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Grexit: El desenlace

Terminamos con este post los cinco dedicados al Grexit, crisis griega, o posibilidad de que Grecia salga del Euro. Nadie desea tal acontecimiento, considerado malo para todos, pero las espadas están en alto en relación con él. Los acuerdos alcanzados entre, digamos, los países europeos y Grecia, no son sólidos ni fáciles de cumplir, más bien parecen un paripé o una huida hacia adelante en espera de no se sabe qué. Se opina en lo que sigue sobre las preguntas abiertas en relación con este problema.

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Para los griegos las respuestas correctas o justas a las preguntas planteadas al final del post anterior son lo de menos. Su situación es igual a la enfrentada por cualquier persona con la necesidad de pedir un crédito para sobrevivir: aceptarán las condiciones que les impongan.

En términos menos acuciantes, es decir más teóricos, cada uno tendrá una respuesta a estas preguntas pero por mi parte, y en lo relativo a la pertinencia del pago, opino que lo de menos es que sea razonable o deje de serlo, se trata de una exigencia de los países acreedores que son los que tienen la sartén por el mango. Y si se me pide más precisión creo que los griegos deberían intentar pagar la deuda sin quitas para que el sistema financiero europeo no se venga abajo. Esto es lo más razonable por muy ingrato que parezca. ¡Un país pequeño, y pobre de momento, salvando al resto de opulentos países!. Eso es lo que hay.

En cuanto a las medidas técnicas y de modernización, yo creo en ellas y las considero necesarias, pero al lado de las mismas alguien debería escribir el sufrimiento requerido a la población griega. Tal cosa se ha olvidado hacer en el caso de España, en donde el sufrimiento ha sido y sigue siendo intenso.

En cuanto a quién gobernará en Grecia tras los acuerdos la respuesta es clara, serán sin duda las instituciones europeas como pasó con Zapatero en España a partir de que en un momento determinado lo llamaran por teléfono las “autoridades”. Todos recordamos un día por la mañana en el que el Presidente Zapatero se levantó diciendo, “Donde dije digo, quise decir Diego”.

La situación nos recuerda los diálogos de “Alicia en el país de la maravillas”:

¡Oiga, dice Tsipras, que ustedes y mis electores me han dicho que gobierne mi país!. Sí, sí le contestan

¡Pero oiga que ustedes me está diciendo lo que tengo que hacer!. Sí, sí, le contestan

¡Pero eso es una contradicción, dice el bueno de Tsripas!. Sí, sí, le contestan en Europa.

Y, finalmente, yo creo que gran parte de las dificultades para negociar proceden de expectativas de los electores infundadas y partidos políticos populistas sin fundamentos sólidos. Si en Grecia hubiera gobernado otro partido, por ejemplo la Nueva Democracia de Antonis Samarás, la crisis estaría resuelta desde hace tiempo.  Por supuesto con grandes cargas para los ciudadanos, pero, sin duda, no mayores a las de ahora.

Y por supuesto recordar que la crisis será superada, aunque haya fuertes nubarrones sobre Europa, pero que no se debería echar en saco roto la necesidad de corregir la peligrosa economía financiera desarrollada en nuestro mundo. Entre todos la hemos creado, todos participamos  en ella y todos deberíamos enderezar su rumbo regularla y controlarla.  Siento parecer intervencionista, que no lo soy, pero no es lo mismo una economía de productos tangibles que una economía de intangibles en la que para empezar no se sabe el volumen de los Hedge Funds y de los derivados y se basa en unos bancos protegidos por aquello de que si “un banco se quema algo nuestro se quema”. Aunque en realidad se debería decir como en la vieja campaña española contra incendios trasformada por humoristas avispados: “cuando un banco se quema algo suyo se quema Sr. inversionista de fondos de inversión”.

Sería conveniente también pensar en políticas incentivadoras del crecimiento paralelas a las de austeridad. Paul Kgrugman habla de ellas y se refiere continuamente a la necesidad de insuflar mucho dinero en la economía griega y en las de otros países europeos, y aunque este economista parece haber perdido los papeles en su afán de luchar contra los republicanos americanos y de hacerse cada vez más un socialista de tipo europeo, es cierto que como todas las fuerzas activas en Europa están ocupándose de la crisis griega nadie se acuerda, por ejemplo del plan de reactivación del Presidente de la Comisión Europea Jean-Clude Juncker, ni de los fondos anunciados por el BCE, los cuales no han llegado, ni mucho menos, a la economía real.

Como decíamos los ingenieros jóvenes en las fábricas cuando teníamos muchas reuniones seguidas, “alguien debe estar sacando la producción por nosotros”.

En Europa no sabemos quién está sacando la producción y quién se está ocupando del crecimiento. Y en Grecia mucho menos, un país en el que desde el 2007 hasta el 2013 la economía había decrecido en términos acumulados aproximadamente un 28,8 %, y aunque había comenzado a crecer en 2014 (un 0,8%), en el primer trimestre de 2015 ha vuelto a decrecer (un -0,2 % respecto al cuarto trimestre del 2014). Las negociaciones con el resto de Europa no están ayudando al país a salir de sus problemas y las medidas a adoptar producirán efectos sólo a largo plazo.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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