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Las primeras escuelas de ingeniería y la tecnología

A partir de la aparición de la ciencia moderna y de la racionalidad que hemos llamado científico-tecnológica, en el siglo XVIII, comienzan a surgir acontecimientos nuevos en nuestras sociedades, o para decirlo más precisamente, en las sociedades europeas de la época. Uno de ellos es la aparición de la nueva profesión de ingeniero y la creación de las escuelas necesarias para su formación. Y otro, la transformación de la técnica o metodología y habilidad para construir artefactos, en tecnología, algo así como una ciencia de la técnica. En este post se da cuenta de ese proceso.

(Continuación del post anterior)

Como bien se sabe, las primeras escuelas de ingeniería surgen a mediados del siglo XVIII en Alemania, Francia e Inglaterra, y a partir de ahí el hombre comienza actuar sobre el mundo físico en el que habita para explotarlo en su beneficio de forma muy destacada y a veces excesiva. Hoy nos preguntamos, de hecho, si hemos ido demasiado lejos en esa actividad y si nuestra racionalidad científico-tecnológica, de la que tan satisfechos nos sentimos, sigue teniendo sentido.

Pero no es esa última la cuestión que deseamos tratar aquí. Queremos más bien revisar el proceso de evolución de la técnica, o tecnología, desde sus tiempos más antiguos hasta la época de mediados del siglo XVIII en la que nos habíamos quedado y en la que, como hemos dicho, se produce la integración de la capacidad intelectual del hombre con la habilidad de sus manos y con su necesidad de actuar sobre su entorno para subsistir y mejorar su existencia.

El termino “Tecnología”, como se puede ver en múltiples lugares, ha surgido, como tantos otros utilizados modernamente, de la combinación de dos palabras del griego antiguo, “techné” (arte, técnica, oficio) y logos (tratado, conjunto de saberes). No es fácil determinar cuando fue usado por primera vez, ya que incluso en tiempos recientes, especialistas clásicos en temas de tecnología como Lewis Mumford (1885 -1990) y Jean Jacques Ellul, utilizaban más bien el término “técnica”. Ambos términos son sinónimos aunque el primero se ha hecho más general y es más común hoy.

Por tecnología debemos entender el conjunto de conocimientos relacionados con las artes industriales que posee una determinada, sociedad, país, colectividad o empresa. Definición que necesita indicar lo que se entiende por “artes industriales”. Es muy sencillo: los conocimientos relacionados con los oficios, procedimientos y técnicas artesanales o industriales, necesarios para fabricar objetos, aparatos y utensilios o modificar el entorno físico en el que el hombre vive.

La tecnología es más antigua que el pensamiento, si esta afirmación es posible, ya que cuando un hombre antiguo comenzó a golpear una piedra de sílex contra otra para hacer un utensilio afilado que le permitiera cazar, o cuando utilizó por primera vez el hueso de un animal para defenderse, o matar a su hermano, o cuando afiló el extremo de la rama de un árbol para hacer una lanza o una flecha, estaba, haciendo tecnología. Sobre todo si además enseñaba a otros hombres a hacer lo mismo.

La tecnología es conocimiento, “know how”, contenido y método para hacer algo físico útil para el hombre. Y digo que no sé si es correcto indicar que para los primeros utensilios no se necesitaba actividad intelectual porque desde luego fue necesaria alguna idea abstracta surgida en las neuronas y en las sinapsis del hombre antiguo. La necesidad de sobrevivir, de defenderse, de moverse creó alguna idea inconsciente que llevó a tal hombre a mover sus manos en la dirección correcta.

Esa capacidad natural, espontánea y casi inconsciente del hombre para hacer cosas con las manos surgida de la necesidad de enfrentarse a su entorno, ha caracterizado a los humanos mucho antes de que con los griegos surgiera lo que llamamos pensamiento abstracto y capacidad intelectual. El mismo Marx dijo que el hombre era un “animal fabricante de utensilios”.

(Continúa en el post siguiente)

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Doctor Ingeniero del ICAI y Catedrático de Economía Aplicada, Adolfo Castilla es también Licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, Licenciado en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, MBA por Wharton School, Master en Ingeniería de Sistemas e Investigación Operativa por Moore School (Universidad de Pennsylvania). En la actualidad es asimismo Presidente de AESPLAN, Presidente del Capítulo Español de la World Future Society, Miembro del Alto Consejo Consultivo del Instituto de la Ingeniería de España, Profesor de Dirección Estratégica de la Empresa en CEPADE y en la Universidad Antonio de Nebrija.

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