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La Edad Moderna y la Revolución Científica

Continuamos en este post con la revisión de la evolución histórica de la racionalidad humana. Estamos a las puertas de referirnos con cierto detalle a la llamada Revolución Ciéntifica que es la que nos ha llevado a la lógica científica y tecnológica actual, pero antes debemos estudiar, breve y someramente, como hacemos en est blog, las causas y orígenes de dicha Revolución. Eso nos lleva a un recordatorio de la aparición de la Edad Moderna y de los acontecimientos que la hicieron posible.

Después de haber hecho en los primeros posts de este blog un breve y resumido recorrido por la historia del pensamiento occidental hasta los albores de la Edad Moderna volvimos sobre nuestros pasos para analizar la evolución de dos áreas de conocimientos en las que la ciencia como tal había surgido antes que en otras. Se trataba de las matemáticas y de la medicina, unas materias en las que el interés por lo físico y lo concreto, por lo aplicado y por la experimentable y demostrable surgió muy pronto en su evolución. Estos últimos aspectos son los que van a conformar el marco de referencia para la ciencia moderna que se desarrollará con fuerza en la última parte del siglo XVI y a lo largo de todo el siglo XVII. De la cual, además, surgirá en parte, la brillante tecnología actual.

Nos adentramos en este post en dicha Edad Moderna, un periodo de la historia de Europa y de lo que llamamos Occidente en el que el hombre y su visión del mundo cambiaron drásticamente. La Revolución Científica, la primera y genuina, que nos llevará al final de nuestro viaje por la evolución de la racionalidad humana, surge con ella y se consolida a lo largo de los siglos XVI y XVII mencionados. Tal revolución tiene como punto de partida según los historiadores de la ciencia, dos obras fundamentales: la primera es la obra “De revolutionibus orbium coelestium” de Nicolás Copérnico (1473 – 1543) que aunque terminada en 1531 no fue publicada hasta el mismo año de la muerte de su autor; y la segunda, “De humani corporis fabrica”, de Andreas Vesalius (1514 – 1564), que fue publicada en 1544 y dedicada, por cierto, al rey Felipe II de España, hijo del emperador Carlos V.

Dos de las cosas de nuestro mundo que más habían intrigado a los hombres desde la antigüedad, la cosmología y su propio cuerpo, quedaron bastante bien explicadas para la época y se basaron en supuestos más empíricos que los mitológicos que dominaron en la Edad Media y mucho más realistas al basarse en datos y experimentos.

Faltaba una tercera y complementaria explicación: la del funcionamiento de la naturaleza. Va a ser Isaac Newton (1642 – 1627) el que se enfrente a esa cuestión y el que le dé una deslumbrante explicación. Pero antes de decir algo sobre ese genio gigante de la humanidad y sobre su obra, conviene detenerse en cómo el hombre europeo cambia en esos siglos y con él la interpretación o visión general de los hombres sobre su mundo y sus leyes.

La Edad Moderna es consecuencia de la convergencia de cuatro o cinco acontecimientos destacados: 1) el Renacimiento, movimiento humanista, artístico y cultural surgido en las repúblicas del centro de Italia a mediados del siglo XV y que supuso la desconexión casi total con el mundo medieval; 2) la conquista de Constantinopla por los turcos en 1453 y desaparición del imperio romano de Oriente que hizo que llegaran a Europa, fundamentalmente Italia, muchos exilados bizantinos portadores de los conocimientos de la Grecia Clásica; 3) el surgimiento previo, también en Italia, del humanismo, de la mano de Dante Alighieri (1265 – 1321), Francesco Petrarca (1304 – 1374), Giovanni Boccaccio (1313 – 1375), entre otros, y su influencia en la aparición de un nuevo tipo de hombre más digno, más humano y menos dependiente de la Teología y Metafísica medievales; 3) la invención de la imprenta moderna en 1440 de la mano de Johannes Gutenberg (1398 – 1468), que contribuyó a la difusión de todo tipo de conocimientos y a la extensión de la educación y la cultura; 4) el descubrimiento de América en 1492 y el reencuentro con Asia y África debido a los grandes viajes geográficos de la época; y 5) la reforma Protestante liderada por Martín Lutero (1483 – 1546) y Juan Calvino (1509 – 1564), proceso largo en el tiempo pero sobre el que puede tomarse como referencia de comienzo el año de 1517 y el momento concreto en aquel año en el que Lutero clavó en la iglesia de Wittenberg (ciudad alemana del hoy estado confederado de Sajonia-Anhalt, situada a orillas del Elba, que es llamada la ciudad de Lutero) sus 95 tesis sobre la venta de indulgencias por parte de la Iglesia y sobre lo que sería la doctrina de la salvación sólo a través de la fe.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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