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La racionalidad humana a partir de la Revolución Científica

Volvemos en este post al recorrido por la racionalidad humana que veníamos haciendo en este blog desde su comienzo y que habíamos detenido varios posts atrás para dar noticia de nuevos avances científicos y tecnológicos. Tomamos de nuevo las reflexiones en el punto en que las habíamos dejado: el final de la Revolución Científica (si esto se pudiera decir) con la notable obra de Isaac Newton. Nos adentramos ahora en la Ilustración europea, movimiento o proceso de cambio y avance intelectual, científico y cultural que tuvo lugar fundamentalmente en el siglo XVIII, siglo que por ese hecho, es llamado “Siglo de las Luces”. Veremos en este post y en los siguientes que la racionalidad del hombre mejora, que su inteligencia parece aumentar y que, sobre todo, su consciencia da la impresión que se hace más profunda y más comprensiva.

Los últimos ocho posts de este blog han estado dedicados a informar y explicar con brevedad algunos avances recientes en varias áreas de actividad científica y tecnológica y a resumir diversos artículos científicos publicados en un número reciente de la revista francesa La Recherche.

A eso se dedicará mayormente este blog en el futuro, pero, de momento, en línea con lo que veníamos haciendo con anterioridad y con lo que habíamos prometido que haríamos, volvemos ahora a las reflexiones sobre la evolución de la racionalidad humana, con énfasis en la racionalidad científica y tecnológica.

Nos habíamos quedado en esas reflexiones al final de la Revolución Científica (a veces denominada la Revolución Científica del siglo XVII) y al comienzo de la Ilustración. Hay de hecho desde la Alta Edad Media europea (el periodo que va desde la caída del Imperio Romano de Occidente hasta aproximadamente el año 1000) hasta la Revolución Francesa, una serie de, digamos, “movimientos” o “revoluciones”, decisivos para el advenimiento del mundo moderno posterior. Son los siguientes:

— El Renacimiento (siglos XIV a XVI),
— La Revolución Científica (normalmente situada en los siglos XVI y XVII, pero que
con más precisión habría que extenderla a por lo menos la mitad del XVIII),
— La Reforma Protestante (surgida a partir de los años 1517 a 1521, con los
enfrentamientos de Martín Lutero con el papa y la Iglesia Católica de Roma, y que
tomó definitivamente forma a partir de 1529 con la llamada “Protesta de Espira”,
presentada por los príncipes cristianos alemanes contra un decreto del Emperador
Carlos V en el que anulaba la libertad religiosa)
— La Ilustración (desde finales del siglo XVII hasta finales del XVIII).

Son movimientos de distinta naturaleza que se solapan, se interrelacionan y se nutren unos a otros, y a los que quizás habría que unir, para tener una visión completa de todo lo que va a contribuir a que aparezca una nueva etapa de evolución de la humanidad, a: 1) la caída ante los turcos del Imperio Romano de Oriente en 1453; 2) los grandes descubrimientos geográficos a partir de 1492; y 3) el aumento generalizado de la riqueza en el mundo y la aparición del capitalismo como orden económico y social.

Como grandes etapas de evolución histórica de lo que llamamos Occidente, han sido establecidas, como bien se sabe, las llamadas: Edad Antigua (una época muy extensa que va desde la aparición de la escritura en las civilizaciones mesopotámicas hasta el siglo V), Edad Media (siglos V al XV, desde la caída del Imperio Romano de Occidente en 476 hasta 1453 según unos ó 1492 según otros), Edad Moderna (desde 1453 hasta 1789) y Edad Contemporánea (desde la Revolución Francesa de 1789 a nuestros días)

Los movimientos descritos arriba, como se ve, forman parte todos de la Edad Moderna, de ahí la relevancia de esta época y su importancia para dar a luz al mundo contemporáneo en el que vivimos.

La mente humana se desarrolló vigorosamente en esa época y, cabe decir que los hombres se hicieron más inteligentes, más conscientes y más racionales, además de conocer y dominar mucho más de lo que ocurría previamente, el planeta y el universo en el que habitaban, y ser un poco más dueños de su propio destino. Lo cual, dicho sea de paso, no ha evitado la actuación posterior superirracional de muchos hombres, los procesos destructivos de hombres y países, las guerras y otras catástrofes debidas a los propios hombres, y las tendencias suicidas de grandes grupos sociales basadas en ideologías erróneas, identidades inventadas y patriotismos irracionales. Ni permitido que todos los hombres vivan con sus necesidades cubiertas, que desparezcan de nuestro mundo el hambre y las desigualdades extremas y que existan democracia y oportunidades para todos. Además, por último, de descubrir, como estamos descubriendo en nuestros días, que nuestro sistema de vida no es el adecuado para un planeta limitado en el que si no encontramos pronto el camino de la sostenibilidad, económica, social y medioambiental, estaremos todos en peligro de desaparecer.

Pero el hombre es verdad que se hizo más inteligente, más consciente y más libre a lo largo de la Edad Moderna, como consecuencia, o a través, de los grandes movimientos mencionados.

(Continúa en el post que sigue)

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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