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Isaac Newton (II)

Newton se dedicó toda su vida a la ciencia, pero tuvo también importantes cargos públicos como el de director, primero, y gobernador, después, de la Fábrica de la Moneda del Reino de Inglaterra. Fue miembro muy pronto de la Royal Society de Londres y en su madured fue nombrado presidente de dicha sociedad. En todas las actividades que llevó a cabo dio muestras de su inteligencia, de su perspicacia y de su genio.

(Continuación del post anterior)

Newton volvió a Cambridge en 1667 como investigador y muy pronto, en 1669, fue elegido para ocupar su Cátedra Lucasiana de Matemáticas. Fue miembro también a una edad temprana (con 30 años) de la Royal Society, después de que su profesor y mentor Isaac Barrow presentara en ella el telescopio reflector que Newton había construido. La Royal Society cuyo nombre original completo era, “Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural mediante Experimentos”, fue fundada en 1660 y ha desempeñado a lo largo de la historia un papel muy destacado en el terreno de la ciencia.

A pesar de haber dedicado toda su vida a la ciencia y a la investigación, Newton dejó en un momento determinado su vida universitaria y se trasladó a Londres, donde ocupó el puesto de Director de la Fábrica de Moneda. Su remuneración fue entonces cinco veces la que recibía en Cambridge, lo que le aseguró una vida económicamente muy desahogada. En 1699 se convirtió en gobernador de dicha institución y aunque siguió en ella durante varios años, a partir de 1703 le dedicó mucho menos tiempo. Fue entonces nombrado Presidente de la Royal Society tras la muerte de su antiguo rival Robert Hooke.

Tuvo una enorme capacidad de trabajo y una curiosidad sin límites por la naturaleza, en primer lugar, pero también por la filosofía y la religión. Debe mencionarse a este respecto que el economista John Maynard Keynes, ya en siglo XX, adquirió gran parte de los miles de documentos escritos que Newton había dejado sin publicar. Se encerró durante algún tiempo a estudiarlos y a parte de dar conferencias y difundir lo que había encontrado, comentó con algunos amigos en Cambridge que, “Newton no fue el primero del siglo de la razón. Fue el último de los magos, el último de los babilonios y de los sumerios, el último gran espíritu que observó el mundo visible e intelectual con la misma mirada que aquellos que empezaron a construir nuestro patrimonio intelectual hace nada menos que diez mil años”. Como dice Gleik en la obra mencionada en el post anterior, “el sabio soberano del Siglo de la Razón surgiría más adelante”.

Escribió obsesivamente hasta el final de sus días y mantuvo oculto muchísimo material.

Desde un punto de vista formal y público su obra está recogida principalmente en, los “Principia”, uno de los libros más influyentes de la historia, de la misma forma que su autor fue el científico más destacado del mundo hasta, por lo menos, principios del siglo XX. Se ocupó y tuvo curiosidad por muchas cosas pero su obra científica se suele agrupar de la siguiente forma: 1) matemáticas; 2) mecánica clásica; 3) ley de la gravitación; 4) estudio de las mareas y otros fenómenos naturales; 5) óptica; y 6) construcción del telescopio reflector y otros aparatos.

En el primer terreno pasa por ser un enorme matemático que ya en su etapa de estudiante descubrió lo que español denominamos el “binomio de Newton” y en inglés “the binomial theorem”. Más adelante, en los gloriosos años 1665 y 1666, a los que hemos hecho referencia, concibió lo que inicialmente llamó “cálculo de fluxiones” al estudiar el tiempo, los cambios y el movimiento. Algo fluía en todos esos fenómenos y Newton introdujo las notaciones y conceptos para interpretarlos. Fue lo que con el tiempo se llamó, “Cálculo Infinitesimal”, un tema, por cierto, sobre el que mantuvo una agria disputa con el científico alemán Gottfried Leibniz por motivos de autoría.

En el segundo fue el autor de las tres leyes de la mecánica clásica: la de la inercia, la de las fuerzas y las aceleraciones y la de la acción y reacción.

En el tercero formuló la ley de la gravitación y expresó en forma matemática las fuerzas que mantienen en movimiento nuestro universo y explican la caída y movimiento de los cuerpos.

En el cuarto explicó el fenómeno de las mareas, algo que durante mucho tiempo resultó misterioso. La subida y bajada periódica del nivel del mar no era otra cosa que la acción conjunta del Sol y la Luna a través de la gravedad sobre las aguas de los océanos.

En el quinto estudió la luz e hizo múltiples experimentos con ella incluidos los que utilizaban prismas y dobles prismas para refractarla.

En cuanto a la fabricación y utilización de aparatos de joven se había ocupado de conocer y construir él mismo diferentes máquinas y utensilios de la época, como molinos, relojes de agua y otros. De mayor, y en la misma línea que Galileo, construyó su “telescopio reflector”, un instrumento que le ayudó en sus investigaciones y que le dio fama y relieve.

(Continúa en el siguiente post)

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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