Rudolf Steiner

Johann Wolfgang von Goethe y Rudolf Steiner (I)

Entramos en este post con algo más de detalle en las relaciones de Rudolf Steiner con la obra de Goethe. Como ya se ha dicho, Steiner fue durante un número de años editor de la obra científica de Goethe y le debemos a él, probablemente, el haber sacado a flote y dado a conocer el profundo pensamiento científico y filosófico del escritor alemán, más conocido por su grandiosa obra literaria. Goethe influyó mucho en Steiner y de hecho, éste último, intentó crear una especie de “ciencia de Goethe”, aparte de homenajearlo durante toda su vida y crear el Goetheanum, que construyó dos veces tras que el primero se incendiara, al parecer de forma intencionada. La verdad es que las cosas que Goethe escribió sobre la unidad de la mente y el mundo exterior al hombre, o sobre el espíritu y la materia, son muy interesantes y probablemente acertadas. Las correcciones que hizo a la filosofía de Kant tienen también su sentido, así como la idea de comunicación directa del cerebro, o mejor, de la mente, con las cosas materiales, las cuales, como se piensa hoy, están cargadas de semántica e intencionalidad.

Johann Wolfgang von Goethe y Rudolf Steiner (I)
La obra científica de Goethe fue revitalizada por Rudolf Steiner, asunto sobre el que escribió en 1886 su primer libro, “Teoría del conocimiento basada en la concepción del mundo de Goethe”, al que once años más tarde siguió un segundo con el título de, “Goethe y su visión del mundo”.

Goethe es el gran poeta y el gran escritor alemán de todos los tiempos, pero su obra científica y filosófica es tan importante como la literaria o más, y además puede que la conozcamos hoy en detalle gracias a la labor de Steiner en sus primeros años como profesional. Siempre fue un adepto a Goethe y en su honor construyó el Goetheanum en Dornach (cerca de Basilea), a partir de 1913, un centro artístico, de congresos, biblioteca y lugar de reflexión, el cual fue incendiado a propósito varios años después. Diseñó él mismo un nuevo edificio, esta vez de hormigón, comenzado en 1924 y terminado en 1928, tres años después de su muerte.

El nombre, como digo, fue elegido en homenaje a Goethe y desde el principio fue la sede mundial de la Sociedad Antroposófica.

Goethe consideraba que su obra científica era más importante que la literaria y trató hasta muy mayor de abrirse camino en el mundo científico y filosófico. No lo consiguió, como bien sabemos, y puede que haya sido una pena. Steiner sacó a flote en gran manera esa dimensión de Goethe y por eso sabemos que algunas de las cosas que escribió son fascinantes.

Para empezar, Goethe formuló en 1910 una teoría de luz y de los colores alternativa a la de Newton, e hizo descubrimientos importantes en el terreno de la medicina, interesándose además por la geología, la química y la jardinería.

Lo que más nos sorprende hoy es la importancia que dio a la consciencia y al espíritu y el enfrentamiento que tuvo con el cientifismo de la época. También es notable la crítica que hizo a la filosofía de Kant al no aceptar la fuerte separación que éste filósofo alemán estableció entre el mundo de las ideas abstractas (sólo existentes en la mente del hombre) y el mundo exterior al hombre, existente autónomamente e independientemente de esas ideas. Kant, como se sabe, pensó que tal vez la realidad no existe tal como el hombre la percibe.

Es curioso porque Goethe desconfiaba tanto de la ciencia como de la metafísica para encontrar la verdad. Creía además que uno de los grandes problemas de los alemanes era su obsesión por las ideas abstractas y el idealismo.

Creía y confiaba, fuertemente además, en los sentidos y tenía un enfoque fenomenológico en su pensamiento, siendo lo más importante para él los fenómenos reales de nuestra experiencia, es decir, nuestros sentimientos ante el cielo azul, las nubes, los atardeceres y otros fenómenos naturales. (Ver Lachman, páginas133/34).

Goethe creía que había una unidad profunda entre la naturaleza y la consciencia y que el mundo de las ideas nacía de forma parecida a cómo nacen y crecen las plantas.  La ciencia y la filosofía se equivocan si separan y buscan la verdad, una en la objetividad de los hechos y otra en la subjetividad de las ideas. El mundo es uno, aunque puedan existir en él dos naturalezas como la materia y el espíritu.

El concepto de Urpflanze, protoplanta, o esencia de la planta, fue usado por Goethe en su estudio “La metamorfosis de la plantas”. para indicar que la idea de ese “universal de la planta” surgía en él no de la reflexión conceptual sino de ver crecer a la planta desde cerca y uniendo su mente a tal proceso. El error profundo en el que cae la ciencia es el de observar esos fenómenos de forma distante, fría y objetiva, sin descubrir ni poner en ellos la subjetividad que sin duda existe.

La verdad, dijo Goethe, “es una revelación que surge en el punto donde el mundo interior del hombre se encuentra con la realidad externa” (Lachman, página 132).

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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