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Hedge Funds y derivados financieros (I)

Se dedica el presente post a dar unas breves explicaciones sobre los “Hedge Funds” y los llamados derivados financieros. Son instrumentos del mundo de la bolsa y de la inversión en valores en general muy populares hoy y muy presentes en las noticias diarias y en gran parte de la literatura económica y financiera que se publica en nuestros días. Son por unaninimidad de todos “los malos de la película” en relación con la crisis financiera actual. Lo fueron en la debacle de las hipotecas sub-prime de 2007 y en la crisis bancaria de 2008 y lo siguen siendo en la economía fInaciera especulativa en la que seguimos viviendo.

“Hedge” es una palabra inglesa común que significa: seto o valla de separación y protección en el caso de una vivienda, utilizada como sustantivo; cercar, utilizada como verbo transitivo; y dar rodeos o escaparse por la tangente, como verbo intransitivo. En los Estados Unidos es empleada como nombre para designar a los arbustos que establecen los límites de una vivienda unifamiliar con jardín y como verbo es bastante corriente su uso por los políticos, por ejemplo para buscar una salida alternativa (puerta de escape) cuando hacen alguna declaración o promesa.

En economía y finanzas suele utilizarse con el sentido de cubrir o compensar.

La denominación “Hedge Funds” es usada en el mundo de las inversiones con el significado de “Fondos de Cobertura”. Con el tiempo, curiosamente, han adquirido también los sentidos de “Fondos de Inversión Libre”, “Fondos de Inversión Alternativa” y, la más especial, de “Fondos de Alto Riesgo”. Algunos se refieren a ellos, incluso, como los “fondos de la gente rica”.

Los “Hedge Funds” son una modalidad de Fondos de Inversión cuyo origen se sitúa en los años 40 y 50 del siglo pasado cuando los Fondos de Inversión Mutuos, diríamos que normales, se hicieron muy populares en EE. UU. El primer Hedge Fund, según se puede ver en Internet (1) y que por tanto, todos mencionamos y repetimos, fue creado por el sociólogo y periodista financiero Alfred Winslow Jones (1901 – 1989) en 1949.

Lo que se le ocurrió a este australiano emigrado a Norteamérica a los 4 años con su familia, que se graduó en Harvard, hizo un doctorado en Columbia y se trasformó en un experto en finanzas y en bolsa, fue muy simple. Para neutralizar los movimientos del mercado de valores en su conjunto y disminuir el riesgo de una inversión, decidió equilibrar su cartera comprando a largo plazo activos que esperaba que subieran y vendiendo a corto plazo activos que esperaba que bajaran. Alfred W. Jones fue un hombre innovador y aportó también las ideas de invertir con apalancamiento, compartir el riesgo y pagar honorarios según los resultados obtenidos. Dijo que su fondo estaba “hedged”, es decir, cercado, separado, asegurado o protegido del conjunto de la bolsa en cuanto a la forma cómo manejaba su exposición al riesgo.

Se adelantó así, en lo relativo a la diversificación de carteras para disminuir el riesgo, a la labor del economista Harry Markowitz (1927- ) que ganó el Premio Nobel de Economía de 1990 compartido con Merton H. Miller (1923-2000) y William F. Sharpe (1934- ). Premio concedido, no obstante, más que a la labor puntual de Markowitz sobre la llamada “Portfolio Theory” y sus dos teoremas (sobre la frontera eficiente y sobre la selección de carteras), y a las de los otros dos galardonados, al hecho de que las finanzas, o la Economía Financiera, habían llegado a ser muy importantes para el mundo en esa época.

Con toda la atención que se ha prestado históricamente a la disminución del riesgo, parece mentira hoy que un instrumento pensado para ello y para asegurar los resultados obtenidos en la bolsa para una cartera de valores, como los Hedge Funds, hayan terminando siendo algo que introduce volatilidad, turbulencia y riesgo.

Los Hedge Funds se describen hoy como fondos llevados de forma muy agresiva que utilizan estrategias muy sofisticadas y que, a diferencia de los fondos mutuos que sólo invierten en acciones y bonos y supuestamente a largo plazo, comercian e invierten en todo tipo de actividades. Lo hacen a largo, y a corto, en la bolsa y “over the counter” (OTC), y en todo tipo de ciclos de las bolsas, tanto al alza como a la baja, con el objetivo de obtener altos resultados positivos bajo cualquier circunstancia por la que pasen los mercados de valores.

A ello contribuye el hecho de ser fondos — mayoritariamente norteamericanos, por cierto — con una legislación muy permisiva que al no estar abiertos al público en general no están controlados por nadie y tienen una elevada opacidad. NI las autoridades, ni instituciones diversas de las bolsas, ni los medios de comunicación, ni siquiera los propios inversores, conocen con detalle lo que estos fondos hacen.

Tienen la característica además, de que los responsables de su gestión están fuertemente involucrados en las ganancias a través de unos porcentajes sobre las mismas muy elevados. Es decir, por pura dinámica deducida de cómo están concebidos, se transforman en una espiral de beneficios movida por la avaricia y la codicia en la que los límites entre lo legal y lo ilegal desparecen.

Utilizan mucho los derivados crediticios y los financieros, lo que hace muy difícil saber de dónde vienen las órdenes de venta cuando las bolsas bajan y el precio al que se hacen las operaciones. En el libro de Michael E. Lewit, mencionado en un post anterior, “La muerte del capital”, se dice lo siguiente en relación con la crisis financiera de 2008 que estuvo a punto de destruir el sistema financiero mundial:

“Lo que no fue evidente para los observadores del mercado (en particular los medios de comunicación) es que la presión de venta se generaba en el universo paralelo de los mercados de derivados crediticios, completamente opacos, sin regulación alguna, y cuyos precios se ocultaban, en su mayoría, tanto a los medios como al público. El descubrimiento de los precios se convirtió en algo equivalente a lanzar dardos en la oscuridad, porque no había puntos de referencia para medir el valor. La causa es que los tradicionales puntos de referencia – los precios de los instrumentos crediticios en efectivo – estaban siendo impulsados por los precios en la sombra de sus derivados, en mercados ocultos regidos por fórmulas matemáticas que tenían poca o ninguna relación con el mundo real, donde se producían las transacciones y actuaban seres humanos de carne y hueso”. (Página 223).
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(1) http://en.wikipedia.org/wiki/Hedge_fund

(Continúa en el siguiente post)

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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