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Innovación como solución

Innovar es imprescindible en un mundo competitivo, libre y global. Pero la innovación es otra palabra para el emprendimiento, ya que innovar no debe necesariamente unirse a lo tecnológico o a lo sofisticado. Una buena y novedosa idea (en algún sentido) que tenga éxito comercial es una innovación.

La única alternativa para los países desarrollados parece ser la de la creatividad, la inventiva y la innovación, para lo que, entre otras cosas, se necesitan ingentes cantidades de imaginación. Los países desarrollados necesitan impulsar más que nunca la innovación, entendida ésta con un sentido amplio. No es sólo la innovación tecnológica la que se requiere, sino la económica, la social, la política, la cultural y la artística, y además bajo su tradicional sentido de “introducción de productos y servicios que aporten valor a la economía y sirvan para el intercambio y la creación de riqueza”.

Puesto que en países como España, por ejemplo, quizás no podamos seguir viviendo de la fabricación de productos, es importante que intentemos vivir de aquello que creemos, inventemos y diseñemos. Sólo necesitamos que alguien nos pague por ello, es decir, necesitamos innovar.

Para todo eso se requiere concebir adecuadamente la innovación. No es sólo la innovación tecnológica la que debemos buscar sino la innovación de todo tipo. La tecnológica es la innovación que nos trajo el automóvil, el teléfono, la electricidad, el transporte aéreo, el transistor, el ordenador y otros productos inventados e introducidos en el mercado a lo largo de los dos últimos siglos, pero hay otras innovaciones que pueden ser tan importantes o más. Nadie cae en la cuenta de que McDonald, Starbucks, Yahoo, Google, eBay, Facebook o Twitter, al igual que Giorgio Armani, Benetton o Zara, son grandes innovaciones. Es decir, un nuevo negocio, con éxito, es una innovación. Por eso el emprendedor es tan importante en las sociedades avanzadas.

La innovación tiene siempre que ver con algo concreto y que produzca resultados económicos. Tres dimensiones pueden establecerse en ella: 1) la existencia de algún tipo de conocimiento nuevo, ya sea tecnológico, organizativo, artístico, de diseño o de cualquier otro tipo; 2) la factibilidad o concreción en algún producto o servicio; y 3) la introducción en el mercado.

Aquí es donde radica la preocupación que tenemos algunos sobre la actual moda de la innovación. Como tantas veces ocurre entre nosotros (los españoles) todo el mundo se apresta hoy a explicar lo que es la innovación, las técnicas y metodología para innovar, la importancia de la I+D, que no es sólo I+D sino I+D+i, el papel de los parques tecnológicos, el gasto en I+D +i en el país, su porcentaje sobre el PIB y muchos otros aspectos relacionados con la innovación, incluida la utilidad de la Prospectiva a la que se hace referencia en este trabajo, pero muy pocos nos aprestamos realmente a innovar. Muy pocos llegamos a la tercera dimensión indicada en el párrafo anterior.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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