2 revolucion industrial consecuencias

Electromagnetismo y actividad económica

En línea con lo que se pretende en este blog, relacionado en parte con la evolución del hombre y de su mente a través de los avances científico-tecnológicos, nos referimos brevemente en este post a los impactos económicos y sociales producidos en el siglo XIX por el desarrollo de la industria eléctrica. El capitalismo se afianzó y se expandió entonces de forma destacada surgiendo de forma generalizada la figura del inventor-emprendedor, además de otras figuras e instituciones.

Champagne Bridal Veil Two Tier Fingertip Length Circle Veil Hand-cut Pencil EdgeEn los posts anteriores hemos adelantado algo sobre el impacto económico y social de la nueva revolución tecnológica que supuso la electricidad y electromagnetismo y las transformaciones de todo tipo que dicha revolución produjo en el mundo. Se ha hecho referencia al proceso de innovación y cambio que tuvo lugar a lo largo del siglo XIX y se han mencionado personajes importantes como Edison, von Siemens o Tesla que lo hicieron posible, y a ello nos referiremos en lo que sigue con más detalle. Pero antes hay que recordar que la electricidad sola, es decir en forma de corriente eléctrica enviada a través de cables metálicos conductores, había sido objeto de aplicaciones diversas desde principios del siglo cuando se perfeccionó la pila de Volta (1745 – 1827) y el inglés Humphry Davy (1778 – 1829) construyó la primera gran batería en el sótano de la Royal Institution. La electroquímica y la electrolisis fueron dos de ellas, a las que también hemos hecho referencia ya.

Más importantes que esas y otras aplicaciones fueron el telégrafo y el teléfono, por más que esta última sea, como se sabe, una mezcla de corriente eléctrica e inducción electromagnética, y de hecho el telégrafo y sus aparatos emisores y receptores muy pronto pasaron a ser equipos electromagnéticos, por no hablar de la generación de electricidad que antes de que las leyes electromagnéticas fueran formuladas, ya, el fenómeno en sí del electromagnetismo, había sido empleado para generar corriente eléctrica. El electromagneto del inglés William Sturgeon (1783 – 1850) presentado en 1825 fue el primer motor eléctrico práctico, pronto seguido de la dinamo de  Zénobe Gramme (1826 – 1901) y otros avances. Pero, en cualquier caso, tanto el telégrafo como el teléfono fueron desde su aparición en el siglo XIX dos aplicaciones masivas, de éxito y de gran impacto.

Hacemos  a continuación unos comentarios sobre ellas sobre todo para resaltar varios componentes del sistema capitalista que se consolidaron en su difusión en la sociedad, entre ellos: a) la figura del inventor-emprendedor u hombre de acción que construye el mundo y hace y resuelve, una de las características fundamentales de la naturaleza humana; b) la consolidación adicional del concepto de empresa y la institucionalización de la idea de responsabilidad limitada; c) la realización de instalaciones y la puesta en marcha de actividades como la prestación de servicios para obtener beneficios; d) la financiación de los proyectos tecnológicos e industriales con recursos financieros públicos y privados; e) la construcción de grandes infraestructuras extendidas geográficamente; f) el papel regulador del Estado y la necesidad de intervenir en los procesos económicos; g) la necesidad de introducir sistemas incentivadores de los esfuerzos de creatividad e invención como el sistema de patentes (algo que hunde sus raíces en la Italia del siglo XV, pero que tomo fuerza en Europa y América a finales del siglo XVIII, con la difusión de la Primera Revolución Industrial); y h) la consolidación de los servicios bancarios o instituciones de financiación, con la formalización del concepto de riesgo y su empleo en las actividades económicas privadas.

No es que todos esos elementos de la actividad económica y empresarial de los hombres surgieran entonces, es decir, en el siglo XIX, pero sí que después de desarrollarse con fuerza desde el comienzo de la Revolución Industrial a mediados del siglo XVIII experimentaron perfeccionamientos y mejoras notables con la electricidad y el electromagnetismo.

Muchos de ellos, por otra parte, constitutivos de la forma de organizarnos económica y socialmente que llamamos “capitalismo”, aparecieron incipientemente varios siglos atrás, quizás con los primeros imperios comerciales como el de Venecia a partir del Siglo IX y los posteriores de Génova, Portugal, España, Holanda e Inglaterra. Surgió en ellos el comercio, especialmente el relacionado con las largas distancias alcanzables marítimamente. Las grandes naves de carga y todo lo relacionado con la navegación fueron las áreas tecnológicas activas de esas épocas, las cuales, como siempre ocurre con la tecnología, contribuyeron de forma destacada al crecimiento económico, a la creación de valor y plusvalías y a la acumulación de riqueza y enriquecimiento público y privado. En ese segundo grupo de actividad surgieron entonces clases sociales tales como los comerciantes, los financieros modernos y otros, y, en los dos, clases profesionales nuevas que asimismo contribuyeron a un aumento generalizado del nivel de vida de las sociedades europeas y, por decirlo con un término que se abriría paso más tarde, al “desarrollo” económico y social.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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