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La aparición de la consciencia

Hoy consideramos que la consciencia es una parte fundamental del hombre. Para muchos es su esencia y en lo que radica su característica más preciada, su “humanidad”. El ascenso del hombre se ha producido a partir de la aparición en él de la consciencia, como hemos visto en el post anterior. Pero esta última ha surgido en el hombre en fechas relativamente recientes (hace como 3.300 años), lo cual no es nada si tenemos en cuenta que el Homo habilis existe, al parecer, desde hace 2,2 millones de años. Sobre la emergencia de la consciencia, lo que existía antes de ella en el cerebro del hombre y sobre su evolución, trata, especialmente, el libro de Gary Lachman que venimos analizando. En el presente post nos referimos a la emergencia misma de la consciencia y a los autores, más o menos relacionados con el esoterismo, que han reflexionado sobre sus primeros tiempos y sobre sus antecedentes.

6551455-9881165Todos los hombres tienen la capacidad de pensar, es decir, de utilizar su cerebro para lo que denominamos actividades mentales, tales como la reflexión, la especulación intelectual, la lógica y el razonamiento, además de otras más profundas y autónomas como la imaginación, la creatividad y la invención. Todos tienen también la facultad de ser sensibles, artistas y humanos, entendiendo por esto último la empatía por los demás, los sentimientos morales, los amorosos y los éticos en general. Todos tienen, o tenemos, acceso a la subjetividad y a sus profundidades, lo cual significa un alto nivel de auto consciencia y una capacidad para trascender nuestro mundo físico inmediato. El hombre, el ser al que llamamos “humano”, es de hecho un ser procedente de sus propias interioridades, aunque también lo sea, y de forma muy importante, del mundo natural en el que habita. Dicho mundo es, por otra parte, y en gran manera, resultado de sus fuerzas, capacidades y habilidades interiores y de las interpretaciones a que estas lo llevan, como explican una mayoría de filósofos y psicólogos.

El hombre desde que “emergió” en él lo que llamamos consciencia es un ser que genera continuamente ideas desde su interior y que tiene capacidad de propósito, es decir, con la habilidad de fijarse objetivos externos a sí mismo y orientarse a conseguirlos. Las demostraciones de esa capacidad están a la vista de todos nosotros en las obras de los grandes escritores, filósofos, artistas, científicos y, por qué no decirlo, en las de los ingenieros, hombres de empresa y hombres de acción como los políticos o los militares. Así como en la callada vida de muchos otros hombres y mujeres que con su esfuerzo, responsabilidad y racionalidad han hecho habitables nuestras sociedades. La historia está llena de productos excelsos de la mente humana, aunque también, como sabemos, de productos trágicos, miserables y terribles.

Sin entrar en lo positivo o negativo de los poderes del hombre, la verdad es que el mundo en el que vivimos hoy, en este Siglo XXI, tras milenios de vida en este planeta, casi todo ha sido creado por el hombre y por las capacidades de su mente. Todo resultaría asombroso y en algún sentido mágico, para hombres de siglos pasados que pudieran volver hoy a la vida. Nuestro mundo es en todos los sentidos, “artificial”, entendiendo por este término, algo que no haría la naturaleza por sí sola, es decir, si no hubiera aparecido en ella el animal que llamamos “hombre”. En otro sentido, todo puede ser considerado natural, ya que el hombre mismo ha nacido y se ha desarrollado en la naturaleza que nos contiene a todos, montes, ríos y valles, fauna, flora y a la propia humanidad. Un buen rompecabezas: un pequeño planeta perdido en las inmensidades del espacio que produce una forma de vida, con inteligencia y consciencia, capaz de transformar totalmente a dicho planeta y, probablemente, al universo insondable al que pertenece, y que se atreve además a explicarlo y buscar las extrañas leyes que lo gobiernan. Una mente que es consciente de los confines de las galaxias y que puede situarse allí, en el interior más profundo de la materia y en el pasado más arcaico de nuestra existencia. Muchos no creen hoy en Dios por ser algo difícil de entender con nuestra mente, pero, ¿no es la mente en sí y la consciencia, algo similar a Dios?. ¿No podríamos pensar en que Dios está emergiendo en el hombre?. ¿No es posible creer que la consciencia, que es algo asombroso y sublime, nos une a una consciencia cósmica superior, a la que podría llamarse Dios?.

A las primeras cuestiones (entra poco en el tema de Dios) hay amplias referencias en el libro de Lachman, al tocar el tema de la aparición en el hombre de la consciencia y lo que existía antes de ella en los humanoides que nos precedieron. La consciencia como la conocemos hoy procede de hace unos tres mil años y medio (surge hacía el año 1250 a.C.), mientras que lo que denominamos Homo habilis y consideramos nuestro antepasado lejano, llevaba viviendo en este planeta desde más de 2 millones de años antes. Se supone que la consciencia apareció en algunos hombres antes que en otros y también sabemos que el nivel de auto consciencia es muy distinto entre los hombres, incluso en la actualidad. Los hombres eran bastante inconscientes, por ejemplo, en la Grecia Clásica, lo cual conocemos por los Diálogos de Platón, varios de los cuales explican los esfuerzos de Sócrates para hacer que sus conciudadanos pensaran y razonaran. Todavía en aquellas épocas los griegos actuaban como autómatas y tenían unas ideas abstractas rudimentarias en comparación con las que tenemos hoy.

Lachman utiliza para el recorrido que hace por estos temas a autores como, Owen Barfield (1898 – 1997), filósofo, escritor, poeta y crítico inglés, que entre otras cosas fue un gran especialista en Rudolf Steiner; Julian Jaynes (1920 – 1997) , psicólogo estadounidense al que ya se ha hecho referencia en este blog;  Colin Wilson (1931 – 2013), filósofo y escritor británico, autor del libro, The Outsider, publicado en 1956 y que tuvo bastante difusión; Yuri (o Jurij) Moskvitin ( 1938 –  2005), pianista, compositor, filósofo, matemático y artista bohemio, un danés de padre ruso y madre danesa, que escribió sobre el origen del pensamiento; y otros. Además de relacionar las explicaciones de estos con las de filósofos bien conocidos como Hegel, Kant, Wittgenstein, Husserl, Bergson o William James.

 

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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