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Las ondas electromagnéticas empleadas para relacionarnos con la materia orgánica y la inorgánica

Dedicamos este post y los dos siguientes a una tecnología relacionada con el cerebro con mucho futuro en mi opinión. Se trata de la Resonancia Magnética Nuclear (RMN), conocida desde no hace mucho tiempo pero cada vez más utilizada. Comenzamos con su versión más popular, la denominada, fMRI o “functional magnetic resonance imaging”, dicho en inglés. Seguimos con ello dando importancia al electromagnetismo y a las ondas electromagnéticas, que como hemos dicho, es la forma que tiene la materia de comuicarse con el mundo exterior a ella.

Hemos visto en los posts anteriores cómo las órdenes internas que recorren los nervios del cuerpo humano (y del de otros animales) son en realidad impulsos eléctricos, o lo que es lo mismo, ondas electromagnéticas. Nos hemos referido también al uso que el hombre ha hecho desde hace tiempo de dichos impulsos para cuestiones médicas y al que poco a poco va haciendo más recientemente para otro tipo de cuestiones. Hemos aventurado incluso que existe un amplio terreno para aplicaciones muy diversas de la interconexión entre el mundo orgánico y el físico externo al cuerpo del hombre que las ondas electromagnéticas permiten.

Dichas ondas tan frecuentes en nuestro mundo, tan usadas y tan poderosas, fueron en parte descubiertas y explicadas no hace excesivo tiempo por Michael Faraday (1791-1867); sus leyes formuladas totalmente por James Clerk Maxwell (1831- 1879); su realidad física demostrada por Heinrich Rudolf Hertz (1853 – 1889) quien en 1885 descubrió la forma de producirlas y detectarlas; y sus primeras aplicaciones llevadas a cabo por Guglielmo Marconi, (1874 – 1937), Alejandro Stepánovich Popov (1859 – 1906) y Nicola Tesla (1856 – 1943) en los últimos años del siglo XIX y primeros del XX. Desde entonces y en poco más de un siglo, lo que estos fenómenos han hecho por la Humanidad es inconmensurable.

En una época como la actual, en parte enfocada ya a la nueva revolución que la Convergencia NBIC marca, con su concentración en lo pequeño (Nano-métrico), en lo biológico profundo (ADN), en la mente y la consciencia (Cogno) y en la información como elemento de interconexión de todo (Info), parece lógico que prestemos atención a las ondas electromagnéticas como instrumento. En los próximos años nos vamos a introducir en el interior de la materia inorgánica, de la orgánica y de la gris, y para ello necesitaremos, entre otras cosas, aquello que nos interconecta con dichas materias.

Lo visto hasta ahora ha puesto énfasis en la detección y utilización de los impulsos eléctricos generados por las neuronas y por las células de los músculos humanos, es decir, en sacar fuera del cuerpo dichos impulsos para interpretar lo que dicen de la materia misma (orgánica en este caso) y de sus funciones. Corresponde ahora ver la información adicional que podemos conseguir con ondas electromagnéticas enviadas desde fuera del cuerpo hacia su interior. Es el amplio mundo de la Resonancia Magnética (RM).

Lo primero que está resultando muy familiar para muchos de los que tenemos relación con la ciencia y la tecnología y asistimos a congresos y conferencias es lo que se conoce como “Imagen por resonancia magnética funcional” (o fMRI, functional magnetic resonance imaging, en inglés). Muy pocos congresos científicos hay hoy, casi de cualquier tipo, en los que no aparezca alguien que explique lo que está haciendo en relación con el cerebro humano con esta tecnología. Hemos visto imágenes, a veces preciosas, del cerebro humano ejecutando todo tipo de tareas, desde movimientos de pies, manos, boca, ojos, etc…, hasta funciones auditivas, visuales y sensitivas de diverso tipo y, por supuesto, tareas más complicadas como el lenguaje, la memoria o la comprensión. Todo lo que el cerebro es capaz de hacer puede “mapearse” hoy con facilidad si se disponen de los quipos electrónicos adecuados; equipos que empiezan a estar por doquier. Ese hecho y el que la técnica no sea invasiva, ni aparentemente perjudicial, es posible que sea la causa de que todo el mundo muestre imágenes y mapas del cerebro en funcionamiento, sin que muchas veces sepamos qué objetivo se pretende con ello.

Los médicos, como es lógico, si utilizan la fMRI con propiedad, sobre todo en tareas relacionadas con posible cirugía cerebral, en la detección de tumores cerebrales y en la búsqueda de resultados de investigaciones muy variadas.

Gran parte del éxito de esta tecnología se basa en los ordenadores y el software avanzado utilizado que son capaces de construir imágenes, muy bellas como decimos, de determinados cambios en distintas partes del cerebro.

Pero hay que distinguir por lo menos tres dimensiones en esta tecnología: 1) el hecho de que las órdenes para ejecutar cualquier tarea física, sensitiva o mental son realizadas no por todo el cerebro sino por parte de el y generan cambios identificables como intercambios químicos, vasodilatación y fenómenos electromagnéticos; 2) la forma de detectar e identificar dichos cambios la cual es siempre la “Resonancia Magnética Nuclear (RMN)”; y 3) los ordenadores creadores de imágenes.

El cerebro es una masa informe, gelatinosa e inactiva a simple vista. En su interior hay, sin embargo, mucha actividad a veces mostrada en vídeos y películas en forma de grandes tormentas con incontables rayos y truenos (suponemos que los impulsos electromagnéticos de las neuronas). No sabemos si será exactamente así, pero es cierto que, como ocurre en todo el cuerpo humano, en el cerebro hay fenómenos de todo tipo, fisiológicos, químicos y electromagnéticos, entre otros. Las neuronas, las sinapsis y las redes de neuronas cambian y se mueven ejecutando las distintas funciones que tienen encomendadas, aunque dichos cambios y movimientos no sean perceptibles con la mera observación directa.

Para “verlos”, o saber de ellos, necesitamos instrumentos, es decir, tecnología. En este caso concreto la tecnología básica es, como decimos, la RMN.

Los ordenadores se encargan del resto, es decir, de crear imágenes y ponerlas a nuestra disposición.

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.
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