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Información y Entropía: las primeras máquinas de vapor

El origen de la termodinámica y la formulación de sus leyes, tema en el que entramos sólo para llegar al concepto de Entropía y para comprobar que dicho concepto está íntimamente ligado a la idea de Información, nos exige dar un pequeño rodeo adicional al ya anunciado en el post anterior. Consiste en hacer mención a las máquinas de vapor y a su aparición de forma independiente, y anterior, a la formalización teórica de las leyes que explican su funcionamiento y rigen la termodinámica

Como curiosidad, y para constatar que la tecnología se ha creado casi siempre en paralelo con la conceptualización de leyes y sus formulaciones y, a veces, mucho antes, conviene mencionar que las máquinas de vapor existían desde bastantes años antes a la época en que Sadi Carnot (1796 -1832) desarrolló su importante labor. Una de las primeras, aunque probablemente no la primera hablando en términos absolutos, fue la construida por el mecánico inglés Thomas Savery (1650-1715) quien utilizó el el poder del carbón para realizar trabajo y contribuyó de forma importante al avance de la industria minera en Inglaterra.

Posteriormente, en 1711, Thomas Newcomen (1663 – 1729), herrero e inventor, socio de Thomas Savery, para el que había trabajado previamente, construyó una nueva máquina que mejoraba la anterior de Savery.

Más adelante, el ingeniero y matemático escocés, James Watt (1736 – 1819), un hombre formado y preparado pero que siguiendo el espíritu de la época se dedicó al estudio del calor y del trabajo y a la construcción de máquinas, invento la verdadera y genuina “máquina de vapor”.

Ambos personajes se beneficiaron de sus inventos, los cuales patentaron, construyendo e instalando muchos de ellos. La Primera Revolución Industrial comenzó con ellos.

Al mencionar a todos estos personajes estamos cayendo en algo que sabemos bien. Es el hecho de que la historia científica del mundo está escrita en inglés, y en todo caso en alemán y francés. Así la hemos aprendido todos además, en nuestros estudios. Y está escrita así porque sin duda, y a partir de Newton, de la Royal Society, y de otros personajes e instituciones surgidos en el Reino Unido; de la Academia de las Ciencias Francesa y del impulso de la Ilustración, la Revolución Francesa y Napoleón, en Francia; y de las grandes universidades y escuelas de ingeniería austriacas y alemanas y sus grandes científicos e ingenieros; fueron estos países los que más contribuyeron al desarrollo inicial de la ciencia y de la tecnología y los que más promovieron y más partido sacaron de la Revolución Industrial. No quiere decir que otros países europeos no hicieran aportaciones destacadas a estos procesos de cambio. Italia, por ejemplo, fue con su Renacimiento y sus primeros grandes científicos de los siglos XVI y XVII, contribuyó de forma destacad a las grades avances científicos e industriales de la Europa de los siglos siguientes.

También Polonia y diversos otros países hicieron aportaciones notables. Al igual que España, un país que había gobernado un imperio y que vivió sus siglos de oro en épocas inmediatamente anteriores. En relación con estas cuestiones y con la máquina de vapor en particular hay quien dice que la primera de dichas máquinas no se construyó ni en Inglaterra ni en Francia, sino que fue construida en España por el inventor español Jerónimo de Ayanz y Beaumont, nacido en 1553. Este militar y político navarro, que fue paje de Felipe II, y en un momento determinado Administrador General de las Minas del Reino, la registró en 1606, con otro medio centenar de inventos. No sólo la patentó, sino que además la aplicó, y por lo que algunos dicen, Thomas Savery utilizó sus ideas al patentar su propia máquina en 1698. Ver, por ejemplo, http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=2280.
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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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