eficiencia y el equilibrio, dos condiciones básicas para que nuestras sociedades funcionen.

Samuelson, por su parte, se hizo keynesiano porque la economía neoclásica que había estudiado parecía mostrar fuertes disonancias con el mundo que había surgido tras la Gran Depresión, en el que el papel del Estado era mucho más importante de lo que se había considerado a lo largo de todo el siglo XIX y desde que la economía surgió como ciencia a partir de 1776 con la obra destacada de Adam Smith (1723-1790), La Riqueza de las Naciones.

Sobre todas estas cuestiones, en cualquier caso, lo mejor es no hacer dogmas de ellas, declararse keynesiano o liberal al modo europeo (libertario quizás), o ser favorables de la intervención del Estado o de la libertad personal y del mecanismo de mercado, no debe impedir ser pragmáticos a la hora de actuar. El keynesianismo funciona unas veces y el liberalismo funciona otras. Nada hay de malo en adscribirse unas veces al intervencionismo y otras al liberalismo. Continuamos hablando de ello en futuros posts.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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