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El telégrafo en América

Seguimos comentando en este post la introducción de telégrafo en el mundo. Hacemos ahora referencia a lo ocurrido en los Estados Unidos, después de haber dado unas indicaciones, breves desde luego, sobre  sobre lo que tuvo lugar en Inglaterra. Como ya hemos visto con otras innovaciones tecnológicas de los siglos XVIII y XIX, se superponían en aquellas épocas las actividades de invención, emprendimiento, comercialización e introducción en el mercado de los nuevos productos y servicios hasta hacerlos un éxito, las cuales eran llevadas a cabo, con frecuencia, por una misma persona.

images (2)En los Estados Unidos mientras tanto se producía un proceso similar de la mano de otro inventor-emprendedor, el ya mencionado Samuel Morse, pintor de profesión, que a los 41 años se obsesionó por la comunicación personal a distancia y por el telégrafo en concretó, y no paró hasta hacer de la redes telegráficas un imperio económico.

Su obra es muy notable pues sin conocimientos previos de electricidad se encerró en su despacho de pintor con unos cuantos instrumentos convencionales y construyó un primer telégrafo que funcionaba con un lápiz que trazaba una línea mientras actuaba la corriente eléctrica y un péndulo que transformaba la línea en un zig zag cuando no había corriente. Perfeccionó el primer aparato y en 1937 solicitó una patente del mismo. A diferencia de lo ocurrido con Cooke que vio su patente aceptada en cuestión de  Morse tuvo que esperar hasta 1941. Fue un largo periodo en el que Morse demostró su tenacidad y su madera de empresario, sobre todo teniendo en cuenta que su primer telégrafo era menos elegante y sofisticado que el de Cooke y que las condiciones públicas y privadas en los Estados Unidas no eran tan propicias como las de Inglaterra para esta nueva invención.

Entre sus primeras medidas positivas se encuentra la de creación de un equipo muy eficiente formado por él mismo, por Leonard Gale (1800- 1883), un profesor de química de la Universidad de Nueva York y por un estudiante muy inteligente llamado Alfred Vail (1807 – 1859). Este último, primo del magnífico director general en dos ocasiones de AT&T, Theodre Vail (1845 – 1920) , provenía de una familia propietaria de una gran empresa fabricante de maquinaria de New Jersey.

Los primeros recursos financieros para las actividades del grupo vinieron  de la familia Vail a cambio de un 25 % de la empresa de Morse. Con esa primera aportación la empresa consiguió fondos adicionales los cuales permitieron la construcción de una primera línea de 1000 pies de distancia a través de la que se enviaron con éxito mensajes diversos.

El mismo año de 1837 el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos anunció su proyecto de crear una extensa red de comunicación a distancia. Morse y los suyos se prepararon bien, hicieron lobby y se esforzaron para presentar su sistema,  pero finalmente el proyecto del gobierno norteamericano no se llevó a cabo en aquella primera ocasión.

Morse, como hombre de acción que era, se marchó entonces a Europa y llegó  hasta la misma Rusia tratando de vender su sistema telegráfico. No tuvo éxito, entre otras cosas porque el sistema de Cooke estaba ya bastante difundido y en expansión en toda Europa.

A su vuelta a los Estados Unidos se reunió con el gran científico e inventor Joseph Henry (1797-1878)  (inventor también de un telégrafo anterior al de Morse que no patentó ni difundió) el cual lo ayudó de forma importante entre otras cosas mejorando el funcionamiento de las redes telegráficas mediante el uso de relés como repetidores, un invento destacado de Henry.

En 1841, tras conseguir la patente de su invento, Morse se decidió a hacer un nuevo esfuerzo cerca de las autoridades en Washington y esta vez tuvo éxito. Consiguió 30.000 dólares de financiación y comenzó a construir una línea telegráfica entre Washington y Baltimore. Para entonces se había unido al equipo inicial otro destacado personaje, Ezra Cornell (1807 – 1874) y se había reasignado el trabajo de cada uno. Gale se encargó de los cables y las baterías, así como de las compras; Vail de la tecnología de los equipos de emisión y transmisión; Cornell de la excavación de zanjas y tendido de líneas; y Morse de la planificación y dirección general.

El proyecto tuvo dificultades de todo tipo, incluyendo desavenencias personales, y una técnica muy peligrosa consistente en que los cables enterrados se deterioraban con rapidez por enmohecimiento y el aislamiento fallaba.  Morse tomó la decisión de tender los cables aéreamente colgados de postes de madera, método que terminó por imponerse para el teléfono posterior, la electricidad y otras redes.

 

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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