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Futuro tendencial: consideraciones generales

Las tendencias identificadas en el estudio de refrencia realizado por el autor, que utilizamos aquí, permiten establecer un futuro tendencial, lógico o más probable. Se comienza haciendo consideraciones generales relacionadas con tal futuro.

Determinar el futuro más probable — o futuro tendencial — de nuestro mundo es una tarea harto complicada. La abundancia y diversidad de tendencias, muchas de ellas contradictorias unas con otras, hacen difícil el ejercicio de imaginar dicho futuro. Nuestro mundo se nos presenta hoy con características caóticas, aunque los hombres están aprendiendo con rapidez a enfrentarse a tales situaciones. Algunos autores hablan incluso de mundo confuso o de situación confusa, cosa, por cierto, bastante incorrecta y que puede desalentarnos. Las cosas — el mundo real, el medio ambiente de todo tipo que nos rodea — pueden ser complejas, enrevesadas y complicadas, pero no serán nunca confusas, ya que esto último es un atributo exclusivo, o característica, de la mente humana. Las cosas reales nunca pueden ser confusas y en cuanto a nuestra mente, dedicamos estudios como el presente a conseguir el objetivo de evitar la confusión.

Buscamos claridad respecto al futuro que nos espera y las tendencias y otras dinámicas de cambio estudiadas permiten establecer un proceso de evolución probable de nuestras sociedades y un escenario inercial o tendencial sobre ellas mismas y su contexto hacia el que nos dirigimos.

Lo primero a destacar es que nuestro mundo, a pesar de su pasado reciente de conflictos y enfrentamientos y de su presente amenazante y problemático, tiende a una cierta estabilidad y convergencia. Aunque a veces de la impresión de que no avanzamos en organización y gobierno mundial, de que los conflictos y enfrentamientos de todo tipo, incluidos los armados, permanecen, de que los grandes problemas como el subdesarrollo y la pobreza continúan siendo graves, de que la tecnología no avanza lo suficiente para solucionar todos nuestros problemas, de que los sistemas económicos y políticos establecidos no funcionan adecuadamente, etc…, es difícil no reconocer que el mundo en su conjunto ha avanzado de forma considerable en lo que podría denominarse: equilibrio, entendimiento y orden.

Algunos no aceptarán esta apreciación, especialmente ahora que nos enfrentamos a una gran crisis económica, a problemas de enorme alcance de carácter medioambiental y a conflictos diversos de gran envergadura, pero nuestro mundo parece no tener comparación con el del recientemente pasado siglo XX. No sólo las dos guerras mundiales que asolaron el planeta en ese siglo son una muestra de su conflictividad excesiva sino la propia Guerra Fría bajo la que vivimos casi 45 años (de 1947 a 1991) fue una época considerablemente más grave que la actual. La simple lectura del libro de Bertrand Russell Has Man a Future?, escrito en julio de 1961 en plena Guerra Fría y justo en el momento de la gran confrontación de Kennedy y Kruschov por los misiles instalados en Cuba, puede servir para darnos cuenta de lo crítico de la situación mundial en aquella época.

Hacia final de ese siglo los hombres dieron un paso de realismo y coherencia. La Perestroika, iniciada en 1985, y la disolución de la Unión Soviética, acontecida en 1991, llevaron a la idea de que sólo había un camino para la humanidad en el que todos deberíamos converger. El enfrentamiento ideológico que había sido la fuerza impulsora de la mencionada Guerra Fría, desapareció de un plumazo, o al menos así se interpretó en la mayor parte de los países, incluidos los más implicados

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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