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La Escolástica

Seguimos buscando el origen de la racionalidad científica y tecnológica moderna y para ello recalamos ahora en la Escolástica una corriente de pensamiento medieval posterior a la antigua patrística que trató de coordinar fe y razón. Auque trató de introducir en los estudos de las escuelas cardenalicias y de las universidades medievales estudios diversos, se la acusó siempre de estar sometida a la Iglesia y del abandono de la ciencia y empirismo.

La Escolástica, por ejemplo, fue un fenómeno muy destacable por su importancia en el terreno de los conocimientos surgido en la Edad Media. Al igual que otros movimientos previos se trató de un nuevo intento de volver a la filosofía grecolatina para entender mejor la revelación cristiana. Dominó el pensamiento medieval y los estudios de las universidades y centros catedralicios europeos a partir del siglo XI. A pesar de imponer el principio de autoridad religiosa, las enseñanzas de la Biblia y la revelación divina como fuente de todo pensamiento, los escolásticos promovieron la especulación y el razonamiento.

En lo que se suele llamar Alta Escolástica brillaron personajes como Anselmo de Canterbury (1033-1109), Alberto Magno (1193 ó 1206-1280), Tomás de Aquino (1224-1274), Juan Duns Scoto (1266-1308) y Guillermo de Ockham (1280 ó 1288-1349). Órdenes religiosas como las de los Dominicos y los Franciscanos, a las que varios de los anteriores pertenecieron, contibuyeron a la evolución del pensamiento medieval. San Alberto Magno, por ejemplo, fue un gran personaje. Teólogo, filósofo y científico defendió ya en su época que la Tierra era redonda y trabajó en Biología y Alquimia siendo descubridor del Arsénico nada menos que en 1250.

Tomás de Aquino fue también una cumbre del pensamiento medieval. Aceptó el empirismo aristotélico y realizó una fusión platónico-aristotélica en lo que ha sido conocido como “tomismo”.

Duns Scoto y Guillermo de Ockham, u Occam, como se escribe en español, los dos franciscanos, fueron cumbres también del pensamiento medieval y, sobre todo el segundo, se considera el antecesor de la ciencia moderna y el precursor de lo que después aportó Galileo Galilei y otros fundadores de dicha ciencia. Consideraba que el único conocimiento posible tenía que basarse en la experiencia, a la que el hombre accede por la intuición sensible. Indicó, y esto es muy importante para la aparición de la ciencia a lo que nos estamos refiriendo en estos escritos, que la Teología no es una ciencia ya que sobrepasa los límites de la razón.

Con estos dos autores se inició el final de la Escolástica aunque hubo posteriormente una Escolástica española, unida a los jesuitas, en la que brilló Francisco Suárez (1548-1617), que tuvo gran repercusión a lo largo de los siglos XVII y XVIII e influyó de forma destacada en grandes filósofos posteriores como Descartes (1596-1659), Leibniz (1646-1716) y Spinoza (1632-1677) y en otros más modernos como Hegel (1770-1831) e, incluso, Heidegger (1889-1976).

Posteriormente en los siglos XIX y XX han existido respectivamente dos movimientos cercanos, el primero conocido como “neoescolástica” y el segundo como “neotomismo”.

La Escolástica tuvo su mayor auge y brillantez en el siglo XIII y dentro de ella destacaron las dos órdenes mendicantes mencionadas: dominicos y franciscanos. Los miembros de la primera estudiaron la filosofía de Aristóteles a través de las traducciones árabes, y los segundos se adscribieron al platonismo. A pesar de ello fueron estos últimos, como hemos dicho, los que dieron paso a la ciencia actual. Tuvieron importancia en ello algunos filósofos británicos relacionados con la Escuela de Oxford, una escuela franciscana ligada a la Universidad del mismo nombre creada en el siglo XIII por Roberto Grosseteste (1175-1253) a la que pertenecieron los ya citados Duns Scoto y Ockham y con anterioridad a ellos Roger Bacon (1214-1294). Este último fue un fraile franciscano, personaje notable en su época, que puso mucho énfasis en el empirismo y en lo que después se llamaría “método científico”. Fue, de hecho, uno de los primeros que habló de dicho método.

Las escuelas de Oxford y de París dieron gran impulso al desarrollo de la ciencia y de la metodología científica en los siglos XIII y XIV, es decir, en la última parte de la Edad Media.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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