5182046-77315841.jpg

La fusión del racionalismo con el empirismo en la Enciclopedia

Se hace en este post una reflexión final sobre la racionalidad que La Enciclopedia difundió. El espíritu científico es parte de ella, como se ha repetido en diversas ocasiones en los últimos posts. Pero hay muchas otras interpretaciones de las cosas que también encontraron acomodo en sus páginas. Muchas no nos sorprenden leídas hoy, pero en la época en la que esta obra se publicó eran, no solo novedosas sino revolucionarias. Amenazaban todo lo establecido y no debe extrañar que unidas a otras circunstancias dieran lugar a la bien conocida Revolución Francesa de 1789. Antes ya habían inspirado la Revolución Americana que terminó en la independencia de los Estados Unidos en 1776.

(Continuación)

Todo lo indicado hasta ahora sobre La Enciclopedia es información parcial de otra mucho más amplia que se puede encontrar en fuentes diversas, particularmente en Internet y en Wikipedia.

Para lo que se intenta en este blog el contenido de los volúmenes de dicha publicación mencionados en el post anterior, recogido en ejemplos muy representativos y de forma muy interesante en el libro “Encyclopedie” de Blom, es muy importante por los motivos que indico a continuación.

El primero tiene que ver con las raíces en la Revolución Científica que La Enciclopedia muestra al tomar como punto de arranque obras como el “Novum Organum” de Francis Bacon y el “Discurso del Método” de Descartes. Más el conocimiento que sus editores principales tienen de las obras de Newton, Leibniz, Pascal, Hadley, Papin y otros, además de las de sus predecesores, Copérnico, Kepler, Brahe, Galileo, etc..

El segundo está relacionado con la utilización de otras extensas obras previas, básicas del pensamiento avanzado de aquellos tiempos y que constituyen, incluso hoy, hitos en la historia de la humanidad. Muchas de ellas podrían ser citadas, entre otras algunas como, “El espíritu de las leyes” de Montesquieu (1689 – 1955), la “Historia natural” de Georges Louis Leclerc, conde de Buffon (1707 – 1788), insigne científico de la época, por cierto, el “Ensayo sobre los orígenes de los conocimientos humanos” del abate Étienne Bonnot de Condillac (1714 -1780), el “Diccionario filosófico” de Voltaire (1694 – 1778) y otros trabajos. Amen de obras liberales, progresistas y de orientación científica, anteriores, como los de Bernard le Bouyer de Fontenelle (1657 -1757) y Pierre Bayle (1647 – 1706), este último, hugonote francés, enormemente apreciado por Diderot junto a su obra “Diccionario Histórico y Crítico. Y, por supuesto, la obra un poco más antigua de Michel de Montaigne (1533 – 1592) autor de “Ensayos”.

Hay que destacar también los nuevos valores que la inspiran, entre los que cabe citar, el amor por la naturaleza, la pasión por la ciencia, el objetivo de la felicidad terrena de todos los hombres, la confianza en el progreso, el interés por una moral ligada a las personas y a los tiempos, y, por supuesto, su espíritu crítico en cuanto a la religión, la monarquía, la nobleza y otras piezas del orden establecido a finales del Siglo XVIII. La abolición de Dios, la concepción material y mecanicista del hombre y el sentido profundamente laico de la sociedad, son también aspectos que esta publicación difunde de la mano de sus autores más radicales.

Y como motivo principal para mi, y que justifica el esfuerzo realizado en preparar estas notas, la igualdad con los saberes “nobles” de otras épocas de los conocimientos manuales y artesanales, como la panadería, la cuchillería, la herrería, la calderería o la marroquinería. Esto ocurre por primera vez en la historia de una manera clara y directa en La Enciclopedia. Y aunque estos conocimientos nunca han dejado de tener un nivel más bajo en nuestras sociedades fue esta publicación la que los equiparó a cualquier otro conocimiento, al menos en lo relativo a la dignidad de los personas que los practican.

En resumen, una concepción de la razón como algo al servicio del hombre en esta vida y en este planeta. Una racionalidad en la que el poder intelectual y especulativo de la mente, se une al empirismo, la interpretación de que sólo podemos conocer lo que llega al hombre a través de sus sentidos y tras su demostración fehaciente.

No resulta raro entender que en aquellos tiempos y al abrigo de las nuevas ideas y razonamientos introducidos por la Ilustración y difundidos por L’Encyclopédie, surja en Inglaterra a mediados del siglo XVIII la Revolución Industrial, aparezcan en Europa las primeras escuelas de ingeniería, y muchos hombres que antes se habrían dedicado a la especulación intelectual se hicieran a partir de entonces científicos y tecnólogos.

Tags:
0 shares
Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
Post anterior

Alguna información adicional sobre L’Encyclopédie

Post siguiente

La Prospectiva en los Estados Unidos

Deja tu comentario