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La consciencia interpretada de otra forma

La idea de que la consciencia del hombre es la que interpreta el mundo físico en el que habita es muy atractiva y muchos científicos y filósofos se adscriben a ella. Se considera que dicho mundo físico y material existe y es captado por los sentidos de forma también totalmente física y material. Las señales recibidas por dichos sentidos son enviadas finalmente al cerebro y allí de alguna forma se crean, primero los qualia, o cualidades subjetivas de las experiencias individuales, y después, a través de procesos que no conocemos, las ideas abstractas, el pensamiento y la subjetividad. Esa es la interpretación más extendida de la consciencia y de la mente, pero en este post se propone una concepción alternativa consistente en la hipótesis de que el mundo material y físico tiene una componente inmaterial que lo carga de sentido y significado y que la consciencia, una vez surgida en el hombre, es capaz de captar. El cerebro, como decía Johann Wolfgang von Goethe, es capaz de recibir e interpretar dimensiones de la realidad directamente, de forma alternativa a como entran otras señales a través de los sentidos. Hay autores que han investigado o argumentado sobre esta segunda capacidad del hombre a los que haremos referencia más adelante.

La consciencia interpretada de otra forma
La consciencia según el esquema trazado en el post anterior aparece de forma natural en el hombre y a través de la evolución de la fisiología de su cerebro. Eso llevaría a admitir que en nuestro mundo y en el hombre no hay otra cosa que materia, algo en lo que sin embargo muchos no creemos, especialmente tras la irrupción en el siglo pasado de la mecánica cuántica y las teorías modernas sobre la información y su posible existencia antes de la materia, entre otros avances.

Según las ideas materialistas en cuanto a la mente y la consciencia, es esta capacidad del hombre la que interpreta todo lo que hay a su alrededor. Las consecuencias lógicas son que sin el hombre no hay realidad y en la posición del solipsismo más extremo, que la realidad no existe fuera de la mente misma del hombre o no existe cuando el hombre no está presente, o “no mira”.

Una interpretación alternativa de estas cuestiones es que en nuestro mundo físico y material, el que vemos y sentimos a través de los sentidos,  hay desde siempre, y adicionalmente, un componente inmaterial, semántico, con significado, sentido y quizá destino, que los sentidos no pueden captar, pero que sí puede captar la mente. Sería ir directamente a la filosofía hinduista en la que todo tiene vida en nuestro mundo, aunque de forma algo más elaborada y actualizada.

El hombre es parte de ese mundo y está sometido como él a la existencia de algo más que lo simplemente material, existiendo además, en mi opinión, un fenómeno consistente en que el cerebro del hombre evolucionó hasta que surgió la consciencia, o mente, la cual es capaz de captar el significado del mundo que lo rodea. Capacidad o cualidad, por cierto, que seguirá evolucionando y quizá más rápidamente de lo que hemos visto hasta ahora. Esta es la diferencia respecto a las concepciones que indican que la mente procede de la materia, o incluso más, que la mente no existe o es simplemente materia. Tal como intenta indicar la mecánica cuántica las dos naturalezas, la material o física y la inmaterial o subjetiva, existen en el hombre y en el universo en el que habita.

Ciertos autores ven en esta relación entre la mecánica cuántica y la mente algo calificado de pseudocientífico a lo que se denomina “misticismo cuántico”, lo cual, según ellos, no es sino el error cometido por algunos de pensar que las leyes de la mecánica cuántica incorporan ideas místicas como las que se encuentran en muchas religiones. Los más escépticos y más materialistas llegan a tachar a los que especulan con estas cuestiones, como nosotros mismos, como “charlatanes cuánticos”. La verdad es que yo no me siento así, entre otras cosas porque mi labor es ligera y sólo consiste en una revisión de lo que se ha escrito y se ha dicho sobre estos temas.

Aunque Lachman y los autores que cita no llegan a contar las cosas así, se acercan a ello, e, incluso, sus explicaciones tienen más sentido si aceptamos la existencia en el mundo en general, en el mundo físico y material, de un componente inmaterial. Owen Barfield (1898 – 1997), por ejemplo, se detiene en explicar que el antepasado del hombre, sobre todo el más cercano a la aparición de la consciencia, el Homo erectus que abandona África y coloniza Eurasia, y mucho más el hombre ya cercano a nosotros del antiguo Egipto, la India y Mesopotamia, donde surgió el lenguaje y la escritura y se construyeron obras como la Esfinge o las Pirámides y ciudades como Babilonia, vivió muy unido a la naturaleza.

Este autor, que fue un estudioso e historiador del lenguaje, encuentra que es en él en donde se puede estudiar la evolución de la consciencia y considera que antes de la aparición de esta, el hombre vivía más unido al mundo y se sentía parte de él. Había una especie de unión cósmica de acuerdo con la cual las estrellas y el Universo tenían sentido para el homo antiguo capaz de reconocerlo y captarlo intuitivamente. Ese Homo tenía unas capacidades relacionadas con una vida más en armonía con la naturaleza que el hombre actual ha perdido. Se puede interpretar que en aquellas épocas, anteriores a la aparición de la consciencia pero cercanas a ese hecho, dominaba en el hombre el hemisferio derecho y que todo cambió cuando en nuestro mundo, dominado por la racionalidad, comenzó a mandar el hemisferio izquierdo. Ese mundo anterior a la consciencia es en gran manera el del “animismo” en el que vivieron muchos pueblos antiguos.

Para apoyar sus ideas de la existencia de una consciencia y una mente no materiales utiliza la obra de autores catalogables como esotéricos, entre los que está el ya mencionado Barfield, que aportó la idea de “consciencia participativa”;  y los también citados, Jurij Moskvitin (1938 – 2005), proponente de la teoría del “agujero negro” de la consciencia; Colin Wilson (1931 – 2013), autor de la idea de la “facultad X” de la consciencia humana y de la existencia de fenómenos de “consciencia doble”; Julian Jaynes (1920 – 1997), autor de libro, El origen de la conciencia en la ruptura de la mente bicameral, en el que expone su teoría de las dos cámaras, o dos hemisferios, del cerebro, los cuales eran independientes antes de la aparición de la consciencia y funcionaban como dos mentes separadas dentro de un mismo cráneo.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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