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La máquina de vapor aplicada al transporte. Los primeros pasos

Resumimos en este post los primeros intentos de instalar una máquina de vapor sobre un vehículo móvil. Tuvieron lugar a finales del siglo XVIII, en plena fase de perfeccionamiento de dicho artefacto y antes de que se hubieran realizado todas las mejoras necesarias para conseguir hacer algo verdaderamente exitoso en cuanto a conseguir un vehículo autopropulsado. Pronto, a primeros del siguiente siglo, se consiguieron muchas de esas mejoras y los barcos de vapor, primero, y el ferrocarril, después, constituyeron en sí mismos una revolución, la del transporte. Nos referiremos a ello en los próximos posts, pero adelantaremos que todos los grandes avances de la máquina del vapor aplicada al transporte fueron obra de las habilidades manuales y artesanales del individuo. La capacidad intelectual empleada es la que se podría definir como lógica tecnológica, la cual es distinta, aunque cercana, a la lógica científica. La primera se basa fuertemente en el empirismo y en el principio de prueba y error, mientras que en la segunda se trata de obtener leyes explicativas sobre los fenómenos naturales y se utiliza el método científico.

La máquina de vapor aplicada al transporte. Los primeros pasos
Aunque como ya hemos dicho anteriormente, nuestra intención en este blog no es de carácter histórico, y no pretendemos en absoluto una revisión exhaustiva de personas, hechos y acontecimientos, vamos a dedicar algo más de espacio a ver la evolución de la máquina de vapor a partir del periodo mencionado. Intentamos revisar ahora, brevemente, el uso de la máquina de vapor en el transporte, algo que se produce paulatinamente desde los primeros años del siglo XIX y que se extiende casi a todo el siglo con la aplicación, primero al transporte marítimo, y después al transporte ferroviario.

Nos interesa más en este blog, como hemos indicado en repetidas ocasiones, la evolución del pensamiento del hombre en general, es decir su racionalidad. Con especial atención, desde luego, a la racionalidad científico-tecnológica.

El periodo que vamos a cubrir ahora sigue siendo más tecnológico que científico en términos de racionalidad, pero en él se van a producir las primeras explicaciones científicas sobre la energía y el calor y va a emerger, de hecho, una nueva cosmovisión del mundo. A ese momento, caracterizado por la formulación del segundo principio de la termodinámica, estamos deseando llegar, ya que vamos a analizar en él la aparición de una concepción de nuestro mundo y de su naturaleza muy distinta a la aportada por la Revolución Científica, con Isaac Newton a su cabeza.

Pero antes, como decimos, veamos someramente la enorme capacidad de innovación tecnológica del hombre en relación con la movilidad y el transporte.

Era elemental que algo como la máquina de vapor, tan flexible para transformar el calor latente en calor específico y éste en trabajo, se aplicara antes o después al transporte. Salvo el transporte por mar y a través de las vías fluviales, utilizando el viento o el músculo de los remeros, como fuerzas motrices, que había existido desde muy antiguo, se ha dicho que desde los romanos hasta Napoleón el tiempo de viaje desde Roma a París no había disminuido de forma importante en la Europa continental. Más de 15 siglos en los que los animales y la “herradura” fueron los únicos medios e instrumentos de transporte.

La historia recoge intentos de aplicar máquinas a un vehículo desde fechas tan tempranas como 1769, en Francia y de la mano de Nicolas Cugnot, o como 1785, en Cornualles, de la mano, al parecer, de William Murdoch, un ingeniero inglés contratado por la firma Boulton and Watt para ocuparse de las máquinas de vapor que instalaban en las minas de esa región inglesa. Murdoch, que era un magnífico ingeniero e inventor, ha pasado a la historia como el descubridor de la luz de gas, pero aparentemente hizo pruebas instalando una máquina de vapor sobre un artefacto de cuatro ruedas. Algunos autores han sugerido que hubo intentos anteriores, nada menos que de 1672, por parte del jesuita flamenco de la misión en China, Padre Ferdinand Verbiest (1623 – 1688), un consumado matemático y astrónomo que estuvo en la corte del emperador chino de la época y que reconstruyó y reequipó el viejo observatorio de Beijing. Este personaje construyó al aparecer un vehículo auto-propulsado de pequeñas dimensiones.

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Gran parte de los acontecimientos e invenciones históricas que se mencionan en estos posts se han obtenido de referencias bien conocidas como, “Historia de la Tecnología” de T. K. Derry y Trevor I. William, así como otros manuales como, “Historia de la ciencia y la tecnología” (Edición en español) de Mariana Isolve, y otros.

Se ha tenido a mano aunque se ha utilizado menos el libro reciente de Carlos Solís y Manuel Sellés, “Historia de la Ciencia”, y, por supuesto la extensa bibliografía del científico e historiador de la cienca español, José Mnuel Sánchez Ron.

Wikipedia, por otra parte, es muy utilizada en términos de autores y fechas.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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