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La economía actual, en el mundo en su conjunto, no es una economía para todos

En los último dos posts, en el presente y en los próximos dos o tres, intentamos e intentaremos referirnos a la crisis económica actual buscando sus verdaderos fundamentos. Nos hemos referido ya a la posible baja adaptación de países como el nuestro a una economía mundial cada vez más tecnológica, a unas deficiencias generalizadas de los sistemas educativos, a circunstancias relacionadas con la globalización y con el desplazamiento geográfico de la producción y la actividad industrial, así como al hecho de que todos formamos parte de una economía financiera que no parece ser capaz de crear riqueza real y física. En el presente nos detenemos en el hecho de que la economía que hemos desarrollado, con todos sus aspectos positivos y con todo el crecimiento que ha sido capaz de crear en sólo un siglo (el siglo XX), no es una economía para todos.

Acabo de leer y ver en Internet un informe realmente impactante sobre la pobreza en la provincia argentina de Chaco. Está escrito por el periodista y escritor argentino, nacido en dicha provincia, Mempo Giardinelli. Se mantiene en dicho informe que la situación de los aborígenes de esa zona es peor que la de los haitianos y se manifiesta que no deberían ser necesarios terremotos y otras catástrofes naturales para que el mundo se acordara de esas gentes. Hace responsables de la situación a los políticos en general, pero muy especialmente a los que gobiernan el país desde hace años.

No soy muy partidario de difundir los informes que recibo casi continuamente sobre temas graves diversos, porque no se puede saber su veracidad ni las intenciones que guían a sus autores, pero la situación que se describe en éste es creíble y desgraciadamente muy frecuente en nuestro mundo. La población indígena del Chaco no es, ni mucho menos, como bien sabemos, la única en la que porcentajes altos de la población viven en condiciones infrahumanas.

Sólo tenemos que pensar en la tragedia actual en el cuerno de África, Somalia, Etiopía y norte de Kenia, en las hambrunas precedentes del Sahel africano, en el porcentaje de población mundial por debajo de la pobreza extrema, en los que pasan hambre de manera continua en el mundo y sin ir más lejos, en lo que está ocurriendo con la crisis actual en los supuestamente países desarrollados de Europa e, incluso, en los propios Estados Unidos.

En lo que se refiere a los países subdesarrollados lo más fiable para saber cómo estamos es acudir al informe anual sobre los objetivos del milenio, el último de los cuales correspondiente a 2010 puede verse en “Objetivos del Milenio. Informe 2010 de las Naciones Unidas“. Como bien se sabe, cuando en septiembre de 2000 se celebró en Nueva York la llamada Cumbre del Milenio y se aprobó la Declaración del Milenio, había en el mundo más de 1.200 millones de personas que vivían con un dólar diario, cerca de 900 millones que pasaban hambre de forma continua, 114 millones de niños sin escolarización y muchas lacras más en términos de mortalidad infantil, sanidad en general, educación y medio ambiente.

Los ocho objetivos para el 2015 y los indicadores establecidos para cada uno de ellos que pueden verse en (1), se han ido cumpliendo hasta la crisis actual pero la marcha hacia su consecución se está ralentizando con ella y algunos indicadores deteriorándose, de hecho.

En la actualidad, y aun suponiendo que los objetivos se cumplan, existen en el mundo con datos de finales de 2010, y según la FAO, 925 millones de hambrientos.

En cualquier caso hay dos formas de ver la pobreza en el mundo, una analizar los informes mencionados y otra detenerse en los vídeos de todo tipo que se pueden encontrar en You tube, en los programas de televisión que vemos a diario sobre el hambre y la pobreza en el mundo y en los informes como el mencionado al principio. Son estos los que cortan la respiración, los que no dejan vivir a las personas decentes, los que imprimen en todos nosotros sentido de urgencia y los que nos hacen comprender que en el mundo no hemos sabido desarrollar hasta ahora “una economía para todos”.

Pero si eso resulta claro para el mundo en su conjunto es incluso peor lo que ocurre en los países supuestamente desarrollados en los que la pobreza, el hambre incluso, y la pérdida de toda esperanza de mejora de altos porcentajes de la población están más presentes de lo que pudiera parecer. A finales de 2009, por ejemplo, existían en los Estados Unidos más de 31 millones de pobres; 8,5 millones en España; y 7 en Alemania. Es lo que algunos autores llaman “El cuarto mundo”.

Con la particularidad además de que las diferencias sociales han crecido con la crisis y comienzan a ser preocupantes. En el caso de los Estados Unidos hay multitud de indicadores que miden el deterioro de la convergencia económica pero como muestra valga decir que las 400 más importantes fortunas del país acumulan recursos equivalentes a los del resto de la población.

El desempleo y la pobreza están creciendo de manera alarmante en países como el nuestro, hasta hace poco tiempo un brillante “tigre del Sur europeo”, y existe ya pobreza extrema, hambre, indigencia, exclusión, tragedias familiares y personales sin cuento y, sobre todo, pérdida de objetivos personales y desesperanza extrema.

El casi 21 % de desempleo español y la situación persistente de no crecimiento de la economía, de cierre de negocios y desaparición de empresas, de parálisis, de agarrotamiento se podría decir, de escasez total de liderazgo e ideas en políticos, empresarios e individuos aislados, así como de inoperancia, por qué no decirlo, de la teoría económica y de los economistas, es inquietante. Muchos no hemos visto una cosa igual a pesar de nuestra edad.

Tendríamos que acudir para entender la nueva pobreza de países como el nuestro a las ideas de Amartya Sen quien une la pobreza a la falta de capacidad de producir o de realizar el potencial productivo personal. Ser pobre es visto por este autor como la imposibilidad de alcanzar un mínimo aceptable de realización vital por verse privado de las capacidades, posibilidades y derechos básicos para conseguirlo. De esto hay mucho en España en estos días.

Si se analiza la situación actual con especial referencia al desempleo y a la falta de oportunidades y se tienen en cuenta las malas predicciones económicas de que disponemos, hay dos dudas que nos asaltan: a) ¿es que nuestras economías han llegado a hacer superfluos a muchos seres humanos y nunca más volveremos a una tasa de desempleo natural? y b) ¿es esa una economía para todos?.
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(1)http://es.wikipedia.org/wiki/Objetivos_de_Desarrollo_del_Milenio

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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