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La temprana experimentación en medicina

Continuamos revisando la evolución de la medicina en la antigua Grecia. Lo hacemos muy resumidamente y basándonos en los manuales de historia de esta materia existentes, incluyendo los abundantes textos recogidos en Internet. Puesto que no somos ni historiadores ni médicos lo hacemos simplemente para confirmar o rechazar nuetra hipótesis sobre la evolución temprana de la medicina como ciencia. Se recoge en lo que sigue el momento en el que dicha joven ciencia, o casi ciencia, utiliza la experimentación y el empirismo para avanzar en conocimientos.

La medicina griega de la época clásica, como hemos dicho en el posts anteriores, ya era una especie de ciencia — o protociencia, al menos — y desde luego una profesión en el sentido que le damos a esa palabra en la actualidad. Había abandonado en gran manera la componente mágica y mítica de la medicina de épocas anteriores, pero todavía primaba en ella lo racional y lo deductivo. La teoría de los cuatro humores de Hipócrates (460 – 370 a. C.) es una muestra de ello. Es el racionalismo, es decir, la lógica creada por el pensamiento del hombre es la que sugiere esas explicaciones y todavía no se había formulado el empirismo y la experimentación que permitirá más adelante aceptarlas o rechazarlas.

Tras Hipócrates y sus seguidores habrá nuevas etapas de grandes avances en la medicina, pero en lo que se refiere a Grecia misma y más tarde a Roma, parece que la prohibición imperante en cuanto a la disección de cadáveres humanos influyó en el desconocimiento generalizado de la anatomía y fisiología del hombre. En ocasiones además se caía en importantes errores al extender al hombre lo que se había aprendido en la disección de animales.

Con Aristóteles (384 a 322 a.C.) estudiaron muchos médicos, es decir, estudiosos que se dedicarían a la medicina tras pasar por la Escuela Peripatética, pero es algo más tarde, en Alejandría, años después de su fundación (300 a. C.), cuando se avanza en el conocimiento del cuerpo humano. Parece que los Ptolomeos, la dinastía que gobernó Egipto tras la muerte de Alejandro Magno (356 – 323), permitieron la disección de cadáveres e, incluso, la vivisección de reos condenados a muerte.

No es extraño que miembros de la escuela alejandrina como Erasístrato de Ceos (304 – 250 a. C.) descubrieran el colédoco y adelantaran explicaciones sobre la bilis y el intestino delgado. Y que otros, como Herófilo de Calcedonia (335 – 280 a. C.), descubrieran las meninges, los plexos coroideos y otras partes del cerebro. Así como que surgiera una figura fundamental para las hipótesis que defendemos en este blog como Glauco de Tarentio que creó una primera escuela empirista que fue la precursora de la medicina basada en la evidencia (o Evidence-based medicine (EBM), en inglés) actual.

Auque el término “empirismo” procede directamente de la palabra latina “experiencia”, traducción de la griega del mismo significado, es probable que en aquellos tiempos no significara todavía lo que significa hoy pero anunciaba ya un componente fundamental de la ciencia moderna: el de la experimentación y la demostración de hipótesis.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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