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La bolsa: el deterioro de una institución inicialmente muy válida (y II)

Este post es continuación del anterior y seguimos haciendo en el un breve recorrido histórico de la función desarrollada por las bolsas en las economías capitalistas desde su creación temprana en el sigl XV. Las bolsas, o mercados de valores, han sido útiles a través de la historia pero con el tiempo se han transformado en algo más de aquello para lo que fueron pensadas. La acumulación de capital en el mundo en manos de muchas personas pero a la vez muy desigualmente distribuido, ha llevado a algo cada vez más difícil de manejar: el “dinero creando más dinero” sin tener relación con actividad real subyacente alguna. Los Fondos de Inversión que han llegado a ser las empresas más importantes de nuestros días sin que su valor añadido sea muy importante ni tampoco sus coeficientes multiplicadores y, sobre todo, los derivados financieros, algo así como la “droga” de la Economía Finmaciera, están deteriorando la actividad tradicional de las bolsas.

(Es continuación del post anterior)

Como se sabe, o puede saberse consultando manuales especializados y la propia Internet en la que todos navegamos, el origen de las bolsas está en las ferias comerciales medievales de la Europa Occidental en las que se intercambiaban productos diversos desde muy antiguo y títulos de propiedad a partir de un cierto momento. En principio eran valores inmobiliarios los que pasaban de unas manos a otras y la actividad, como todo el comercio en sí mismo, surgió espontáneamente. El orden en el que vivimos es un orden espontáneo en sus orígenes y todos estamos implicados en el, no lo olvidemos, sobre todo a la hora de criticarlo.

A final de la Edad Media (Siglo XV) el comercio a gran escala y a largas distancias creció de forma muy importante y constituyó, junto con el descubrimiento de nuevos mundos y la explotación de muchos recursos naturales, especialmente metales preciosos, la fuente de enriquecimiento de la mayor parte de los países de Europa. Los grandes viajes y las actividades comerciales de gran envergadura en las que habían sido pioneras las repúblicas italianas de Venecia y Génova, aumentaron y se hicieron más grandes con las exploraciones y el comercio de las Indias (orientales y occidentales) llevado a cabo por Portugal y España, y, finalmente, elevado a su máximo potencial por Holanda e Inglaterra.

La primera bolsa propiamente dicha parece que se creó en Amberes en 1460 de la mano de una conocida familia de banqueros. De acuerdo con la referencia (1) la bolsa de Londres se creó en 1570, la de Lyon en 1595, la de Nueva York en 1792 y la de París en 1794. Con las siguientes fechas para el caso de España: Madrid en 1831, Bilbao y Valencia en 1881 y Barcelona en 1915.

Según se nos indica en referencias varias entre ellas la recogida en (2), las grandes travesías oceánicas y los grandes proyectos comerciales de los siglos XVI y XVII hicieron que los comerciantes se agruparan y crearan asociaciones denominadas “compañías reguladas”. En principio eran acuerdos entre individuos para hacer frente a los gastos comunes mientras cada uno de ellos comerciaba por su cuenta. Pronto se vio la conveniencia de atraer hacia estos proyectos, no a nuevos comerciantes, sino a puros inversores, es decir, inversores capitalistas propiamente dichos. Surgieron así las sociedades de accionistas, a las cuales se les fue dando forma en el transcurso de los años hasta llegar a la sociedad de responsabilidad limitada actual, una institución fundamental en la revolución industrial y en el capitalismo posterior.

Las bolsas resultaron ser los lugares naturales para que las sociedades anónimas, como hoy las denominamos, pusieran sus acciones a disposición de los inversores y se produjera el proceso de financiación del que hemos hablado anteriormente.

Durante muchos años las bolsas se dedicaron al intercambio de las acciones de las sociedades participantes en ellas. Pasó mucho tiempo hasta que en las bolsas aparecieran otras productos como los Fondos de Inversión, y mucho más para que aparecieran los “Hedge Funds” y los derivados financieros, productos, estos últimos, que están a punto de deteriorar irreversiblemente el papel de las bolsas en la economía mundial y, especialmente, en las economías de determinados países.
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(1) http://www.santabolsa.com/manuales/histobol.htm
(2) http://www.wikilearning.com/apuntes/apuntes_para_una_historia_universal/7800-56

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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