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Hacia la ciencia moderna

Recordamos que el objetivo general de este blog es la aportación de información y la reflexión sobre la ciencia y la tecnología avanzadas de nuestra época. Para ello se ha iniciado un recorrido, breve necesariamente, pero que ya lleva una serie de entregas en este blog que pueden distraer sobre su verdadera intención. El recorrido en cuestión está destinado a revisar el proceso de aparición de la racionalidad científica y tecnológica en el hombre y en la humanidad en su conjunto. Con el presente post llegamos al momento preciso en el que la racionalidad intelectual, antigua en el hombre, se une a la reacionalidad tecnológica y a la científica. Es un momento cumbre de nuestra especie.

Habría que hacer referencia además de a ese proceso de cambio artístico y cultural que supuso el Renacimiento, al que nos hemos referido en el post anterior, al avance de los conocimientos sobre la naturaleza que constituye el principio de la ciencia moderna. En paralelo con esos cambios, personajes como el polaco Nicolás Copérnico (1473-1543), nacido, como se ve, casi al final mismo de la Edad Media –o dentro de ella si se considera, como dicen algunos autores, que dicho periodo de la historia europea terminó en 1492 con el descubrimiento de América–, hacía grandes aportaciones al conocimiento de nuestro mundo físico. Su libro “De las revoluciones de las esferas celestes” fue él mismo revolucionario y considerado como un desencadenante de lo que se llamó la Revolución Científica en aquella época.

Galileo (1564-1642), a caballo ya entre los siglos XVI y XVII, es considerado el padre de la “ciencia moderna”. Fue contemporáneo del inglés Francis Bacon (1561-1626) y del alemán Johannes Kepler (1571-1630) y juntos contribuyeron al avance de los conocimientos modernos y a la creación del método científico. El motivo de ese título de padre de la ciencia moderna y de la importancia histórica de Galileo hay que buscarlos, desde luego, en la amplitud de su obra y en los temas destacados que abordó, pero en mi opinión hay algo más. Galileo fue un hombre del Renacimiento y como tal tuvo múltiples intereses y curiosidades, fue astrónomo, filósofo, matemático, físico y hombre interesado por las artes y la cultura, pero además de todo eso fue un científico (en el sentido moderno) y un inventor. Era por tanto un hombre entroncado en la tradición intelectual europea que venimos relatando y en el mundo de las ideas y del pensamiento, pero a la vez, utilizó su inteligencia, quizás por primera vez de forma sistemática, para entrar en el mundo de la técnica, de las aplicaciones prácticas y de su utilización para el estudio de nuestro mundo físico y de su naturaleza.

Pero hay que saber que ciencia en esa época era todavía sinónimo de conocimientos en general, ya que ese era el significado también de la palabra griega correspondiente. Es decir, todavía no había grandes diferencias entre los conocimientos, digamos que metafísicos, y los conocimientos de la naturaleza y del hombre. Todos eran terreno abonado para el razonamiento intelectual o mental. La diferenciación comenzó con Galileo, que se preocupó de crear instrumentos con los que estudiar la naturaleza.

Uno de sus inventos fue el telescopio, pero también inventó el llamado termoscopio, antecedente de los termómetros actuales, trabajó en la estructura de los imanes y se preocupó por la naturaleza en general de múltiples formas. Siguiendo la tradición copernicana y haciendo uso del telescopio revolucionó las creencias de la época. No sólo adoptó el sistema heliocéntrico sino que trató de demostrarlo con múltiples pruebas empíricas y con sus observaciones del espacio exterior.

El telescopio requirió, como cualquier invento, mucho tiempo y esfuerzo para su perfeccionamiento. Algunas de las demostraciones públicas realizadas con él fueron un fracaso, y de los sesenta primeros telescopios construidos por Galileo sólo algunos funcionaron correctamente. Hay que tener en cuenta que para el desarrollo del telescopio hubo que utilizar la teoría óptica de la época y fabricar unos componentes que no existían previamente, entre ellos las lentes de “precisión” necesarias para acercar las imágenes.

El telescopio acabó funcionando y fue uno de los grandes inventos de la época. Con él Galileo hizo infinidad de observaciones del mundo exterior a la Tierra, desde la Luna, hasta Saturno, las estrellas y el Sol. Hizo considerables aportaciones sobre la naturaleza de la Vía Láctea, contó las estrellas de la constelación Orión, indicó que muchas estrellas son en realidad agrupaciones de estrellas, descubrió montañas en la Luna y manchas en el Sol, como se puede leer en Internet y en fuentes diversas. No sólo destruyó la interpretación de nuestro mundo hecha por Aristóteles y adoptada por el Cristianismo sino que corrigió las aportaciones de Copérnico y trastocó, en general, todo el conocimiento astronómico de la época y con ello las creencias y las mentalidades.

Galileo tuvo problemas con la Inquisición, no tanto por decir que la Tierra giraba alrededor del Sol, algo ya asumido en su época, sino por sugerir en sus escritos que el mundo podía ser explicado sin la intervención divina. Fue condenado por esta institución en 1963 a prisión perpetua pero dicha condena le fue cambiada por el Papa de la época por arresto domiciliario durante el resto de su vida. No ocurrió lo mismo con otro soberbio filósofo, astrónomo y poeta italiano anterior, el inicialmente Dominico, Giordano Bruno, defensor del heliocentrismo, del movimiento de los astros y de la infinitud del Universo, que fue quemado vivo en Roma el 17 de febrero de 1600. Así eran las cosas entonces y así de difícil fue el comienzo de la ciencia moderna.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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