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Isaac Newton (III)

Newton empleó sus capacidades y habilidades en todas las actividades que realizó y en todos los puestos que ocupó. Trabajó incansablemente, a veces hasta altas horas de la madugada, después de largas jornadas en la Fábrica de la Moneda. Resolvió grandes problemas matemáticos y escribió sin cesar aunque muchos de sus escritos nunca llegaron a publicarse. Como se indica en el presente post fue, probablemente, el primer científico en sentido moderno y el primero que utilizó el método científico como había sido propuesto por Francis Bacon y Descartes.

(Continuación del post anterior)

Pero los temas por los que Newton sintió interés fueron muchos más, pudiéndose mencionar que en una época le dio por la alquimia (la transformación de metales corrientes en oro) y se construyó un laboratorio, se hizo de un horno y consiguió productos y materias con los que hacer experimentos. Se ocupó también ampliamente de la Astronomía,como cabía suponer, y le interesó además la Astrología y las ciencias ocultas. Hizo además grandes predicciones, incluida la del final del mundo, que hacia el año 2060.
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En su época de director de la Fábrica de Moneda se ocupó de mejorar los procesos productivos de las monedas, de organizar los talleres de fabricación de las mismas y de calcular los costes y controlarlos. Se cuenta también que él y su equipo fueron capaces de atrapar a mucha personas que actuaban en contra las leyes del dinero y de identificar y mandar a la cárcel a William Chaloner, un famoso falsificador que había eludido durante años a la justicia. Mucho de los arrestados fueron ajusticiados recogiendo la historia el hecho de que Newton era duro e inmisericorde con los apresados. También, y por poner juntos todos los aspectos negativos de su carácter, en su época de presidente de la Royal Society organizó muchas conferencias y coloquios pero dejó fama de quisquillos, propenso a las disputas con sus compañeros, vengativo y déspota. Fue un hombre muy solitario que no se casó y al que sólo se le reconoció una relación de amistad íntima con el matemático suizo Nicolas Fatio de Duillier.

Su nombre, sin embargo, se hizo popularísimo dentro y fuera de Inglaterra y Londres y la nación entera se mostraron muy orgullosas de él y de sus logros científicos considerándolo una gloria nacional.

Toda la información anterior resulta interesante, pero no es lo más importante de lo que pretendemos decir en este post y en este blog en su conjunto. Muchos de los temas tratados relativos a la vida y a la obra de Newton, por otra parte, pueden ser encontrados con mucha más extensión y detalle en cualquiera de sus biografías o en cualquier libro de historia de la ciencia. En este blog, sin embargo, lo que nos interesa es saber cómo surge en un primer hombre la racionalidad científico-tecnológica de la que procedemos y que ha dado lugar al mundo en el que vivimos. Newton fue en gran manera ese primer hombre.

Fue un personaje perspicaz, intuitivo y profundo que miró al mundo y a la naturaleza de una forma que nadie antes había hecho. ¡Cuántas personas ilustradas antes que él habrían visto caer las manzanas de los árboles y la Luna en la inmensidad del cielo!. Fue a él al único, o al menos al primero, al que se le ocurrió la ley que subyacía bajo estos fenómenos. Formuló además matemáticamente dicha ley y lo hizo de forma muy simple. Tras su obra el mundo se veía con mucha más claridad. En su tumba, y escrito por el poeta inglés Alexander Pope (1688-1744) , se colocó el siguiente epitafio:

La naturaleza y sus leyes permanecían ocultas en la oscuridad;
Dios dijo “que exista Newton” y todo se hizo luz.

Fue además un seguidor de las directrices establecidas por Francis Bacon y Descartes en cuento a la búsqueda de la verdad (método científico). Estos dos autores habían hablado ya de leyes generales sobre la naturaleza y el segundo trató de formular tres de ellas. El primero había insistido además en el método inductivo para conocer, es decir, en comenzar por los hechos y a partir de ellos “inducir” la formulación de leyes generales. Era fuertemente empírico y creía por encima de todo en la investigación y la experimentación, además de confiar profundamente en el papel de la ciencia en cuanto al progreso y la felicidad de la humanidad. No creía para nada en el racionalismo hasta tal punto que llegó a escribir que, “Dios prohíbe que ofrezcamos un sueño de nuestra imaginación como si fuese un modelo del mundo”.

(Continúa en el post siguiente)

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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