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Información: transmisión y difusión, almacenamiento, procesamiento, soporte de una nueva economía y componente básico de la naturaleza (I)

Continuamos en este post haciendo consideraciones sobre la “Información”, con mayúscula, al hilo del contenido del libro de James Gleick citado en los dos posts anteriores. Es un tema de gran atractivo que a muchos de los profesionales de mi edad, que hemos vivido la Revolución de la Información y las revoluciones cercanas de las TIC, de los ordenadores, la Revolución Digital, el advenimiento de la Sociedad de la Información y del Conocimiento y la Revolución de Internet actual, nos resulta de enorme interés. En su conjunto el libro es un recorrido por la historia de la humanidad con la Información como denominador común. En este primer post analizamos muy brevemente lo aportado por el autor hasta el momento en el que las telecomunicaciones y las máquinas calculadoras dan pie a una reactivación del interés por la lógica y el razonamiento humanos a principios del siglo XX.

El libro de Gleick que estamos utilizando como referencia en estos últimos posts es un trabajo enciclopédico que seguramente ha requerido mucho esfuerzo de su autor. Las múltiples dimensiones de la “Información” como objeto de estudio, que trata, sus innumerables citas, la amplísima bibliografía que incluye y la extensión misma de la obra de más de quinientas treinta páginas nos dan una idea de ello. Es largo y difícil de leer. Enrevesado y complejo a veces, es quizás demasiado ambicioso.

El libro es un intento de explicar el fenómeno de la Información, su medida, su transmisión y su uso diverso a lo largo de toda la historia humana desde los primeros lenguajes orales transmitidos de unos hombres a otros, a veces con la ayuda de tambores, hasta la Internet actual y el mundo fuertemente interconectado hacia el que vamos.

Resultan muy interesantes las explicaciones que da sobre la aparición de los sonidos y del lenguaje oral y su transmisión, así como la aparición del alfabeto y la escritura, y con ella, muy pronto, la aparición en el cerebro humano, de las ideas y del pensamiento abstracto. Fenómenos, por cierto, que surgen en la humanidad, en paralelo y sin conexión entre ellas, en zonas tan distantes como Mesopotamia, el Valle del Indo y China.

Recorre después las mejoras diversas de los distintos alfabetos y entra en los medios de difusión de la información desde los antiguos papiros y tablillas cuneiformes a la posterior imprenta y a los medios diversos de transmitir la información a distancia que el hombre ha creado a través de los tiempos. Se detiene en el telégrafo óptico, o visual, de los hermanos Chappe, construido en la Francia de 1793 y bajo la Convención, primero, y bajo el gobierno de Napoleón, después, ya en 1799. Y emplea bastante espacio en describir la labor de Samuel Morse (1791 – 1872) y de su colaborador Alfred Vail (1807 – 1859) en la elaboración del código de comunicación telegráfica que lleva el nombre del primero.

Hace lo mismo con el teléfono de Alexander Graham Bell (1847 – 1922) y describe su rápida difusión en los Estados Unidos a partir de 1880. Por cierto que menciona el papel destacado que jugó Theodore Newton Vail (1845 – 1920), primo de Alfred, como primer director de la primera compañía creada por Bell y sus socios, “Compañía Telefónica Bell”, que posteriormente se transformaría en AT&T. Esto último es algo que sabemos bien los que hemos estudiado la Historia de la Telecomunicaciones. La figura de Theodore Vail es destacadísima en la historia de AT&T y de la telecomunicaciones en general. Fue él quien convenció al entonces presidente de la nación americana, Thomas Woodrow Wilson (1856 – 1924), de que las telecomunicaciones eran un monopolio natural y que necesitaban ser protegidas como tales por el Estado. Algo que resultó fundamental para el fuerte desarrollo mundial de las mismas y que en los EE. UU. dio pie al poderosísimo Sistema Bell, formado por AT&T, Western Electric y los famosísimos Laboratorios Bell. Tres patas que combinaban los servicios, la fabricación de equipos y la investigación tecnológica y que estuvieron protegidas por la concesión pública de monopolio hasta 1984.

La obra que comentamos podía haber sido una historia más de las telecomunicaciones pero los intereses de Gleick van mucho más lejos. La Información para él es un fenómeno humano complejo del que la transmisión y difusión son sólo dos pequeños componentes. Le preocupan muchas otras dimensiones de la información, comenzando por su papel destacado en la formación del conocimiento y de la inteligencia del hombre. Ya hemos comentado en esta dirección su explicación en cuanto a cómo de las palabras y del lenguaje hablado se pasa al escrito y se crea el alfabeto y cómo de esto último surgen las ideas y el pensamiento.

Más adelante, en el capítulo 6 de su libro, titulado, “Nuevos cables. Nueva lógica”, explica cómo muchos siglos después de que la lógica fuera creada a partir del alfabeto y de la escritura, en los primeros años del siglo pasado, se produce una fuerte revitalización de la misma a partir de unas máquinas que podían trabajar con símbolos, procesarlos y reproducirlos y replicar así los primeros pasos de la actividad intelectual del hombre. Revisa en este sentido las destacadas obras de Bertrand Russell (1872 – 1970) y de Alfred North Whitehead (1861 – 1947), los dos grandes lógicos ingleses del siglo pasado y destaca la monumental obra de ambos “Principia Matemática”. De forma breve entra en el positivismo lógico, en el Círculo de Viena, en las posturas de Ludwig Josef Johann Wittgenstein (1889 – 1951), en la destacada labor crítica de Kurt Friedrich Gödel (1906 – 1978) y en el papel de interconexión de todos ellos con la actividad científica americana que supuso John von Neumann (1903 – 1957). Hasta estos dos últimos personajes se creyó en el ideal de Gottfried Wilhelm Leibniz (1646 – 1716), el gran matemático y filósofo alemán rival de Newton en la invención del Calculo Infinitesimal y Diferencial, según el cual los números y los símbolos podían servir para conseguir la perfección del razonamiento al poderse hacer con ellos una codificación perfecta del pensamiento. Autor que fue también un constructor de máquinas calculadoras terreno en el que siguió los pasos dados por Blaise Pascal (1623 – 1662). A todo ello se refiere Gleick en su estudio general de la Información.

(Continúa en el post que sigue)

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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