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La ideología en el futuro tendencial

Lo ideológico ocupa un lugar primordial en nuestro mundo. Indicar lo que puede ser este componente de la sociedad humana en el futuro previsible que diseñamos es asimismo fundamental.

En línea con las explicaciones que he comenzado a dar en la entrega anterior relacionadas con el futuro tendencial de nuestro mundo, hoy sabemos bien que aunque otras ideas conflictivas suplantan a lo ideológico (marxismo-leninismo, por más señas), en conjunto, el mundo tiene menos problemas graves de entendimiento. Nunca las Naciones Unidas han tenido más miembros activos, nunca como ahora una mayoría de países mundiales se adscriben a la democracia y a la economía de mercado y nunca como en estos tiempos todos quieren participar en el comercio internacional y en el desarrollo. La mejora creciente de muchos países en este terreno, incluidos muchos países africanos, y la aparición de nuevas potencias económicas contribuirán a que este proceso continúe. Es verdad que sobre todas esas cuestiones se abren dudas y surgen infinidad de sugerencias de cambio, pero la impresión es que los hombres tenemos más confianza que en otras épocas en la posibilidad de llegar a acuerdos sobre esas cuestiones a través de la negociación, la cesión mutua y pacto.

La “Revolución” en el sentido dado a este término en los siglos XVIII, XIX y XX, es un concepto en desuso en lo relativo a política, economía y sociedad El TINA (There is no alternative) de Margaret Thatcher, quizá con menos connotaciones conservadoras, parece haber sido aceptado por una mayoría de las gentes de este planeta. No tanto desde luego en cuanto a no cambiar, a no innovar, a no arreglar lo incorrecto, a no corregir los errores, a no perfeccionar la democracia, a no permitir las injusticias, a no erradicar la pobreza, y en general a no tratar de mejorar el mundo, sino en cuanto a cambiar para bien de forma continuada y progresiva en un mundo unido, libre, responsable, solidario, democrático y participativo. Para esto no hay, ciertamente, alternativa, y así parecen entenderlo cada vez más habitantes de este planeta.

Existen indicios, en resumen, sobre la adscripción de cada vez más gentes en nuestro mundo al realismo y la congruencia, sobre su inclinación a la búsqueda de soluciones de forma más pragmática, y sobre su tendencia hacia la colaboración como la mejor forma de solucionar los problemas generales que afectan a todos.

Es verdad que existen grandes grupos promoviendo la confrontación y el terrorismo y grupos anti-sistema cada vez más numerosos, pero ninguno de esos fenómenos parece tener la envergadura de las confrontaciones ideológicas de otras épocas al menos por el momento..

Los movimientos ideológicos de corte trasnochado como los propuestos hoy por Venezuela, Cuba y otros países, tampoco parecen poder afectar a una marcha del mundo hacia un mayor orden y gobernabilidad.

En cuanto a países o personalidades (políticos, dirigentes) tóxicos, como los constituidos por Alemania y Hitler o la Unión Soviética y Stalin de otras épocas, tampoco ahora se identifican casos de tanta peligrosidad. La Rusia de Putin puede que sea la más alarmante, pero no parece ni siquiera acercarse a los casos históricos mencionados. El Irán de Mahmud Ahmadineyad podría ser otro caso a reseñar pero tampoco da la impresión de poder representar un problema mundial sin solución. Hugo Chávez y sus acólitos, por último, no llegan a tener el peso necesario para afectar a la marcha general de nuestras sociedades. Sólo Osama bin Laden o más certeramente, el movimiento, o red, múltiple, viscosa y cambiante que Al Qaida representa, podría tener la capacidad de crear problemas graves o muy graves en el mundo.

En relación con estos casos de personalidades determinadas con gran impacto en la marcha de la humanidad hay historiadores y analistas que les dan gran importancia. El mundo podía haber evolucionado de forma diferente si no hubiera existido, por ejemplo, una figura como Karl Marx en el siglo XIX y lo mismo se podría decir del siglo XX sin personajes como Hitler, Stalin o Mao. Que figuras básicamente equivocadas, totalitarias y mesiánicas como esas no vuelvan a surgir es fundamental para un mundo democrático, justo y ordenado, aunque no estemos protegidos de ellas y su aparición, hoy por hoy, resulta imprevisible.

Desde 1991 el mundo ha evolucionado positivamente en muchos aspectos, entre ellos el económico, hasta el punto de que hace menos de un año las perspectivas eran brillantes y la estabilidad y el crecimiento continuado parecían estar asegurados. Se hablaba incluso de la posibilidad de haber eliminado los ciclos económicos que periódicamente ha afectado a nuestras economías.

España en concreto, lleva casi treinta años de estabilidad democrática, desarrollo y crecimiento económico, progreso y adquisición de relevancia mundial. No ha sufrido en ese periodo guerras civiles como las del siglo XIX o la de los años 36 a 39 del XX, de ese periodo han contribuido beneficiosamente a su equilibrio y avance Tampoco no ha participado en guerras abiertas con otros países ni se ha enfrentado a grandes crisis ni a dificultades de excesivo calado. Su incorporación a la Unión Europea, su adopción del Euro, su incorporación a la OTAN y otros hechos relevantes de ese periodo han contribuido beneficiosamente a su equilibrio y avance. Ha sufrido en ese tiempo el flagelo de los ataques terroristas. El de ETA con gran continuidad y número importante de víctimas, y el yihadista con actos tan terribles como el del 11 de marzo de 2004, pero en conjunto y siendo muy relativistas, el porcentaje de población afectado ha sido bajo y la estabilidad general no se ha resentido demasiado.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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