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La evolución de la consciencia

Se hace referencia en este post a las fechas aproximadas en las que aparece en el hombre la consciencia, según las hipótesis de algunos estudiosos del tema. Se supone que tal fenómeno fue un salto cualitativo en la evolución del hombre del que hoy por hoy se conoce muy poco. Sólo existen hipótesis diversas. Unas presuponen que fue producto de la evolución darwiniana sin más y que la consciencia tiene un origen material, mientras que otras asumen que hay algo más en la consciencia, algo intangible y no material.

Los autores mencionados al final del post anterior, pertenecientes, más o menos, al mundo del esoterismo, son utilizados ampliamente por Gary Lachman al analizar la emergencia de la consciencia. Owen Barfield (1898 – 1997) en particular, dedicó mucho esfuerzo a especular sobre lo que era el hombre antes de la aparición de la consciencia. De su obra y de la de otros de los mencionados, entre ellos, Julian Jaynes (1920 – 1997), se deduce que en un momento determinado (hacia el año 1.250 a.C., según este último), algún hombre se fijó en las estrellas, por ejemplo, de una forma distinta a como lo había hecho hasta entonces. Durante mucho tiempo los hombres vieron las estrellas, digamos, que sin verlas, o sin caer en la cuenta de lo que veían y de lo que significaba aquello que tenían delante. De pronto, un hombre, o varios (o muchos), a la vez, comenzaron a preguntarse por aquellas cosas que brillaban en la noche. De pronto, aunque quizá a lo largo de un extenso periodo de tiempo, algunos hombres ven aparecer en su mente la idea de preguntas abiertas, como, ¿qué son las cosas?, ¿qué es el mundo en el que habitamos?, ¿qué es lo que brilla en el cielo por la noches?, o, incluso, ¿qué son las noches y los días?, etc..

Lo anterior es solamente la explicación de que la consciencia aparece en un momento determinado en el hombre sin que sepamos de qué manera precisa ocurrió. Algunos autores piensan que la consciencia tiene que ver con el funcionamiento cuántico de la materia y en concreto con el colapso de la función de onda en los microtúbulos que forma el esqueleto de las neuronas. Incluso hablan de las vibraciones cuánticas de estas células cerebrales  De momento no entramos en estas cuestiones sobre las cuales también hemos hecho conjeturas en anteriores posts de este blog.

Nos referimos más bien a la aparición histórica de hombres más conscientes que otros, proceso que poco a poco se generaliza hasta que la consciencia termina siendo una característica de la especie humana. Los hechos indicados anteriormente relacionados con el descubrimiento de las estrellas por parte de algunos hombres no nos deben extrañar ya que sabemos muy bien que incluso hoy existen muchos seres humanos sin capacidad, o con muy poca capacidad,  para la introspección y la búsqueda de significado en las cosas. Hay personas, incluso con alta formación, de mente muy plana que no tienen profundidad mental para ir más allá de la superficie de los fenómenos y de los hechos. Por otra parte todos sabemos la habilidad de ciertas personas, los buenos poetas por ejemplo, para encontrar los significados profundos de nuestras vidas y de nuestro mundo. Algunos unen estas capacidades a la inteligencia pero en mi opinión la inteligencia es algo bastante distinto a la consciencia y de lo que hablamos aquí es de esto último.

No sabemos cómo se produce ese salto cualitativo en el ser humano que va a dar lugar a la consciencia y a separarlo radicalmente de los animales, pero al analizarlo así,  como parte de la evolución del hombre en un sentido darwiniano, algo debió producirse en su naturaleza, en su fisiología. Tenderíamos a pensar con nuestros conocimientos actuales del cerebro que fue la acumulación de más neuronas y más sinapsis en el cerebro de algunos hombres, quizá la expansión del neocortex, o puede que la mayor conexión entre el hemisferio cerebral derecho y el izquierdo. Algún desarrollo fisiológico tuvo que tener lugar, pero eso no lo explica todo, como ya sabemos, ya que la consciencia, la subjetividad y el mundo de las ideas abstractas es muy distinto al de los componentes materiales (físicos) del cuerpo humano. Algunos ante este hecho han hablado de epifenómeno, es decir, algo así como lo que ocurre con el agua al ser calentada: el vapor, aunque tiene naturaleza distinta al agua,  surge de ella.

Según lo que recoge Lachman de la historia de la evolución del Homo a través de sus diversas etapas, ya en tiempos muy anteriores a los que hablamos se produjo un aumento de la capacidad craneal de este ser, pasando en poco tiempo de los 600 – 800 centímetros cúbicos a los 1.300 – 1.500 del hombre actual. Un salto, por cierto, que tampoco responde a lo que cabría esperar de la teoría de Darwin, ya que no fue continuo ni gradual.

A partir de ese salto inicial cualitativo en el cerebro de algunos hombres que dio lugar a lo que llamamos “mente” —  aunque algunos no estén de acuerdo con que esto exista realmente, o como dicen, la mente es el cerebro –, la evolución de la consciencia la hemos podido analizar con detalle. En la Grecia Clásica se produjo en poco tiempo algo así como una evolución completa y rápida de dicha capacidad de introspección y búsqueda de significado, llegándose a vislumbrar, incluso, la ciencia moderna, que será una adquisición muy posterior del hombre.

La consciencia, la subjetividad y la espiritualidad del hombre, no han hecho nada más que avanzar desde esos brillantes siglos griegos, aunque se haya pasado por etapas diversas en los casi tres milenios transcurridos. Y hayamos caído en los cinco o seis últimos siglos, según algunos, en un predominio del hemisferio izquierdo de nuestro cerebro — en el que radican las habilidades del habla, las matemáticas y la lógica — sobre el hemisferio derecho — especializado en las sensaciones, lo sentimientos, y las habilidades artísticas y musicales.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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