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La Gran Recesión y sus consecuencias

Se hacen en este post unas consideraciones más bien breves sobre el comienzo de la última crisis económica a la que se ha denominado la Gran Recesión, por similitud, seguramente, a la de Gran Depresión de los años 30 del siglo pasado. Es sólo un paso previo para evaluar la situación actual en la que apenas estamos saliendo de dicha crisis y para  analizar las perspectivas económicas mundiales actuales. Nos referiremos a estos últimos asuntos en los próximos posts, en los que también abordaremos interpretaciones diversas sobre la tecnología, la innovación, las revoluciones científicas y tecnológicas en marcha y los posibles problemas a los que nos enfrentaremos en el mundo a corto y medio plazo. 

Nadie se esperaba en realidad lo ocurrido a finales del 2007 con el destape de las hipotecas “subprime” y su “paquetización” en fondos que infectaron los sistemas financieros mundiales y llevaron a la crisis bancaria del 2008 y al hundimiento de la economía mundial en el 2009. Fue, una vez más, una crisis financiera que afectó gravemente a la banca mundial.

La quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008 ha quedado como hito histórico de la crisis, vislumbrada a finales del 2007 y afianzada y comenzada formalmente en el mencionado 2008. Ha sido una crisis profunda para muchos países, incluido el nuestro, aunque  en el caso de los Estados Unidos, la senda del crecimiento se recuperó en el 2010.

En España parecía que la economía se recuperaba en el 2010, año en el que se alcanzó una situación de 0,0 de crecimiento del PIB, pero los años siguientes desde el 2011 al 2013 fueron años de    decrecimiento claro. La evolución del crecimiento del PIB para los Estados Unidos en los años 2010 a 2014 ha sido: 2,5; 1,6; 2,3; 2,2; 2,4. Mientras que la de España en el mismo periodo fue de: 0,0; -1,6; -2,6; -1,7; 1.4. Los grandes países de Europa como Alemania, Francia y el Reino Unido decrecieron fuertemente en 2009 pero recuperaron el crecimiento positivo en 2010 y se han mantenido así hasta la fecha aunque con tasas de crecimiento muy moderadas.

La llamada Gran Recesión ha afectado de verdad, como se sabe, a los países periféricos de la UE los cuales han necesitados rescates, generales del país o rescates bancarios, y han tenido que adoptar severas políticas de austeridad.

Los desequilibrios creados en la mayoría de países han sido muy importantes, fundamentalmente en términos de elevadas deudas públicas, estancamiento de la inversión industrial, bajos crecimientos de la productividad, precarización del trabajo, disminución de las clases medias, un desplazamiento excesivo del capital hacia la economía financiera y, por decirlo todo, un deterioro del comercio internacional. En conjunto una paralización económica preocupante que es lo que ha llevado a algunos economistas como Larry Summer (2014) a hablar de “Estancamiento secular”.

En casos como el de España los desequilibrios han sido incluso más elevados y ha habido que adoptar políticas muy drásticas de reforma laboral, reestructuración bancaria, disminución del gasto público y reducción del déficit. Los resultados han sido positivos y el crecimiento se ha recuperado fuertemente en 2015, pero el desempleo ha crecido hasta cotas muy elevadas, la deuda pública se ha disparado y la deuda privada ha llegado a ser la más alta de la historia. La actividad general del país ha bajado hasta límites mínimos y aparte de la escasez del empleo, la precariedad del mismo y los bajos salarios, los autónomos y las pequeñas empresas se han llevado y se están llevando la peor parte. Ha habido una fuerte paralización de la economía, inducida en gran manera por las políticas de austeridad adoptadas bajo presión de nuestros socios de la Comunidad Europea. Dicha política, que en parte era necesaria a nivel público, fue adoptada con interés por las grandes empresas y el resultado ha sido realmente funesto.

Estas circunstancias y las políticas de austeridad en concreto han ha sido objeto de mucha reflexión por parte de autores diversos. De hecho se ha debatido y se debate insistentemente hoy sobre austeridad, sobre el excesivo peso de la economía financiera y sobre las prácticas de esta economía, sobre la falta de políticas fiscales, sobre el agotamiento de las políticas monetarias y sobre la necesidad de introducir grandes cambios en el sistema capitalista.

Lo económico y las políticas de actuación económica de los gobiernos prima sobre otros debates en la actualidad, pero hay también debates importantes sobre el papel de la tecnología, e incluso de la ciencia, en el crecimiento a medio y largo plazo. Nos referiremos a ello enseguida, pero antes es necesario hacer algunas consideraciones sobre la situación económica actual.

 

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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