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La cosmovisión newtoniana del mundo físico y la aparición de otra cosmovisión

Aprovechamos este post para hablar de cosmovisión, particularmente de cosmovisiones técnico-científicas. La newtoniana pasa por ser una de las cosmovisiones más concreta y precisa y ya hemos dicho en varias ocasiones en este blog que interpreta nuestro universo físico como algo material, mecánico, determinista y con leyes que se cumplen siempre. La materia es algo sólido, compacto y continuo en la que todo se produce por contacto. Y en la que se preconiza que todos los fenómenos físicos se rigen por relaciones causa-efecto. En el siglo XIX aparecieron los primeros síntomas de una nueva cosmovisión. Se relaciona con la energía, el calor, el trabajo, la temperatura y, especialmente, el concepto de entropía. Sugiero además que se trata de la quinta gran cosmogonía que ha existido en el mundo y aprovecho para adelantar que pueden estar en gestación en el mundo otras dos cosmovisiones adicionales.

(Continuación)

Por un lado, y quiero insistir en ello, en el siglo XIX se consolida y se extiende por todo el mundo la cosmovisión newtoniana, de carácter material y mecanicista, y, por otro, surgen los primeros elementos de una nueva racionalidad basada en un interpretación, muy distinta a la newtoniana, de nuestro mundo físico. En Newton y en todos los personajes de la Revolución Científica no existía ninguna idea cercana a la entropía, no se creía en la existencia de los átomos (aunque la idea original proceda de Demócrito) ni en un interior de la materia probabilístico, y no se sospechaba, ni mucho menos, de la existencia de algo como la evolución natural de la especies. No se conjeturó tampoco sobre fenómenos tan impresionantes como los campos electromagnéticos y las ondas hertzianas, por no hablar de concepciones ya del siglo XX como la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica.

Las concepciones deducidas de la Revolución Científica (de la primera, de la original, de la que se llama así en la historia de los conocimientos) han durado más de dos siglos y han dado lugar al mundo industrial que todavía es el dominante en nuestras sociedades.

Las nuevas concepciones del mundo, o cosmovisiones científico-tecnológicas, de las que según mis propios cálculos han existido al menos tres desde la concepción newtoniana, están entre nosotros y se solapan, se interrelacionan, dando lugar a realidades concretas distintas de la industrial. Dirigen nuestras actuaciones y nuestras obras y crean con el tiempo mundos distintos a los ya vividos.

Somos en gran manera resultado de lo que dan de sí las cuatro grandes capacidades del hombre: la manual, la artística, la intelectual y la científica. Todas ellas son importantes y a veces da la impresión de que nuestro mundo evoluciona basado en las cosas que hacemos con las manos, pero tengo para mí que a partir de un cierto nivel de consciencia humana, es el mundo intelectual, el de las concepciones, las interpretaciones y las cosmovisiones, el que termina dirigiendo nuestras sociedades y lo que hacemos en ellas. El divulgador científico, autor y articulista Eduardo Punset se ha referido recientemente a este tema, quizá incluso con más profundidad, al plantearse en el título de su columna en el semanal de ABC la siguiente pregunta: ¿Puede el pensamiento alterar nuestros genes? (XL Semanal, 28 de septiembre de 2013).

(Continúa en el post siguiente)

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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