Esoterismo y Mundo Interior del Hombre

Seguimos refiriéndonos en este post al recorrido de Gary Lachman por el esoterismo, la teosofía y el New Age. Es un recorrido en realidad por aquellos autores y personajes que han creído profundamente en los últimos tiempos en el mundo de la mente, de las ideas abstractas y de la consciencia, el mundo de la realidad interna del hombre, que no vemos ni tocamos pero que reconocemos como real. La palabra esoterismo significa exactamente eso, estudio del mundo interior, del lado interno, de lo de dentro, aunque en los últimos tiempos se haya unido mucho más al ocultismo, la magia y el mundo de las sectas. Lachman entra en estas cuestiones porque ama y defiende la subjetividad del hombre y nosotros lo revisamos porque estamos interesados en revitalizar ese mundo ya que nunca como ahora puede defenderse en paralelo y complementariamente al exoterismo, es decir, al mundo exterior que vemos y tocamos. La mecánica cuántica nos da pie a ello.

Esoterismo y Mundo Interior del Hombre
Continuando directamente con lo indicado en el post anterior debo decir que en un momento determinado hemos entrado en este blog en la diferenciación entre materia y espíritu, entre cerebro y mente, o entre neuronas e ideas abstractas, y hemos comprobado que el tema constituye algo sin resolver todavía y de difícil solución, por no decir imposible, con las interpretaciones materialistas y deterministas de la ciencia actual.
 
De la mano de la anterior hemos pasado de una forma natural a la mecánica cuántica, un terreno en el que se unen lo tangible y lo intangible y en el que la consciencia se interrelaciona con la materia.
 
Hemos visto entonces que desde muy antiguo los filósofos se han dedicado a hacer especulaciones extremas sobre la naturaleza de la realidad física, siendo muy difícil poner límite al esoterismo generado porque, así como la ciencia se refiere a lo que vemos, tocamos y medimos y tiene siempre la limitación del método científico, es decir, de la comprobación y de la demostración empíricas, la filosofía no tiene límites y algunos filósofos van demasiado lejos en sus especulaciones. 
 
Gary Lachman  (nacido en 1955) no es de esos pero cree que la subjetividad del hombre es algo muy importante que no hay que eliminar sino cuidar y potenciar. Tratando de defenderla entra en lo que él llama “la historia secreta de la consciencia” y analiza en su libro el esfuerzo de ciertos personajes históricos por defender el mundo de las ideas y del espíritu ante el avance arrollador de la ciencia, del materialismo y del determinismo.
 
Los primeros movimientos modernos en esa dirección surgen en la Europa del siglo XIX y son una reacción al avance arrollador de la ciencia y al predominio de la física, del materialismo y del determinismo, como acabo de decir. Un avance, como sabemos, potenciado no sólo por los éxitos de la ciencia y de la tecnología desde la Revolución Científica de los siglos XVI, XVII y XVIII y desde la primera revolución industrial iniciada a mediados del siglo XVIII, sino por la labor difusora de conocimientos de la Ilustración y por su contribución a una nueva concepción del mundo, material y física, y dirigida por la ciencia y su método.
 
Muchos hombres con fuerte capacidad para la introspección, con mentes muy activas y algunos con experiencias místicas, reaccionaron con fuerza desde primeros del siglo XIX en contra, no precisamente de la ciencia, pero sí del materialismo, del reduccionismo científico y del determinismo. Consideraron que hay un mundo paralelo al físico e igual de real que se desarrolla en la mente de los hombres y que es el que debe utilizarse como guía para entender nuestro mundo, lo que somos los hombres y lo que hacemos en él. Ese mundo, muy ligado a lo que llamamos consciencia, se conecta, por otra parte, a una cosa que siempre se llamó la “consciencia cósmica” y que formaba parte desde muy antiguo de las interpretaciones hindúes y de otros pueblos orientales.
 
Lo que hace Gary Lachman en su libro, Una historia secreta de la consciencia, es una revisión histórica de las interpretaciones diversas de esas personas amantes de lo espiritual y de lo subjetivo, desde principios del siglo XIX hasta nuestros días. Lo hace porque él mismo es un amante de la subjetividad del hombre y porque está  alarmado del peso en nuestros días de los que quieren reducirlo a una simple máquina o a un robot físico-químico.
 

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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