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La medicina romana continuación de la griega

Roma cuando conquistó Grecia y sus colonias a finales del Siglo I a. C. asimiló inteligentemente toda la rica cultura griega. Todo el imperio se llenó pronto de griegos ilustres, pensadores, artistas y maestros, así como de brillantes médicos. La medicina siguió avanzando como si no hubiera pasado nada en la conquista y, aunque también en Roma estaban prohibidas las autopsias, se hicieron grandes avances a través de todo lo que tenía que ver con la cura y el tratamenito de los legionarios. La medicina romana estuvo muy relacionada con el cuidado a los guerreos, tanto los soldados como los gladiadores.

A partir de la conquista romana de Grecia (periodo largo que va desde la victoria romana de Corinto y destrucción de la ciudad en 146 a. C. a la refundación de la ciudad por Julio César en el 44 a. C. y la conquista de Egipto en el 30 a. C.), los conocimientos médicos griegos pasaron a Roma y continuaron su evolución.

En las historias de la medicina se citan médicos relevantes de esa época (muchos de ellos griegos trabajando en Roma) como Asclepíades de Bitinia (124 o 129 a. C. – 40 a. C.), Aulo Cornelio Celso (alrededor de 25 a. C. – 50 d. C.), Areteo de Capadocia (120 – 200 a. C.), Pedanio Dioscórides (40-90 d. C.) y Galeno de Pérgamo (Pérgamo, Grecia, 130 – † Roma, 200), llamado también Claudius Galenus, en latín, o simplemente Galeno, nombre este último con el que fue profusamente conocido en toda la Edad Media y con el que ha llegado hasta nuestros días.

El primero aportó una teoría contraria a la de Hipócrates apoyándose en los átomos de Demócrito y sugirió que las enfermedades eran producidas por pequeñísimos componentes que atraviesan los poros del cuerpo.

Celso fue sobre todo recopilador de conocimientos, médicos y de otros tipos.

Areteo formó parte de la llamada Escuela Pneumática la cual creía que la enfermedad era producida por el gas (pneuma) que entra en el cuerpo a través de las vías respiratorias.

Pedanio (griego también) formó parte de los médicos que acompañaban a las legiones romanas y que aprendieron mucho tanto a través de la cura de heridas de todo tipo como a través de la recogida de remedios y plantas medicinales de las diversas regiones por las que pasaban y que conquistaban. Su manual de farmacopea fue muy utilizado en Europa hasta el mismo Renacimiento.

El último de los citados, Galeno, cuyo nombre ha sido durante siglos sinónimo de médico, constituye una cumbre de la época que venimos cubriendo (últimos siglos del poder romano occidental y primeros del cristianismo), no tanto por sus avances o por sus teorías, que no fueron muy novedosas al seguir las interpretaciones de Hipócrates y caer en errores básicos, sino por su labor de síntesis y de recopilación de todos los conocimientos médicos existentes en su época, los cuales fueron utilizados hasta bastante después del comienzo de la Edad Moderna.

Para los objetivos perseguidos en este blog que tienen que ver con el surgimiento de la racionalidad científica y tecnológica actual y con el alcance de dicha racionalidad y su pervivencia en el futuro, la época revisada confirma las hipótesis mantenidas en este blog en los siguientes sentidos: a) la medicina fue ciencia antes que otras disciplinas científicas; b) lo fue porque el racionalismo se mezcló pronto con un empirismo incipiente; c) el motivo de esa combinación temprana de las dos formas de conocer que hoy consideramos complementarias (racionalismo y empirismo) se debió a la cercanía del cuerpo humano y a la necesidad urgente de actuar sobre él; d) se utilizaron también tempranamente utensilios y herramientas para quitar el dolor y curar; e) fue desde muy pronto una profesión alrededor de la que surgieron escuelas, conocimientos, enseñanza y aprendizaje; f) la búsqueda de la evidencia en los hechos observados resultó muy pronto algo necesario e importante.

En término simplemente relativos da la impresión de que la capacidad especulativa de la mente humana se puso al servicio del conocimiento de la realidad y de su aplicación práctica mucho antes en el terreno de la medicina que en el de otras ciencias, con particular referencia a las ciencias naturales.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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