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Importancia del carbón y del hierro en la Revolución Industrial

Sobre la Revolución Industrial se ha escrito mucho y, probablemente, todo esté dicho sobre ella. Los historiadores ingleses en particular, a los que más les corresponde, se han ocupado de esta etapa de evolución acelerada de la humanidad en múltiples ocasiones. Algunos están en desacuerdo en las fechas en las que se produjo, otros no coinciden en sus causas y consecuencias, y otros, por fin, piensan que la palabra revolución no es la más adecuada para un proceso que fue en realidad lento y gradual. Los fundamentos precisos y sus primeros elementos e impactos son también objeto de discusión, todo lo cual sorprende enormemente. En este post se comienza a revisar todo ello dando importancia en primer lugar al papel jugado en los prolegómenos de dicha revolución por la mejora en la obtención del coque de minerales de carbón y por la obtención eficiente de hierro de mayor calidad. Se destaca también el hecho de que este fenómeno de la Europa de los siglos XVIII y XIX fue más bien producto de la labor de herreros y otros artesanos que de científicos y hombres ilustrados.

(Continuación)

La Revolución Industrial como muchas otras etapas de avance intenso de la humanidad es un fenómeno surgido a través de las habilidades naturales del hombre de carácter manual y artesanal, así como de su curiosidad y de su orientación a la acción. Además, por supuesto, de otras circunstancias como la necesidad de satisfacer sus necesidades y el hecho de darse de bruces con lo que el mundo y la naturaleza le ofrece.

No quiere decir que los hombres que fabricaron por primera vez el coque por destilación del carbón bituminoso, uno de los hitos de la Revolución Industrial, en el centro y norte de Inglaterra, no fueran inteligentes y no tuvieran ideas abstractas en sus mentes. Lo eran sin duda, y sus cerebros generaban ideas abstractas, probablemente muchas, pero no eran las ideas especulativas y filosóficas de las personas instruidas, formadas, como tantas veces hemos dicho en este blog, en la gramática, la retórica y la lógica (Trivium), primero, y aumentadas después en el Renacimiento, con la aritmética, geometría, música y astronomía (Quadrivium).

Mientras unos hombres como Galileo, Descartes, Leibniz, Bacon, Newton, Boyle y muchos otros, se dedicaban a explicar la leyes que gobiernan nuestro mundo y a crear intelectualmente la ciencia moderna, otros como un tal Hugh Plat, inventor inglés mucho menos conocido hoy, se dedicaban, hacia el año 1603, a observar e imaginar que el carbón podía calcinarse de forma similar a cómo se calcina la madera para la fabricación de carbón vegetal.

La producción de coque por procedimientos simples y en pequeñas cantidades parece que se conocía desde muy antiguo, pero su puesta en práctica a partir de lo realizado por Plat no ocurrió hasta aproximadamente 1642. Tuvo lugar en Derbyshire, un condado del centro de Inglaterra en donde se empleó por primera vez para el tostado de malta, como puede verse en Wikipedia

Hasta 1800, sin embargo, no se puso en práctica la fabricación industrial del coque extrayendo los gases, el alquitrán y el agua del mineral de carbón del que se obtiene.

El otro acontecimiento importante para la Revolución Industrial fue la mejora en la producción del hierro que se produjo, también en Inglaterra y también a finales del siglo XVIII. Dicha mejora fue paralela a la producción de coque y en parte fuertemente relacionada con ella. El coque, en efecto, empleado como combustible, permitió la consecución fácil de temperaturas más altas, y además, mezclado con el propio mineral de hierro, la obtención del arrabio necesaria para el hierro de más calidad y el acero.

Su producción se lleva a cabo en los llamados “altos hornos”, el primero de los cuales se construyó en Inglaterra a principios del siglo XVIII por parte de Abraham Darby, un personaje, de nuevo, menos conocido hoy que los filósofos y científicos que todos tenemos en la cabeza, a pesar de la importancia para el mundo de su obra.

El hierro, como se sabe, es un material de transición (situado en la parte central de la tabla periódica), muy abundante en la corteza terrestre que ha sido muy utilizado desde los tiempos más antiguos de la humanidad. La Edad del Hierro, por ejemplo, continuación de la Edad del Bronce, comenzó nada menos que el año 1.200 a. C. Se ha utilizado a lo largo de la historia para la construcción de armas y herramientas y a partir de la Revolución Industrial fue el elemento básico de la producción y de la fabricación de máquinas, aparatos, infraesctructuras y materiales de todo tipo.

El alto horno y la fabricación de arrabio (hierro producido por el alto horno) fueron, en mi opinión, las bases de la Revolución Industrial, las más importantes, probablemente, junto con la utilización masiva como combustible del coque.

Antes del “alto horno” y hasta bastante después (desde el siglo XV hasta finales del XIX), y en particular en diversos países de Europa, se utilizó la “farga catalana”, un procedimiento de origen catalán mediante el cual se obtenía hierro y acero bajos en carbono a partir de carbón de madera y mineral de hierro

Me he permitido señalar la importancia de esos productos en la Revolución Industrial, pero es más fácil encontrar explicaciones que ligan dicha revolución a la máquina de vapor, a la maquinaría textil y también a los aperos de labranza. Hablaremos de todo ello en los posts que siguen, brevemente desde luego, y veremos dos cosas sorprendentes: una, que la ciencia tuvo muy poco que ver en todo ello, y dos, que, de hecho, la ciencia ha ido a rastras de los avances materiales conseguidos por algunos hombres, y en gran manera los han explicado y han obtenido leyes sobre los fenómenos físicos que subyacen en ellos a posteriori.

(Continúa en el post siguiente)

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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