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Isaac Newton (I)

En el viaje por la racionalidad humana que estamos llevando a cabo en est blog de una manera muy resumida, llegamos en este post a la figura impresionante de Isaac Newton. Es una figura central de dicha racionalidad que con sus síntesis diversas de pensamientos y metodologías y con sus descubrimientos sobre la naturaleza de nuestro mundo dio lugar a uno de las cambios más destacados del pensamiento humano. El sólo, con su obra, generó una nueva Cosmovisión y abrió las puertas del mundo fuertemente científico y tecnológico en el que vivimos.

En una de las varias biografías de Newton que hemos utilizado, la de James Gleick, se dice que en el invierno de 1727, cuando murió este importante personaje después de una agonía dolorosa y prolongada, Inglaterra honró con unos impresionantes funerales estatales “a un súbdito cuyos logros se circunscribían al ámbito de la mente”.

En el prefacio del famoso libro de este autor, “Philosophie naturalis principia mathemática” (Principios matemáticos de la filosofía natural)., según la versión en inglés, “The Principia” (2), de Andrew Motte, por otra parte, el mismo Newton escribe: “En este sentido la mecánica racional será la ciencia del movimiento que resulta de cualquier tipo de fuerzas, y de las fuerzas requeridas para producir cualquier tipo de movimiento, correctamente planteada y demostrada”

No puedo encontrar dos mejores referencias para describir una de las síntesis que Newton llevó a cabo. Su trabajo fue básicamente mental concibiendo las leyes del movimiento, las gravitacionales y otras, pero al mismo tiempo, había asimilado profundamente la necesidad empírica de la experiencia y el requerimiento de la demostración que la ciencia moderna — para su época – exigía.

Cuatro cosas habría que sacar a relucir en las que Newton hizo una increíble labor: la de concebir mentalmente cómo funcionaban diversos fenómenos naturales, la de formular en términos matemáticos dicho funcionamiento, la del empleo de instrumentos y aparatos para el análisis y la investigación y la de establecer leyes generales explicativas de fenómenos distintos.

En la primera cuestión tuvo un claro antecedente en Copérnico, en la segunda en Kepler y en la tercera en Galileo. La cuarta puede que fuera exclusivamente suya aunque ya hemos visto en posts anteriores cómo los conocimientos, especialmente en la ciencia, son el resultado de aportaciones sucesivas de distintos científicos que se nutren e influencian unos a otros.

Pensar que fenómenos distintos como la caída de la manzana de un árbol, la permanencia en el espacio de la luna y los planetas o la existencia de las mareas y otros, podían explicarse por la misma ley fue, sin duda, una genialidad. Estableció así una de las características básicas de la ciencia, precisamente, la de identificar lo que hay de común en fenómenos distintos.

Newton concibió muy tempranamente la mayor parte de sus teorías y lo hizo mientras se mantenía lejos de la Universidad de Cambridge investigando y reflexionando por su cuenta en la casa de su familia de Woolsthorpe en Lincolnshire. Fue aceptado en el Trinity College de Cambridge con 18 años en junio 1661 y se graduó en agosto de 1665 sin haber sido allí un estudiante destacado. Poco después la Universidad cerró sus puertas por la gran peste bubónica que asoló el llamado entonces “Reino de Inglaterra”. Fueron dos años de cierre, 1665 y 1666, .

En contacto con la naturaleza durante esos dos años y en plena actividad creadora, ya que no prestaba ninguna atención a sus obligaciones en la granja familiar, Newton, que tenía una curiosidad inmensa, una enorme capacidad de concentración y una obsesión casi enfermiza por los temas que estudiaba, prácticamente completó en aquellos dos años, con 23 y 24 años de edad, sus tres más grandes contribuciones al conocimiento científico. Construyó allí la base de sus teorías sobre el cálculo infinitesimal, las leyes del movimiento y de la gravedad y la luz y su naturaleza.

(Continúa en el siguiente post)

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(1) James Gleick. “Isaac Newton, RBA Libros, Barcelona, 2003
(2) Isaac Newton. “The Principia”, traducción de Andrew Motte, Prometheus Books, New York, 1995.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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