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La medicina en la Europa medieval

La medicina es, probablemente, una de las primeras ciencias en sentido moderno creadas por el hombre. A esa conclusión se llegó provisionalmente en el post anterior después de analizar cómo los griegos habían avanzado en ella y después de comprobar cómo incluso el empirismo y la experimentación hicieron su aparición en este área de conocimientos en los últimos años de la Grecia clásica. En este nuevo post se sigue el rastro de la evolución de esta ciencia a lo largo de la Edad Media europea. Se concluye, de la mano de manuales diversos de Historia de la Medicina, que hasta el Renacimiento, se produjo un cierto estancamiento en el desarrollo de esta materia.

Hemos dejado la historia de la medicina en el post anterior hacia el año 200 d. C. fecha en la que muere Galeno. Este autor y su obra dominan durante siglos la medicina europea. No hay grandes avances desde esa fecha, ni en los últimos años del Imperio romano que se separa definitivamente en dos, el occidental y el oriental, en el año 395 tras la muerte de Teodosio el Grande (347 – 395), ni en el resto de los años que el occidental se mantiene hasta que el último emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo, es depuesto por los hérulos en 476.

La medicina de esa época y de la posterior Edad Media europea, dominada por el catolicismo y por su espiritualidad y misticismo, se basó en lo que se recogía en los textos griegos y romanos anteriores que se preservaron celosamente en ciertos monasterios y que volvieron en ciertos momentos traducidos y difundidos por los bizantinos y por los árabes.

La iglesia no fue muy partidaria de la medicina, hasta el punto de que en algún momento se prohibió a los clérigos el estudio de esta materia y hasta el extremo de que algunos papas se opusieron al derramamiento de sangre por motivos quirúrgicos. En cierta forma se volvió a un misticismo arcaico y a la búsqueda de las causas de las enfermedades y su posible curación en el destino, el pecado o la voluntad de Dios.

La emergente ciencia que la medicina llegó a ser en las épocas doradas de la cultura greco-romana se estancó durante siglos en Europa.

Las ciencias naturales que no habían llegado con los griegos y los romanos al nivel de la medicina, fueron inexistentes en ese largo periodo. Nadie importante se volvió a preguntar en esos años por el origen, destino y funcionamiento de nuestro mundo que tanto preocupó a los filósofos griegos presocráticos. La Teoría Geocéntrica de nuestro universo debida a Claudio Ptolomeo (100 – 170) que recogía y perfeccionaba las concepciones de Platón y Aristóteles, se mantuvo como cierta hasta la publicación de la famosa obra de Nicolás Copérnico (1473 – 1543), “De revolutionibus orbium coelestium”, justo al final de la Edad Media.

Hubo que esperar, por tanto, hasta el comienzo de la Edad Moderna, hacia el año 1500, para ver surgir en Europa un nuevo mundo basado en el arte, la cultura y la ciencia.

Aunque dicha declaración puede ser muy rígida y exagerada, ya que entre los siglos XI y XIII y a partir de ellos, hubo gran actividad en Italia (Nápoles, Sicilia,…) en Francia (París, Montpellier) y España (Palencia, Salamanca), donde se crearon escuelas de medicina, y donde pronto surgieron las primeras universidades medievales (Bolonia, Salamanca, París, Oxford). En Salerno en concreto, al sur de Nápoles, se creó la primera escuela médica medieval de importancia. De ella formó parte el médico, cartaginés de origen, Constantino el Africano (1010-1087), quien recopiló mucha información médica de procedencia muy diversa y tradujo muchos textos árabes de esta materia al latín. La dieta, la higiene y el equilibrio mental y físico eran normas que procedentes de Galeno, los árabes y las medicinas orientales, fueron prácticas médicas muy comunes de la Edad Media.

En ese entorno y formado en Montpellier y Salerno brilló el médico español Arnau de Vilanova (1238-1311) que fue médico personal de varios reyes aragoneses y que aportó importantes nuevos conocimientos a la enfermedad conocida como “tisis” (una forma de tuberculosis).

Desde el siglo V, también, existían en Europa monasterios e incipientes hospitales que acogían a los enfermos y peregrinos, pero estaban más basados en la caridad y en el amor al prójimo practicado por las órdenes monacales que en afán científico alguno.

Aunque sólo sea de pasada hay que decir que el pensamiento del hombre siguió avanzando en esa época de cierta paralización de determinados conocimientos. Las obras de San Agustín, San Ambrosio, Santo Tomás de Aquino, Juan Duns Scoto, Guillermo de Occam, Roger Bacon y muchos otros grandes nombres de ese largo periodo de la historia europea, son monumentos de incalculable valor, entre otras cosas por recoger los conocimientos antiguos y tratar de adaptarlos al cristianismo. El humanismo cristiano que ellos introdujeron en nuestro mundo no debe ser despreciado. Al igual que la profundización en el racionalismo y en el empirismo de cuya dialéctica y posterior síntesis puede que proceda todo el impresionante progreso europeo a partir del Renacimiento:

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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