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Hedge Funds y derivados financieros (II)

Los “Hedge Funds” que nacieron como fondos mutuos más seguros y más rentables que los fondos normales han terminando siendo fondos de altos riesgos muy peligrosos para el conjunto de los inversores, para las bolsas y para la economía. Los derivados, usados masivamente por esos fondos, surgieron también como instrumentos financieros destinados a disminuir el risgo de los inversores. Al igual que aquellos su exagerado uso, la falta de regulación sobre ellos y la opacidad permitida en su funcionamiento los han transformado en algo enormemente pernicioso para todos.

(Es contiunuación del post anterior)

Hoy se cree que los “Hedge Funds” a través de la utilización masiva de los derivados financieros y crediticios y a través de prácticas especulativas diversas — por no decir perversas –, de dudosa legalidad por supuesto, e incontrolables de hecho, se han transformado en monstruos que pueden devorar al propio sistema financiero.

La introducción de nuevos instrumentos especulativos ha ido tan deprisa que ningún regulador ha podido seguirlos hasta ahora, a parte de la laxitud legal intencionada en países como los Estados Unidos en la que se ha mantenido a estos monstruos.

Seguramente no ha habido acuerdo tácito entre los propietarios de los Hedge Funds y el Gobierno norteamericano, pero da la impresión de que bajo presidencias como la de George W. Bush ha existido algo así como una negociación virtual en los siguientes términos: “déjennos ustedes libertad de acción y generaremos tal dinámica económica que todo el dinero del mundo se vendrá hacía los Estados Unidos”. Y así ha sido en parte.

Como muy bien dice Michael E. Lewitt en el libro que estamos utilizando como referencia, uno de los cambios más espectaculares de los últimos treinta años ha sido la transformación de la economía americana de ser exportadora de bienes y servicios a ser exportadora de dólares y de productos financieros diversos con particular relevancia de los derivados. Ha tenido para ello la aquiescencia de China, Japón y los países árabes productores de petróleo.

En un post anterior hemos hablado de “droga” para referirnos a los derivados financieros y es verdad que uno se imagina a veces a los especuladores financieros como distribuidores de droga dura. Venden el placer enorme de que el dinero produzca más dinero sin límites y sin riesgos. A esa oferta responde todo el mundo con avidez y entusiasmo.

No les importa, por otra parte, a dichos especuladores, el mal que pueden llegar a producir y no tienen sentido en realidad de lo que es legal y de lo que no lo es. Sobre estas cuestiones hemos visto en los últimos tiempos muchos programas de TV, vídeos humorísticos e incluso películas serias como “Inside Job”, pero no sabemos si servirán de algo.

Fenómenos como el de Bernard Madoff Investment Securities que fue un fraude masivo y por tanto un delito puro y duro, no se entenderían sin esa drogadicción al “flujo constante de beneficios y riesgo mínimo”, junto al apalancamiento y a la deuda, que se ha extendido por el mundo.

Lo de la titulización de las hipotecas sub-prime, que parece que nos afectó menos a los españoles, forma parte de esa misma cultura consistente en hacer que el dinero produzca dinero de una manera continua sin preocuparnos además de cómo es eso posible.

Lo grave del asunto es que de esa cultura participan los bancos y las instituciones financieras más serias que existen hoy. En el caso concreto de los grandes bancos españoles involucrados en el asunto Madoff, por ejemplo, lo que nos turba a todos, a pesar de que reaccionaran resarciendo en parte a sus inversores, es que hayan caído en la “droga”. Da un poco de miedo ya que es como si todos, absolutamente todos en el mundo, termináramos siendo adictos a la cocaína y a otras drogas duras.

A nadie le importa ya ser corrupto, incluidos los grandes bancos, tan activos hoy en la Economía Financiera, en los Fondos de Inversión y en los derivados de todo tipo, los cuales si no delincuentes son con frecuencia grandes transgresores de normas y leyes.

Charles Ferguson, el director de Inside Job, ha dicho que su película trata sobre “la sistemática corrupción de los Estados Unidos por la industria de servicios financieros y las consecuencias de dicha corrupción”.

A pesar de estas últimas consideraciones un poco contrarias a la calma que creo que hay que tener para tratar de la crisis financiera y sus consecuencias, al hecho de que se está creando una predisposición a criticar a los componentes del sistema financiero sin distinción y a la postura adoptada por muchos de considerar que todo el mundo es malísimo en dicho sistema, debemos indicar que no es así.

En posts anteriores hemos hecho referencia al artículo de Warren Buffet en el New York Times del 14 de agosto pasado en el que pedía al presidente Obama más impuestos para los ricos. Es impresionante cómo habla en dicho artículo de sus camaradas los mega-ricos. Dice que son gente muy decente, que aman a América y agradecen enormemente las oportunidades que el país les ha dado, que dan mucho dinero a proyectos sociales y que muchos han prometido dedicar una gran parte de sus fortunas a la filantropía. Él desde luego lo ha hecho y sigue haciéndolo.

Muchos de nosotros, por otra parte, tenemos amigos y familiares trabajando en puestos directivos en bancos, brokers y fondos de inversión, y nos consta lo nobles, decentes y honorables que son. Alguno de ellos me ha explicado en estos días la concepción inicial de los instrumentos financieros de los que estamos hablando, incluidos los derivados sobre los que diremos algo más en el post que sigue, y la forma cómo se emplean en una mayoría de casos, y desde luego hay muy poco que objetar en cuanto a su utilidad y conveniencia.

Esto es muy importante para analizar con mente fría los problemas económicos y financieros actuales, sus causas y sus remedios. No creo que el camino para ello sea el de los “Indignaos”, los 15-M y los “profesores seráficos” que los promueven, por muy buenas intenciones que tengan.

No se pueden solucionar los problemas que nos afectan desde fuera del sitema. Hya que hacerlo desde dentro y sabiendo que todos participamos en la introducción en nuestro mundo de innovaciones y cambios que después puede fallar. Debemos, eso sí, controlar, regular y corregir. Coas que no parece se hayan hecho en relación con los Hedge Funds y los drivados financieros y crediticios.

(Continúa en el siguiente post)

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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